Un tarijeño fue el primer boliviano en lanzarse en paracaídas en 1930

«Tengo toda la seguridad de que el paracaídas no se abrirá, pero ante todo y sobre todo quiero que de una vez por todas se pruebe en Bolivia si nuestros aviadores pueden contar o no con este medio de salvación en caso de accidentes». Esas fueron las palabras que, en mayo de 1930, el tarijeño Felipe Guzmán ofreció a los periodistas antes de subirse a un avión Viker-Vespa desde el que se iba a lanzar en paracaídas para convertirse el primer boliviano en la historia en lograr esta hazaña.

La empresa, tal y como recoge Eduardo Trigo O’Connor D’Arlach en su libro Crónicas de Tarija, no fue sencilla, el propio director de la Escuela de Aviación Militar de La Paz, el Teniente Coronel Bernardino Bilbao Rioja, expresó públicamente que declinaba cualquier responsabilidad de cualquier accidente que pudiera ocurrir.

El mismo Felipe Guzmán firmó un documento que leyó el Teniente Coronel antes de que el tarijeño subiera al avión.

«El avión inició el ascenso en medio de entusiastas aclamaciones de la numerosa concurrencia que se encontraba junto a los hangares. Las nubes estaban bajas, el avión entre ellas hasta alcanzar la altura que había sido prevista», relata Trigo en su crónica.

Tras una angustiosa espera de 35 minutos, se divisó la aeronave en la que volaba el intrépido tarijeño, que hizo círculos, tal y como se había acordado, para avisar que Guzmán había saltado. El tarijeño cayó a un kilómetro y medio de la pista, envolvió el paracaídas y se dirigió a pie por el camino que conduce a Achacahi.

«Cuando el coronel me hizo la señal para que bajara de la bobina, miré hacia abajo y todo era negro. Me deslicé por la escalerilla momento en el que se me enredó una de las piolas del paracaídas; como el viento que producía la hélice era fuerte me lancé y haciendo un esfuerzo con mi mano logré deshacerme de dicha piola; luego abrí el paracaídas y descendí en perfectas condiciones, caí de espaldas en la tierra sin sufrir daño alguno», dijo Guzmán ante la multitud.

Posteriormente el Teniente Coronel Bilbao Rioja, que había pilotado el avión en el que se lanzó el tarijeño, explicó que al encontrarse a 2.800 metros de altitud, dio la señal y vio como con gran serenidad Guzmán se deslizó por la escalera y luego saltó al espacio.

«Noté que abrió el paracaídas. Seguí los movimientos hasta que percibí que había llegado a tierra. Botó el paracaídas y me hizo señas de que todo se había cumplido bien», expresó Bilbao Rioja.

Felipe Guzmán, el primer boliviano que se lanzó en paracaídas, fue premiado por el Gobierno de aquel entonces que le dio facilidades para que visitará Tarija y otras capitales de los departamentos bolivianos para que fuera aclamado por la población por su tamaña empresa.

Esta hazaña forma parte de las 44 crónicas de historia de Tarija, que el tarijeño Eduardo Trigo O’Connor D’Arlach  recogió en  2015 en el libro Crónicas de Tarija, una obra que rescata pasajes relevantes de la historia tarijeña, algunos desconocidos por la gran mayoría del público y otros más conocidos, con pulcritud y con un trabajo metódico como «un homenaje a las personas que conservaron estas memorias y se las trasmitieron para que contribuye a mantener vivos en la conciencia colectiva de los tarijeños sucesos que no merecen ser relegados a la sombra del olvido».

**Eduardo Trigo O’Connor d’Arlach es un abogado diplomático y periodista tarijeño, miembro de las Academias Boliviana y Argentina de la Historia, de la Sociedad Boliviana de la Historia y miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia de España. Ha sido condecorado por varios países de América y Europa. 

**La imagen que ilustra esta nota es de  Roberto Giormenti uno de los primeros argentinos en lanzarse en paracaídas. 

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