ELEGIR A UN PARTIDO Y NO A UN CANDIDATO

Países dinámicos en el discurrir de su política interna y de turbulenta historia como el nuestro, deberían contemplar y racionalizar que las propias normas de la constitución se regulan así mismas y revisarlas periódicamente, fundamentalmente porque el propio pueblo así lo exige con sus necesidades, manifestaciones, asertos en sus sugerencias y oposiciones. Vivimos, ahora, en Bolivia, una apasionada controversia jurídica sobre la legitimidad de la presunta postulación del actual presidente y la negativa de la oposición que considera esa presunción ilegitima, surgiendo los recursos establecidos para plantear la acción de inconstitucionalidad abstracta o concreta.

Hasta la fecha actual los partidarios de la continuidad del mandatario actual por medio del voto, han presentado su posición fundamentada jurídicamente ante el órgano pertinente y supremo de justicia que debe dirimir estas interpretaciones, empero, por parte de la oposición no se evidencia una refutación argumentada   que destrone jurídicamente la posición contraria del principal partido político de Bolivia.

Por lo contrario, la oposición, que supuestamente, para impedir este propósito debería aspirar a una victoria jurídica, se inclina más por la reclamación ante organismos internacionales, sin que todavía haya encontrado la verdad jurídica en la profundidad de un proceso intelectivo, que se puede interpretar como un desprecio o subestimación a la facultad del órgano supremo competente. Lo que se percibe en este dilema es que el pueblo no es considerado como sujeto principal, pues desde el momento que existe disenso, solo es el pueblo quien debe decidir sujetándose a los argumentos jurídicos que emanen del órgano supremo que le convenzan, ya que convencer es doblegar la voluntad por la razón.

¿Por qué se debería revisar periódicamente la Constitución?, precisamente por la dinámica y las necesidades de las mayorías que conforman el pueblo, y de estar contemplado este mecanismo, hoy no existiría este problema que enardece la oposición, si nuestra Constitución dispusiese que la Ley Electoral del ámbito del Tribunal Supremo Electoral, preceptúe que en cada elección presidencial se elija a un partido y no a una persona o candidato y el partido vencedor en su deliberación interna decida quien gobernara.

Lo precitado, es cierto, es un reflejo de las constituciones europeas, por ejemplo la alemana que acaba de sostener elecciones donde eligieron a un partido no a un candidato y el partido eligió a una candidata que ya gobierna 12 años ininterrumpidos. Todo lo bueno que se pueda imitar es sabio, máxime si las enmiendas a la constitución son una prevención o mejor, una eliminación de futuros problemas y desavenencias políticas. Es razonable, en función al respeto a las libertades individuales que consagran el derecho de todo individuo, en la interna de su partido, postularse las veces que desee si lo eligen, ya que no se debe descartar la posibilidad que se trate de un buen gobernante, con experiencia adquirida y que disfruta del beneplácito de la mayoría de la población.

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

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