EL LEGADO DEL CHE EN LA IZQUIERDA

Si el Ché viviera no habría terminado en la izquierda, estoy seguro que habría escapado de ella a posiciones más humanistas e intelectuales que no tiene ni por asomo la llamada izquierda en Bolivia. En realidad el desafío del Ché fue el cambio profundo del ser humano en lo ético, en lo moral. Escribió sobre el Hombre Nuevo, aquel hombre graduado de hombre dispuesto a los sacrificios humanos más extremos y profundos, para cambiar las realidades injustas del mundo. Con sus errores militares y políticos, terminó precisamente entregando su vida teniendo la posibilidad de disfrutar del poder, de la lujuria y la corrupción como muchos de los militantes actuales de la izquierda, discurseando contra el imperialismo desde sus farras y fiestas burguesas, u oficinas burocráticas donde se mal trata desde siempre al pueblo. La izquierda actual no cuenta con intelectuales y pensadores, sino con pordioseros militantes, oportunistas del poder oligárquico en los cuáles es más importante los negocios que la ideología. La izquierda actual no tiene gente éticamente calificada y con la talla moral suficiente, para conducir procesos complejos y diversos como en Bolivia. Son todo lo contrario, borrachines, débiles en lo ético, mujeriegos machistas, sindicateros que a fuerza de violencia y falta de formación educativa, han reemplazado por política popular absolutamente insostenible asuntos de gestión y ejemplo de gobierno.

La izquierda actual necesita del imperialismo de manera enfermiza. Sin ella no tienen sentido, sus discursos tienen que ser desahogos contra ese supuesto enemigo poderoso, porque en el fondo tienen que mostrarse combativos desde sus posiciones cómodas, desde sus inútiles nostalgias de eventos ocurridos en Rusia o Cuba. Pero carecen totalmente de lecturas de nuestra propia realidad, no la necesitan por sus biblias rojas de otras realidades. Repetir y rezar esos textos superados por la historia, les da posibilidad de ese desahogo existencial alejados de la realidad. Esta izquierda transplantada de otras realidades, no hizo el esfuerzo de saltar de la ortodoxia a la heterodoxia, es decir de utilizar los instrumentos de análisis suyos para leer otra realidad como la nuestra. Prefirió copiar al pie de la letra la revolución rusa, u otras revoluciones externas. Esa ceguera les llevó a todos los fracasos, con sangre incluida. Por eso la izquierda es tan racista y pigmentocrática como la derecha. No existe ninguna diferencia en sus actitudes frente al mundo aymara, quechua y guaraní.

La izquierda en Bolivia es sólo nostalgia de los más viejos que no fueron capaces de regenerar sus ideas en las nuevas generaciones. Y las nuevas generaciones apenas son unos entusiastas fiesteros, que consideran la izquierda el poder de moda y joda sin ni siquiera transforman sus propias vidas o al menos a los mendigos que abundan en nuestras calles. La ausencia total de pensadores e intelectuales de talla, les afecta dejando una estela de militancia mediocre, repetitiva de eventos extraños como ajenos a nuestras realidades, pues militancia de una simple moda política e ideológica.

Cierto que intentaron con alguna actitud en algunos momentos de las dictaduras. Partidos políticos importantes, con financiamientos externos, formaron cuadros sindicales con los mineros que fueron una escuela importante para siempre. Hoy se nota esa ausencia en aquellos sindicatos, los actuales dirigentes apenas pueden hablar y articular ideas. Los Filemón Escobar ya son historia. Pero esa izquierda también era señorial y racista. No superaron sus propios fantasmas, sus nociones de clase se impusieron al final en un país mayoritariamente de origen indígena, mayoritariamente popular y con lógicas económicas de sobrevivencia anti estatal. En esos intentos gloriosos aparecieron fugazmente personajes como Marcelo Quiroga Santa Cruz, Zavaleta o Almaraz. Prestigiosos intelectuales que leyeron nuestra realidad desde ópticas distintas, incluso escapando a las presiones de las teorías de izquierda. Fueron los únicos, como estrellas de paso en el universo. No tienen descendientes de esa estirpe. Con ellos se fueron todas las posibles ideas de izquierda nuevas, con renovación y creativas.

Marcelo Quiroga Santa Cruz fue una excepción crucial, en sentido ético y moral. Por eso está muerto. Sus militantes nunca entendieron quién era, pues los resultados son más que elocuentes y crueles.

El océano de la izquierda deja mucho que desear. En la línea del Ché, no existen personajes a la altura de sus reflexiones éticas y morales. En realidad la izquierda enterró para siempre ese lado del combatiente ético, entregado a las causas más profundas de la vida. Definitivamente no tienen pensadores e intelectuales de peso. Lo cual dice mucho de lo que realmente son; pero las paradojas en Bolivia son inmensas y muchas. Aun así se puede existir, con personajes más bien todo lo contrario: masas de inoperantes y violentos, cobijados por el poder y la lógica del Estado patrimonialista colonial.

Pues sí, la izquierda ni siquiera pudo teorizar sobre el mundo indígena andino amazónico, sobre el Vivir Bien, sobre los enormes cambios a propósito del cambio climático, sobre el tema de género. Temas que estuvieron en boga en estos años, y la izquierda demostró con esfuerzo que no tiene un aparato de pensadores y teóricos; pero sí de matones y operadores en los medios de comunicación para el dominio totalitario y anti educativo de la sociedad. Todo lo contrario a lo que el Ché habría creído y pensado.

Las paradojas son el remedio a las tragedias humanas, a ese escenario misterioso que depende de vez en cuando de la suerte. Le homenajearán al Ché quiénes ni siquiera conocen de sus enseñanzas, de su legado ético y moral. Le homenajearán los pragmáticos, los pendejos del poder, porque los idealistas están muertos, los soñadores que perjudican están eliminados. Y el Ché está traicionado y muerto.

por: Max Murillo Mendoza

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