La intervención policial no logra impedir la participación en las urnas en Catalunya

El Gobierno central había prometido que no habría votaciones en Cataluña en el referéndum de independencia convocado por la Generalitat. Al final, y en condiciones técnicas excepcionales y no homologables a las situaciones habituales en una jornada electoral normal, la red de colegios estuvo abierta en su mayoría y miles de catalanes pudieron depositar sus papeletas.

Al final, las mayores dificultades fueron técnicas. La Generalitat se vio obligada a aprobar un censo electrónico único con el que cada elector podía elegir el centro en el que votar, algo que no estaba contemplado en la ley del referéndum aprobada por el Parlament. La comprobación se terminó haciendo a través de una aplicación que se caía con frecuencia.

Las urnas aparecieron de madrugada antes de la apertura de los colegios en uno de los grandes éxitos de la Generalitat. La Policía, la Guardia Civil y el CNI no pudieron dejar a la organización sin esos elementos fundamentales para cualquier votación. Los mossos tomaron nota de la existencia de personas en el interior de los colegios a partir de las seis de la mañana, la hora en que el TSJC había ordenado que quedaran desalojados. La policía catalana tomó la decisión de no sacarlos por la fuerza y se limitó a levantar acta de los hechos.

Fue en ese momento cuando el Ministerio de Interior ordenó el despliegue de los miles de policías y guardias civiles para impedir por la fuerza las votaciones. Esa entrada de agentes se produjo en varios colegios de las tres provincias, en varios casos sobrepasando a las personas concentradas para permitir las votaciones.

El Instituto Jaume Balmes fue uno de los primeros lugares que recibió la visita policial en pleno centro de Barcelona. Según testigos presenciales, a las 8.35 de la mañana decenas de antidisturbios de la Policía Nacional llegaron al centro y rodearon a las personas que esperaban la apertura del instituto a las nueve de la mañana.

A partir de ahí, se vivieron varios momentos de tensión cuando los antidisturbios empezaron a sacar una a una a la gente que permanecía en el suelo frente a la puerta del centro. Testigos denunciaron que los agentes habían golpeado a los concentrados.

Algunos de los incidentes más graves se produjeron en el instituto Pau Claris de Barcelona, donde los policías sacaron a patadas y empujones de la escalera de acceso al centro a las personas que estaban en el suelo.

Otro de los colegios intervenidos fue el que correspondía por censo al president de la Generalitat, Carles Puigdemont. Decenas de agentes de la Guardia Civil entraron en el colegio de Sant Julià de Ramis (Girona), rompiendo cristales y desalojaron de las inmediaciones del recinto a las decenas de personas que estaban concentradas en la puerta.

Eso no impidió votar a Puigdemont, que votó en la localidad de Cornellà del Terri, en Girona. El sistema de censo único permitió que Puigdemont pudiera votar en una localidad diferente a la que le tocaría por distrito censal.

A las 9.30, los agentes de la Policía Nacional irrumpieron en el colegio Ramon Llull de Barcelona para requisar urnas, situado a pocas manzanas del instituto Jaume Balmes que había sido uno de los primeros en ser intervenidos.

Tras el desalojo de la escuela Ramon Llull, los antidisturbios actuaron una calle más abajo, en el cruce entre la calle Diputación y Sardenya. Varios de los manifestantes mostraron pelotas de goma. Entre ellos, el diputado de la CUP Albert Botran.

También se registraron cargas en otros puntos como Sant Julià de Ramis o en Sant Carles de la Ràpita, en Girona. Según los servicios de emergencias, se han producido 38 heridos./Eldiario.es

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