¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

Muchas veces nos preguntamos ¿Dónde está Dios? Sobre todo cuando sufrimos por la pérdida de un ser querido, o por una enfermedad, por tantas injusticias y maldades; más aún los que muchas veces nos preguntan son los incrédulos y su pregunta suena un poco irónica: ¿Dónde está tu Dios?

Dios abarca todo el universo, está al lado de cada ser humano, camina en medio de nosotros.

Dios está en el corazón de los hombres.

Dios está allí, en el rincón más secreto de tu vida, donde no llega nadie, donde una voz que no sabes de donde viene ni a donde va, te dice lo que no querrías escuchar, te recuerda lo que hubieses deseado olvidar, te profetiza lo que nunca desearías saber.

Dios es esa voz que no oyes pero que te grita, que no es tuya pero que nace dentro de ti y que no consigue amordazar ni el sueño, ni el ruido, ni la bebida, ni la carne, ni la alegría, ni la tristeza.

Está en ese abismo profundo de tu incredulidad.

Su presencia es esa felicidad que sientes cuando te miras en los ojos de los que amas; en la ternura que sientes al contemplar la alegría de tus hijos.

Está en las notas de esa música que hace vibrar tu corazón.

Está en esa paz que buscas, cuando la tormenta del dolor y de la incomprensión te azota.

Está en la felicidad que experimentas ante logros obtenidos.

Está en el gozo del bien que has hecho sin que se enterase nadie.

Está en la paz de tus lágrimas, cuando las derramas por compasión.

Dios está en todo lo que es bello, en todo gesto de amor, en todo deseo de perdón, en todo abrazo de amistad.

También Dios está detrás de todo dolor, de todo martirio, de toda agonía, de toda injusticia, de toda miseria, en ese deseo secreto, agudo, misterioso, purificador, de encontrar la paz.

Dios está en esa fuerza misteriosa que nos mantiene con esperanza, en cada sufrimiento que tenemos que enfrentar.

Está en el corazón de toda esperanza verdadera, y la esperanza puede esconderse a veces como las estrellas, pero nunca apagarse.

Dios está flotando siempre en el mar agitado de nuestra vida, nunca completamente realizada, nunca plenamente satisfecha, nunca completamente limpia, como un lejano pero seguro salvavidas.

Está allí donde respira un ser humano, blanco o negro, inocente o malvado, sano o enfermo, rico o pobre, libre o encarcelado.

Está en la infancia, en la inocencia de los niños, en la alegría y la fuerza de la juventud, en la madurez de todo hombre, en el atardecer de tu vida, en el ocaso sereno del anciano, en el recuerdo de sus horas vividas y en ese apego tan fuerte a la vida.

Dios está donde la libertad se entrega solo voluntariamente, cuando llegamos a amar a alguien más que a nosotros mismos.

Dios está en lo que tú llamas destino.

Dios estará siempre ahí, donde exista el amor.

por: Nayú Alé de Leyton

 

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