Opositoras ven ‘fascismo clásico’ del Vice y que respira por la herida

Dos asambleístas opositoras rebatieron este jueves lo que calificaron “teorías políticas” del vicepresidente Álvaro García Linera entorno al conflicto de Achacachi y aseguraron que la lógica de dividir entre “amigo/enemigo” a los sectores en conflicto, cae en el fascismo clásico que apunta a “eliminar y descalificar” a los adversarios, “respirando por la herida”, frente al paulatino decaimiento del MAS.

La diputada Jimena Costa dijo que si el nazifascismo alemán eliminaba físicamente al enemigo, en Bolivia se elimina civilmente al adversario, aunque aseveró que a estas alturas, cuando el país se entera que no tenía título de matemático, quién va a creer que los libros que le publica la Vicepresidencia, los escribe él. “Deben ser algunos jóvenes que trabajan o le graban algún criterio”, indicó.

Para ella, García Linera “ya no tiene barniz de intelectual por sus afirmaciones descabelladas. Esta división del caso de Achacachi, es para analizar con los estudiantes. El Vicepresidente que antes se las daba de intelectual, cada vez queda peor; mejor que reflexione”.

En relación a la definición de Morales como presidente aymara, señaló que nunca tuvo una adscripción étnico-cultural, sino era un líder cocalero sindical.

Dijo que antes de asumir el mando, decidió darse identidad de indígena que la perdió por la represión a Chaparina, el abandono Pachamamista con el Tipnis y a las reas protegidas. “Ha perdido sus banderas indígenas y lo que le queda, es la identidad cocalera”, declaró la legisladora.

Por su lado, la diputada Lourdes Millares manifestó que más allá de las teorías políticas del Vicepresidente, lo cierto es que el conflicto planteado por Achacachi ha demostrado que el proceso de cambio está en franco decaimiento.

Manifestó que el García subestimó la capacidad de interpelación de su excompañero guerrillero, Felipe Quispe, y ahora “respira por la herida” porque su exaliado interpeló al presidente Morales.

La diputada sostuvo que Morales nunca fue un indígena, sino un político que vivió de la democracia neoliberal y un sindicalista que “se disfrazó de representante de los pueblos indígenas, en una impostura que le duró poco, porque ahora solo defiende a los sectores cocaleros”. (Erbol)

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