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jueves, 18 / agosto / 2022

Darío Calabi, el arte tarijeño plasmado en el ballet del teatro San Martín de Buenos Aires

Darío Calabi Ibañez es un tarijeño de 25 años que desde hace 7 años vive en Buenos Aires. Actualmente es bailarín del ballet contemporáneo del teatro San Martín. En Tarija, descubrió su amor por la danza cuando practicaba danza folclórica en el ballet Libertad.

“El ballet es mi segunda familia, el maestro Javier Michel fue el primero en transmitirnos sus conocimientos en danza clásica y él me avisó de una beca para estudiar en Argentina, mi madre es mi más grande pilar y la que dio el último empujón para continuar con mi sueño fuera del país”.

Fue así como obtuvo la beca en IUPA (Instituto Universitario Patagónico de las Artes) que consistía en un alojamiento en una villa universitaria, en un departamento para  4 estudiantes, durante todo el tiempo de estudio.

Lo que más disfruta de la capital Argentina son sus parques como los bosques de Palermo, Plaza Francia, Parque Centenario y la avenida Corrientes que está llena de teatros. Admite que de momento no es en sus planes volver pero que le gustaría mucho poder transmitir todo lo ha aprendido y más que nada apoyar a la gente que se quiere dedicar a este arte.

Quiero devolver todo lo que mi querida ciudad y gente me ha dado, quiero exprimir la mayor experiencia y de ahí podría volver pero antes aún tengo la intención de viajar y seguir aprendiendo de cada lugar, sus costumbres y maneras de ver la danza y el resto de las artes, viajar es una experiencia enriquecedora”.

Darío asegura que lejos de Tarija, ya no hay chapacos o cambas, todos son bolivianos y él lo dice con orgullo. “Bolivia es un país con una infinidad de cultura y tradición la gente queda maravillada por la diversidad que tiene, no hay que olvidarnos que todos somos parte de una nación”.

En Buenos Aires, encontró algo que en su ciudad natal no podía tener, un trabajo remunerado en la danza. “Puedo vivir de lo que hago,  con contratos anuales o por temporadas y algunos casos estables, con obra social, aguinaldos, etc. La gente tiene oportunidades de dedicarse al arte como profesión”.

Lo que más le llama la atención de la ciudad donde radica es la gama de posibilidades en cuanto a actividades, dijo que la gente es acelerada como si llegara tarde a todos lados. “No por nada le llaman la ciudad de la furia”.

Incluso cuenta que al principio no le emocionaba mucho vivir en la Argentina, pero que poco a poco se fue adaptando, incluso para utilizar el transporte público. “Siempre, siempre hay un mate en cualquier salida o juntada, a cualquier hora por no decir a toda hora, recuerdo cuando recién llegue cuando me pasaban un mate yo decía gracias y luego me saltaban. Luego entendí que no había que agradecer  si querías seguir mateando”, bromea.

Cuando explica a sus amigos de dónde es, él les dice que es del sur de Bolivia. “¿Ves esa puntita que entra en tu mapa?, esa puntita que entra en tu mapa es Tarija,  es una parte, mi sur es tu norte” , también les cuenta que es un lindo valle donde podrán encontrar gente tranquila y cálida.

De su ciudad natal extraña los mercados y ver las estrellas desde su casa por las noches, hecha mucho de menos a su familia y amigos y a su ballet Libertad. En cuanto a la gastronomía le gustaría probar un saice, picante de pollo, pasteles de queso, anticuchos y hasta el karpil.

Cada diciembre retorna  a Tarija para pasar su cumpleaños. “El condimento de allá es lo mejor, y la sazón de la comida de mi abuela ni qué decir. Aquí son más básicos en la comida, cuando vuelva tengo que reacostumbrar  mi cuerpo a la comida, es un cambio importante”.

Darío reside solo en Buenos Aires, vivió junto a su tía Claudia Ibáñez durante dos años pero ella ya retornó a Tarija por lo que le ha tocado independizarse e ir afrontando el día a día de una manera mucho más personal. Asegura que a la fecha, su amor es su carrera y que tiene los ojos puestos en ello.

“He aprendido a valorar mi familia, he aprendido a cocinar, he aprendido códigos para una buena convivencia, aquí he tenido una dieta a base de arroz, fideo, polenta o arroz (risas). Hay que valorar lo que se tiene y sentirse afortunado. Gracias a la danza pude ahorrar y pagarme un viaje a Cuba, también estuve dos meses en España y pude reencontrarme ahí con mi madre María Angélica Ibáñez”.

Comenta que existe una comunidad boliviana llamada “mi chura Tarija”, dirigida por ex bailarines del ballet libertad, ellos son Pablo Aguilar y Verónica Villalba, quienes todos los meses hacen una misa a la virgen de Chaguaya.

Además del ballet, Darío emplea su tiempo libre en tocar guitarra y armónica además de armar rompecabezas. Como anécdota recuerda que cuando sale de fiesta siempre lleva el tradicional “salud” de Tarija antes de tomar algún trago. “Me gusta explicar cómo funciona y hago que los demás también practiquen el salud como parte de la tradición”.

Finalmente deja un mensaje a quienes buscan emprender una aventura en el exterior. “Es mejor vivir sabiendo que vas por la vida intentando cosas, si uno quiere no hay peros. Las cosas se van acomodando, hay gente con mucho potencial en Tarija, intenten, sorpréndanse, equivóquense en el camino hacia su sueño”.

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