La Iglesia lamenta indiferencia de los vecinos de la niña Eva

El monseñor Aurelio Pesoa, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz y secretario de la Conferencia Episcopal, expresó la tristeza de la Iglesia Católica por la falta de solidaridad de los vecinos de Eva Quino, que no se percataron de la situación de la niña de 12 años que murió el jueves vencida por el hambre, la pobreza y la epilepsia, ni la de su familia. 
“Este hecho no solo es lamentable. Hasta dónde perdemos el sentido de la humanidad, tanto que ni los vecinos se percataron de esta situación, ese sentimiento humano se va perdiendo y esa es una de las cosas que lamentamos», dijo Pesoa en contacto con EL DEBER Radio.
«El no percatarse del vecino, el no preocuparse por el otro es una de las cosas que nos entristece como Iglesia y sobre todo que la vida de esta niña haya terminado de esta manera», agregó el prelado.
Un viento helado recorría el cementerio Prados de Ventilla, en una mañana nublada y muy fría. La corte fúnebre se demoró casi hora y media. Pero cuando llegó Eva las nubes formaron una especie de aureola que rodeó el campo santo. Fue como si se abriera la puerta del cielo y el sol se dejó ver.
No más de 100 personas acompañaron a la pequeña. El ataúd recorrió el “patio de honor” hasta donde fue la misa.
Poco después ingresó Alan, el hermano de la fallecida. Le abrieron paso, lo ubicaron al centro. Un sorprendido empleado del cementerio preguntó si no había “otro doliente”. “No, solo vino él”, le respondieron.
La directora de Niñez, Género y Familia, del municipio de El Alto, Ana María Saavedra, explicó que sus hermanos de 13 y siete años; y hermanas de ocho y tres, están en un albergue.
“Se ha descartado enfermedades graves, tienen desnutrición ligera. Están tranquilos, quieren ver a su hermano y hoy (ayer) estará con ellos”, aseveró.
Los padres están internados en el Hospital de Clínicas. “Ellos tienen complicaciones más graves. Hasta el año pasado trabajaban, pero desde diciembre se sumergieron en una depresión tan terrible que ya no salían de su casa. Alan asumió el papel de proveedor, mientras que el niño de 13 años cuidaba a los pequeños”.
Él cocinaba sopa y arroz con los Bs 50 diarios que ganaba. “Eva era una niña de comportamiento normal hasta hace dos años, cuando perdió total consciencia, vivía postrada en cama, tenía escoriaciones. Por eso no se dieron cuenta de que estaba muerta, hasta dos días después”. Durante el oficio religioso, Alan no derramó una sola lágrima, tampoco le quitó la mirada al ataúd de su hermanita. Al terminar, cinco compañeros de colegio lo abrazaron. Ahí se quebrantó. “La Eva está en el cielo, con Dios, está mejor, hermano”, le decía uno de ellos  y lloraban juntos.
El Gobierno y la oficina de Gestión Social se comprometieron a construirle una casa a la familia y apoyar en la educación de los niños. En el ámbito político se multiplican las críticas al Gobierno por gastar en museos, palacios en vez de ocuparse del tema, y el oficialismo respondió que esto viene de atrás y se pregunta qué hicieron anteriores gobiernos para enfrentar la pobreza. (EFE)
 

spot_img

Artículos Relacionados

LAS MÁS LEIDAS