PÉRDIDA DEL LITORAL BOLIVIANO

Dice la historia tradicional, aquella que se repite desde la escuela hasta las universidades, que un día como hoy las tropas chilenas ocuparon los territorios del litoral boliviano. En número de 200 hombres bien armados llegaron hasta la plaza misma de Antofagasta, pues no había ningún hombre boliviano armado, y el prefecto Zapata junto a los pocos bolivianos que habían tuvieron que abandonar dicha localidad. Tal era el grado de desorganización de los burócratas bolivianos, nada raro hasta hoy, que ni siquiera tenían idea de cómo comunicar la tragedia a La Paz, entonces mandaron a un chasqui que tardó cinco días en llegar a La Paz. Tiempo suficiente para consumar lo que se vendría después.
Sabemos que por aquellos territorios existían mayoría de habitantes chilenos, prácticamente en inmensa mayoría, por lo que se explica también la facilidad de la ocupación chilena. Sin embargo, los libros de la repetición tradicional de historia oligárquica no reflexionan las razones profundas sobre la pérdida de nuestros territorios, porque por supuesto existen culpables y ellos siguen hasta hoy al mando del Estado, camuflados, disfrazados de políticos actuales, cuidando sus intereses económicos; y son los mismos que perdieron el litoral y todos nuestros territorios republicanos.
Las clases altas y oligarquías, descendientes de los grupos coloniales y directamente vinculados más bien a familias extranjeras desde siempre, es decir a intereses externos, nunca tuvieron sus estrategias y miradas hacia nuestros territorios. Siempre fuimos solo su hacienda, su parcela de enriquecimiento a cualquier costo. A estas clases altas jamás les interesó construir un Estado propio, nuestro y con representación genuina de las naciones milenarias. Los apellidos son elocuentes. Su llamado esperpento Estado, imitación burda y tosca de los Estados Europeos, solo fue un instrumento de robo, de asalto, de corrupción generalizada, de prácticas institucionalizadas anti indígenas, violento y absolutamente cruel con los habitantes de la Bolivia profunda. Por tanto, no es raro que en sus libros de historia no aparezcan las verdaderas razones de la pérdida de nuestros territorios.
Clases altas ignorantes y con poco apego a las ideas liberales, o a las ciencias, o las letras. Pues no podían construir al menos un Estado. Todavía peor estrategias de Estado y estrategias de Nación. Vivieron siempre en desorden y convulsión, guerras, ambiciones estúpidas, golpes de Estado, guerras internas contra nuestras propias poblaciones, masacres, asesinatos entre ellos mismos, etc. Con sus contadas excepciones en su diplomacia, en todo caso también inútiles frente a tanto barbarismo oligárquico, las clases altas y oligarquías bolivianas jamás ocuparon los territorios fronterizos de Bolivia. Hoy es suficiente ir a cualquier frontera, donde al otro lado del país las cosas son más ordenadas, habitadas y desarrolladas. Cuentos que se repiten desde tiempos inmemoriales.
Es importante entender este fenómeno de los comportamientos sociológicos de las clases altas bolivianas. No tienen raíces culturales con nuestras naciones, es decir no tienen identidad alguna con nuestros territorios. Pues qué podía interesarles de nuestros territorios lejanos. Y hoy nada les interesa de los mismos. E insisto en sus acciones de la burocracia estatal republicana: anti indígena, anti nacional, corroída por la podredumbre de su miseria y chatura política, sin proyecto de Estado y Nación. Por eso sólo tenemos el recuerdo de un tipo de Estado corrupto, sin identidad cultural y social, sin destino, sin trayecto de nación, sin líderes que respondan a nuestras realidades.
Familias oligárquicas que a lo largo de los siglos se han acomodado a los tiempos, su actitud camaleónica les permite cambiar de ideología y camiseta política sin ningún problema. Pueden ser troskistas, comunistas, nacionalistas y hoy masistas sin ningún remordimiento, porque sus intereses son lo primero, nunca el país, nunca nuestros territorios. Oligarquías que sí aprendieron a leer las cicatrices de nuestro país, pero para enriquecerse y saquear más que deben enviar a sus patrias allende los mares. Si esos son los que escriben la historia, es evidente que no dirán la verdad de los sucesos, los hechos y las interpretaciones de tantas pérdidas territoriales.
En definitiva, las últimas razones del descuartizamiento territorial de Bolivia están en esas clases altas, señoriales, oligárquicas de izquierda o derecha, que siempre han estado metidos como dueños del Estado. Son ellos los culpables de las derrotas, de las pérdidas territoriales, de las mentiras en las historias tradicionales y son los mismos que hoy fungen como payasos, para disimular patriotismos y poses de foto frente a estos recuerdos.
Pues bien, en todo caso seguirá el show de los recuerdos, de las amarguras y de nuestros traumas históricos. En medio de los culpables, sus descendientes, que por supuesto siguen mimetizados y camaleónicamente politizados, que son los primeros en lanzar sus lágrimas de cocodrilo para las fotos. La fuerza de la historia tradicional, escrita por las clases altas perdedoras de nuestros territorios, lamentablemente sigue teniendo fuerza. Por ahora no hay alternativas, o nuevas visiones de la historia, por ahora seguiremos como papagayos repitiendo lo de siempre respecto del litoral boliviano. Ni modo.
La Paz, 14 de febrero de 2017
por Max Murillo Mendoza

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