RAÚL PINO-ICHAZO TERRAZAS EL CARÁCTER ES ALEATORIO DEL HOGAR
domingo, 27 enero 2019 - 06:00 AM - La Voz de Tarija
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El hogar es, sin duda, la primera y  principal escuela de formación del carácter. Allí recibimos la buena o mala educación, por eso es aleatorio porque depende de la clase de hogar. En el hogar se penetra en los principios de conducta que permanecen latentes   y que se perderán solo con la vida; aunque es pertinente aclarar  que aquellos principios  actitudinales  pueden modificarse con la  introspección, que es según el extraordinario y único Sócrates: conocerse a sí mismo.

Muchos proverbios tratan de esclarecer  este  casi inextricable  tema humano y por ello citamos los siguientes:: “ las costumbres hacen al hombre”; o,” el hogar hace la hombre”. La educación de la familia comprende no solamente las costumbres  y el espíritu sino también el carácter, en este lugar tan importante como el hogar se abre  el corazón, las costumbres  se asientan, la inteligencia despierta  y el carácter se forja para el bien o  el mal.

Ejemplificando: mi abuelo Juan Capriles (excelso sonetista reconocido continentalmente) me legó la costumbre de escuchar y leer, pues todos los días me leía en su dormitorio, a tempranas horas, obras clásicas que las adaptaba a mi mente de 4/5 años para que pueda entenderlas. ¡Qué legado generoso¡ que se consolidó en costumbre de escribir y no existe palabra para expresar la gratitud por forjarme ese carácter.

Imperativo es asentir que la  ley misma  no es más que el reflejo de las familias; en nosotros, cuando niños, se abren los más significantes fragmentos de opinión sembrados en la vida privada  y más tarde en el mundo, llegan a constituir la importante opinión pública  debido a que los pueblos  se forman  de las costumbres  en las cuales nos criamos  y aquéllos pueden ejercer  un poder mayor aun que los hombres  y mujeres encargados  de la conducción de un gobierno.

Así, las virtudes, si no poseen su origen y su consolidación en las propias virtudes de la familia, consecuentemente privadas, son simplemente virtudes histriónicas; si no sentimos  ternura por nuestros  hijos, no podemos pretender  sentir un verdadero amor  por la humanidad.

Es la propia Naturaleza con su perfecto orden que nos exige que la vida en familia  sea una preparación a la vida  social y que el espíritu y el carácter sean formados allí.Los números  futuros de la sociedad comienzan  a ser labrados  uno por uno en el hogar; por ello  puede afirmarse  con seguridad que el hogar  es la escuela más influyente  de la civilización.

Lo precitado ostenta su fundamento porque la civilización no es más  que un asunto de la educación individual y la sociedad será más  o menos  civilizada según que las partes   que la componen, o sea nosotros, hayan  sido más o menos educadas durante la niñez y la juventud, asintiendo que la educación de cualquier  mujer u hombre, aun de los más sabios, no   dejó de ser influida  por el circulo moral de los primeros años.

Venimos al mundo incapaces de ayudarnos  a nosotros mismos y dependemos  absolutamente  de otros (padres o familiares) para alimentarnos y educarnos.

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

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