Editorial Frente a la barbarie y los lobbys, el ordenamiento en Tarija debe continuar
martes, 18 diciembre 2018 - 12:37 PM - La Voz de Tarija
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Uno de los objetivos que se fijó el alcalde Rodrigo Paz cuando asumió el cargo al frente del municipio de Tarija fue el de poner orden a una ciudad controlada por los lobbys sindicales que la han manejado históricamente a su antojo anteponiendo sus intereses sectoriales al bien común. La empresa, que comenzó con el reordenamiento de las ferias de navidad en el año 2015, no ha sido una tarea sencilla y no ha estado exenta de marchas, movilizaciones y otro tipo de presiones a las que estos sectores están acostumbrados a realizar cuando sus intereses se ven afectados.

Al traslado de la feria de Navidad de la zona de Villa Fátima al barrio Constructor, aunque este año se celebrará en el parque Temático, le siguieron otras acciones como el traslado de las ferias de Santa Anita al mismo campo ferial del barrio Constructor. Los comerciantes pusieron el grito en el cielo, pero, con el cambio, la ciudad ganó en orden, transitabilidad e imagen.

El sector del transporte, otro de los lobbys pesados en el departamento, también ha tenido sus más y sus menos con la Alcaldía. Un ejemplo, es la prohibición al transporte interprovincial de operar frente a la ex terminal de buses una vez que entró en funcionamiento la nueva terminal de buses en la zona de Torrecillas. Al margen de otros aspectos como las condiciones o no de operación en la nueva terminal para el transporte interprovincial, y de las movilizaciones de este sector, Tarija goza hoy de un mejor tráfico vehicular en esta zona de la ciudad.

El último episodio controvertido en materia de reordenamiento ha sido el traslado de camiones de carga y descarga del mercado Campesino, una de las zonas mas caóticas y desordenadas de la ciudad, al mercado Abasto del Sur. El cambio no ha sido entendido por un grupo de comerciantes que entienden que sus intereses y comodidades deben primar por encima del bien del resto de los ciudadanos tarijeños y derivó en el luctuoso hecho en el que un grupo de comerciantes disconformes con la medida acorraló, agredió y profirió insultos contra la primera autoridad del municipio, en un suceso bochornoso e indigno de una sociedad civilizada.

La agresión sufrida por el alcalde y otros funcionarios, quizás unos de los peores momentos más amargos de la gestión, debe servir para reafirmar ese compromiso emprendido por la reorganización de la ciudad frente al amedrentamiento irracional y bárbaro de algunos sectores. El reordenamiento es  un trabajo desagradecido, son políticas poco vistosas de cara a la ciudadanía frente a la inauguración de grandes obras de cemento, sin embargo, es sin duda una tarea imprescindible hacia la sostenibilidad de la ciudad y su desarrollo.

La vorágine opinatitiva de las redes sociales no puede alejarnos del fondo del debate y entrar en una lucha entre campesinos y citadinos, o caer en el racismo y la xenofobia de achacar la problemática del desorden a la migración del norte del país. No es una contienda entre comerciantes y ciudadanos, como tampoco lo es entre micreros y ciudadanos. El desafío es llegar a convivir en una ciudad más ordenada, civilizada a través de una estrategia política que no sea otra que la de buscar el bien común. Como ciudadanos debemos apoyar, sin ver el color político, todo trabajo que vaya en beneficio del conjunto de la población, aparcar las reticencias al cambio y condenar sin ambages cualquier hecho de intimidación o violencia, venga de donde venga.

 

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