MAX MURILLO MENDOZA LINCHAMIENTOS Y JUSTICIA COLONIAL
Lunes, 26 noviembre 2018 - 07:00 AM - La Voz de Tarija
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Bolivia duele y duele por donde se la vea. Las clases altas y medias, quiénes siempre se adueñan de los procesos sociales de avanzada, también le están jodiendo al proceso actual. Su frivolidad, su burocracia congénita, sus conocimientos limitados y superficiales de la realidad de este país, y sus discursos tradicionales de culpar de sus miserias internas al imperio, pues confirman una y otra vez que son las culpables de destruir todos los procesos abiertos con la sangre de los más humildes de este país. Dichas clases no tienen ideología ni compromisos políticos, sino sólo intereses de clase y casta. Ya empezaron a joder a este proceso en plena constituyente, cuando un actual ministro se opuso a la ley de Justicia Comunitaria con el absurdo de que no podía ser igual a la justicia tradicional. Entonces se inventó la frase deslinde jurisdiccional, y pues por tanto los privilegios de la justicia colonial se mantuvieron hasta hoy. Es decir, nada cambio.

En Bolivia nunca hubo justicia. Para acceder a ella hay que tener mucho dinero o contactos con las cúpulas y castas políticas. De lo contrario estamos condenados a sufrir desde tiempos inmemoriales, a lo que ya sabemos y es noticia cotidiana de la mierda y putrefacción que eso es. La impunidad tiene ese sello de clase y casta. Protegida desde altas esferas por esas clases revolucionarias de discurso y café; porque sus intereses también están bien protegidos.

La Justicia Comunitaria, absolutamente condenada y combatida por estas castas revolucionarias coloniales, nunca fue entendida ni estudiada como muchas cosas nuestras, que sólo merecen deducciones desde esos ojos enfermos de occidente. Y era la oportunidad de oro para que esta justicia nuestra sea parte integral de este proceso; pero otra vez el boicot de las castas y su poca comprensión y ciencia dejaron de lado lo que realmente era nuestro. Los linchamientos por supuesto que  no son justicia comunitaria; la ignorancia de estos sectores identifican de esa manera a la justicia de los pueblos indígenas, con la intención de condenarla y combatirla ideológicamente.

La Justicia Comunitaria aún se  mantiene en la clandestinidad, como nuestras costumbres, asumiendo tareas pequeñas y de equilibrio social, allá donde aún no ha llegado la enfermedad de los olores de occidente. Sobre todo ante la destrucción del Estado y su justicia destructiva y vengativa. Pero sobrevive porque es necesario ante la total ausencia de justicia. Desde la clandestinidad actúa donde puede, como siempre, ante el festín de la destrucción legalista colonial. La Justicia Comunitaria tiene en contra toda la maquinaria poderosa de las universidades, donde sólo se reproduce ese sistema legal colonial de la farra, joda, robo, asalto al Estado, y supuestas teorías sofisticadas de la legalidad. Además a todas las castas y clases medias que sólo ven sus intereses, que son claramente aquellos que les protege ese sistema legal corrupto y Estatal.

Los linchamientos en el país sólo son una pequeña parte de la desesperación de la población, ante la mierda del sistema que nadie toca, que nadie tiene el valor de parar y al menos organizar otra cosa distinta. Porque este “sistema legal” sigue siendo el mismo, vivito y coleando por los tiempos de los tiempos. No hay proceso de cambio que le cambie, sino todo lo contrario. Porque en las raíces de esa putrefacción están personas y mentalidades, que son las mismas desde la colonia, aún hoy aparezcan con siglas y colores distintos. Son los mismos doctorcitos charqueños que no dejarán así nomás la mamadera de los poderosos intereses, pues para ellos los compromisos y la ideología son circo romano, es decir para el pueblo.

Hoy, esas cobardes clases altas y medias dizque revolucionarias, no están otra vez a la altura de lo que se requiere: revoluciones y revueltas, es decir de reales cambios. Como siempre prefieren la comodidad de sus oficinas con fotos del Che y Fidel. Acostumbrados al confort de las charlas sobre revoluciones y cambios. Aunque sin costumbres liberales hacia el estudio o la investigación científica. Con su congénito racismo, que no les permite acercarse a los pueblos indígenas aún sea mediante investigaciones. A esas clases se refiero el Ché cuando les dijo traidores y cerdos. No se refería sólo a un partido político, el mensaje era total.

En las paradojas de Bolivia, que son muchas, las repeticiones de historias y hechos sociales, como las equivocaciones son constantes. Las mezquindades de mentalidades debiluchas, con justificaciones fantasiosas hacia enemigos externos, sólo para seguir ocultando sus propias miserias de clase y casta, se repiten en estos tiempos del siglo XXI. Y están destruyendo, como tantos procesos, este proceso social desde adentro. Pues no necesitan la intervención de enemigos externos, son ellos mismos. Los mismitos de otros procesos.

El sistema judicial, como el sistema educativo, o el de salud, etc. No han cambiado en nada, sino en los show mediáticos y de coyuntura típicamente clase mediero. El pueblo sigue abandonado a su suerte, cotidiana suerte de la coima, aceiteo, humillación y búsqueda de justicia, como era siempre. Y el silencio cómplice de los supuestos sujetos del proceso es la traición más enorme, que para nada es una novedad en un país rodeado de ratas con intereses mezquinos, del tamaño de un país que ingenuamente se equivoca y confía en los mismos rufianes, de discursos prometedores y rojos, que al final del camino tienen que ser fieles sólo a sus coloniales ancestros.

Nuestro desafío es fortalecer a la Justicia Comunitaria. Por ahora en la clandestinidad, desde hace siglos. Los patrones del norte se destruyen entre ellos mismos, quizás eso mismo suceda por estos lados. Los siglos de espera nos han dado la razón.

por: Max Murillo Mendoza

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