MAX MURILLO MENDOZA BOLSONARO, TRUMP, KAVANAUGH, OCCIDENTE
Martes, 9 octubre 2018 - 07:34 AM - La Voz de Tarija
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La profunda crisis del sistema capitalista occidental, tiene aristas terriblemente anti humanos retrocediendo en años y quizás siglos respecto de las conquistas sociales, que producto de las luchas sindicales lograron mejorar la calidad de vida de los sectores marginales. Además de lograr constitucionalizar todas esas conquistas, como las 8 horas de trabajo, beneficios sociales, vacaciones, vivienda, salud y educación para todos. Hoy dichas conquistas sociales, están siendo eliminadas por todo el mundo, pues el capitalismo salvaje se adueña de todos los niveles y mentalidades de la sociedad, siendo normal la sobre explotación y el desprecio por lo humano. A nombre de entregar la vida por las causas, en las sociedades de “cambios sociales”, se han conculcado los básicos derechos sociales como el derecho a organizarse, el derecho a las horas pagadas más allá de las 8 horas, como a los beneficios sociales en los despidos.

Pues en las sociedades capitalistas desarrolladas ya no existen los contratos a largo plazo, sino a corto y con condiciones realmente infrahumanas. La competencia de los nuevos esclavos por todo el mundo: profesionales, estudiantes y proletarios jóvenes, es salvaje. La frase  “el hombre es lobo del hombre”, es como nunca antes la descripción más real de lo que está sucediendo. Lo grave es que esos acontecimientos empiezan a ser normales, es decir aceptados y tolerados por las sociedades. Al grado sumo que los esclavos del siglo XXI empiezan a votar en las elecciones por todo el mundo, por personajes siniestros como Bolsonaro en Brasil o Trump en Estados Unidos, que son la referencia más mortífera del capitalismo salvaje.

La civilizada, culta y educada civilización occidental, muestra su lado más oscuro y cruel cuando derrocha cinismo y posicionamiento anti ético y moral, destruyendo las bases mismas de los acuerdos internacionales en favor de los derechos humanos. Bolsonaro, que probablemente sea elegido presidente en Brasil, dice a voz en cuello que el regreso a las dictaduras militares es la solución a los problemas actuales. Personajes misóginos, machistas, esclavistas, antimigrantes, militaristas, como imperiales son los preferidos por los mismos sectores explotados y marginados. Decepcionados por las experiencias y experimentos políticos anteriores, se inclinan a votar por las ideologías más recalcitrantes antihumanas. Las diferencias entre los países pobres y ricos son pocas. Al parecer por todo el mundo se ejecuta una restauración imperial y señorial, como la nueva hegemonía de los sectores más retrógrados y antihumanos del planeta.

En los Estados Unidos, que era la vanguardia de la ley y la ética en occidente, se elige personajes como Kavanaugh (violador y alcohólico) para la corte suprema, pareciéndose más a países bananeros que a potencias occidentales con siglos de experiencia en leyes. Así está el mundo, desestructurado y destruido en sus instituciones que devienen desde la reconstrucción, acabada la segunda guerra mundial. La soberbia, prepotencia, cinismo y brutalidad como política real, es la regla increíblemente aceptada por millones y millones de gringos. Lo peligroso de esos efectos son casi perceptibles: guerras, violencia generalizada, inestabilidad mundial y reino de la incertidumbre. Todo es posible para la ley del más fuerte, es decir del occidente militarista que hace gala de las tecnologías de la muerte más avanzadas. Gastando miles de millones de dólares en muerte y espanto, en nombre de las sagradas notas religiosas y seguridad de las fronteras occidentales. Que en realidad son los intereses de las oligarquías mundiales y financieras de occidente.

Los nuevos proletariados y esclavos del siglo XXI: estudiantes, profesionales y técnicos, son cómplices de las ideologías de la muerte, del capitalismo más salvaje posible que se adueña de los tejidos sociales por todo el mundo. Ya no existen las solidaridades de clase, las solidaridades de intereses de clase, los pactos entre explotados, sino el sálvense quién pueda porque las migajas que caen de la mesa del imperio tienen el efecto mortífero de la inconsciencia de clase, de la alienación y el oportunismo primitivo de sobrevivencia.

La restauración mundial está en pleno desarrollo. Hitler es poesía ante lo que se viene. Los Trump, los Bolsonaro o Kavanaugh empiezan a ser los personajes más preferidos de las masas, de los obreros y esclavos por todo el mundo. La política ya no es más posición ética y moral, porque la corrupción generalizada es la presentación más aceptada de las prácticas políticas, pues el neoliberalismo también es poesía ante los nuevos hechos. La restauración mundial barre con todos los sueños de cambio, que se construyeron en los años 70 y 80 del anterior siglo. Destruyendo también todas las conquistas sociales de siglos de luchas, de esfuerzos mundiales por reducir la sobre explotación humana.

La civilización occidental retrocede y reniega de sus propias conquistas. Salen sus garras primitivas y guerreras, destructivas, racistas y cavernarias. Occidente ya no es ejemplo de nada, ni siquiera para ellos mismos. Y los copiadores de occidente que tenemos por estos lados, siguen nomás a pie puntillas acríticamente esos pasos señoriales que no sirven para nada. En Bolivia perdemos la oportunidad de oro de profundizar lo nuestro, porque los seguidores de occidente siguen al mando del Estado republicano, sin ideas, sin nociones de lo que somos, sin pensadores de nuestras herencias, sin destruir al Estado patrimonialista patriarcal colonial. Esos periféricos e imitadores de la civilización occidental, que entregaron nuestros territorios, que prefirieron cuidar sus intereses mezquinos a construir un Estado y unas instituciones realmente bolivianas, siguen cometiendo los mismos errores internos e internacionales.

Pues bien, es hora de destruir por fin la historia tradicional que tanto daño hace a este país. La historia tradicional que sólo copia los modelos occidentales para unos territorios y culturas que nunca respondieron a esos modelos e importaciones. Porque occidente no cambia, su mentalidad de conquista y destrucción perdura. Ya no tiene sentido alguno imitar su destrucción y autodestrucción.

por: Max Murillo Mendoza

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