EDUARDO CLAURE LA DEGRADACIÓN DE LA TIERRA GENERA POBREZA RURAL, INSEGURIDAD ALIMENTARIA E INVIABILIZA EL DESARROLLO
Jueves, 4 octubre 2018 - 07:33 AM - La Voz de Tarija
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Los bolivianos siempre hemos tenido la impresión, posiblemente basada en la gran extensión del país que supera el millón de km2 y por su difícil accesibilidad y escasa infraestructura caminera, que las tierras del país eran ilimitadas y muy ricas. Sin embargo, la realidad nos muestra que el país posee tierras/suelos bastante frágiles y con menos aptitudes naturales para la producción intensiva que los que tienen la mayoría de los países vecinos. Efectivamente, los análisis de calidad y potencialidad productiva de nuestros suelos, tomando en cuenta sus características biofísicas y naturales, como humedad, pendiente, nutrientes de la capa arable, etc. determinan que algo más del 2% de los mismos tienen características naturales suficientes para soportar cultivos intensivos, sean anuales o perennes; además que su categoría de clasificación por nutrientes de su capa arable (turba), en el mejor de los casos es de 20, en una escala de 1 a 25. Los suelos europeos, parte de los norteamericanos y canadienses son de escala 1 a 7.

Ahora bien, los problemas de degradación  de la tierra que enfrentan los países en vías de desarrollo son de una magnitud y complejidad alarmantes. Estos son alimentados por el círculo vicioso del crecimiento demográfico y la pobreza persistente. En las áreas rurales, la destrucción de los recursos naturales no solamente afecta al medio ambiente, sino que al mismo tiempo pone en peligro la base de la cual depende el crecimiento económico y el desarrollo. Los efectos catastróficos de esta destrucción se pueden observar en la rápida erosión de los suelos, lo que ocasiona pérdidas permanentes en la productividad agropecuaria; en la desertización progresiva acompañada de hambre y sequía; en la mala utilización de substancias agroquímicas que envenenan a los agricultores y al medio ambiente; y en la deforestación que incide también en la perdida de la diversidad biológica.

La degradación de tierras es uno de los principales problemas del sector agropecuario, se expresa fundamentalmente en el proceso de desertificación que involucra otros como la erosión, la salinización del suelo, la pérdida de la cobertura vegetal y la pérdida de la fertilidad del suelo, cuya consecuencia es la pérdida de la capacidad productiva del suelo agrícola y  forestal, con la consiguiente destrucción de la base productiva del departamento y el país.  Anualmente más de 40.000 hectáreas de tierra se degradan en el país, afectando el 3 % de la producción agropecuaria y forestal, en cuanto que en el contexto global nacional el 47 % de las tierras sufre procesos de degradación, lo cual implica la disminución de la capacidad productiva de los suelos.Como efecto de este fenómeno el país dejó de percibir cerca de 200 millones de dólares  anuales desde el año 2000, lo cual representa cerca del 16 % de la producción total del sector y puede ocasionar que en un lapso no mayor a 15 años, se estará enfrentando una situación de “crisis aguda” que tendrá que ver con la inviabilidad del sector agropecuario en especial y hacia el conjunto de la sociedad boliviana, en general.  Bolivia es un país que tiene alta dependencia de sus recursos naturales renovables para su desarrollo económico y social. Más de la mitad de la población depende, para su reproducción, de actividades agropecuarias y forestales, 27% de las exportaciones provienen de este sector y participa con el 15% en la formación del PIB.

Para  el campesino parcelario, la degradación de las tierras, significa, la pérdida de recursos naturales renovables necesarios para su sobrevivencia, incidiendo decisivamente en su estado de pobreza, convirtiéndose en un círculo vicioso de degradación – pobreza – degradación. Asimismo la degradación de tierras, incide negativamente sobre los rendimientos y competitividad en el mercado externo, constituyendo una amenaza para la sustentabilidad de las exportaciones en el mediano y largo plazo. El productor basa su competitividad en la fertilidad natural de la tierra que una vez agotada, degrada nuevas tierras, creando un círculo vicioso de degradación – mercado – degradación. En consecuencia la degradación de las tierras es una de las principales amenazas para el desarrollo departamental y nacional, cuya consecuencia más importante, es la pérdida de su capacidad productiva; incrementando la pobreza rural y poniendo en riesgo la base productiva agropecuaria y forestal.

El proceso erosivo en Bolivia adquiere proporciones dramáticas para el país. Según información del Mapa Preliminar de Erosión (MDSMA 97), la superficie susceptible de erosión abarcaba  45.094.300 has., que  representaban el 41,05% del territorio nacional y las tierras afectadas por erosión fuerte a muy grave, abarcaban una superficie de 27.554.400 has., que representaban el 25,08% del territorio nacional y el 61,10% del área  susceptible de erosión.De los nueve departamentos del país, siete están afectados por problemas de erosión en distintas proporciones: la totalidad del territorio de los departamentos de Potosí, Oruro, Chuquisaca y Tarija, se encuentran en proceso de erosión, aproximadamente la mitad del territorio del departamento de Cochabamba y una tercera parte de los departamentos de Santa Cruz y La Paz. (SI-A 2003). La mayor parte de las tierras del país, no son aptas para el desarrollo de actividades agropecuarias intensivas, sino, para uso agropecuario extensivo, debido a que tienen limitaciones sea por clima, tratándose de zonas secas como el chaco, de fertilidad de los suelos como la zona del piedemonte o por pendientes fuertes. Estos aspectos, deben ser controlados y corregidos con la incorporación de tecnología o riego; o simplemente tomados en cuenta para lo que se deben adoptar prácticas adecuados en el manejo de estas tierras.La degradación de las tierras por factores antrópicos se manifiestan en la deforestación con fines agrícolas, el sobrepastoreo, la disminución de la cobertura vegetal y la compactación de suelos por el uso agropecuario sin considerar la aptitud de la tierra y la salinización por uso inadecuado de sistemas de riego y drenaje. Se calculaba al 2003, que en el valle de Tarija 175.000 has. han perdido su productividad debido a la erosión y en el departamento de Santa Cruz, entre 10 y 20 mil has. se convierten en arenales cada año. Sólo el incremento de la superficie de soya de 37.500 has en 1980 a 300.000 has en 1996 y 900.000 has al 2010 representaban 28,8% de la superficie desboscada en ese período, según el PNUD.

La degradación de tierras inviabiliza el desarrollo y agudiza la pobreza, es uno de los principales problemas del sector agropecuario, que se expresa fundamentalmente en el proceso erosivo, cuya consecuencia es la pérdida de la capacidad productiva del suelo agrícola y  forestal, la destrucción de la base productiva del país y la agudización de los niveles de pobreza. Los efectos de la degradación son: i) Erosión hídrica y eólica; ii) Pérdida de cobertura vegetal; iii) Pérdida de fertilidad del suelo; iv) Salinización de suelos por riego y drenaje inadecuado. Estos factores aceleran y multiplican la erosión. Más del 40% de las áreas de pastoreo del territorio boliviano, están afectadas por el sobrepastoreo, el mal manejo de praderas nativas y la salinización producida por el uso de sistemas inadecuados de riego y drenaje. Además de estos factores directos que hacen al uso y manejo de los recursos naturales renovables, se debe añadir la inseguridad jurídica de la tenencia de la tierra que ha conducido a un proceso desordenado y salvaje de apropiación y explotación de tierras, ya que la degradación no es solamente un fenómeno físico sino también un problema social y económico. La toma de tierras por sectores denominados “interculturales” que se han asentado en tierras fiscales y comunitarias, incluso en parques nacionales, reservas naturales y otros santuarios naturales, para el cultivo de coca, la explotación irracional y sin control de recursos mineralógicos, forestales y de fauna, el uso indiscriminado de agroquímicos y otro tipo de precursores derivados hacia la fabricación de estupefacientes, configuran un cuadro casi de desastre nacional, en materia del daños a las tierras/suelos productivos, que debieran protegerse según su vocación productiva y su capacidad de uso del suelo.

La degradación  de tierras incide directamente sobre pobreza de la población, influyendo en los índices de pobreza.  La pérdida de la capacidad productiva de la tierra surge, fundamentalmente, de una inadecuada relación entre la tierra y el hombre. El hombre extrae del suelo, directa o indirectamente, todos los alimentos que consume y gran parte de los materiales que usa para su protección y abrigo. Teniendo en cuenta que los índices de pobreza rural están íntimamente ligados a la degradación de suelos, se hace fundamental y necesario realizar una adecuada gestión del uso de la tierra.La presión del mercado y el  crecimiento de la demanda  en el mercado de consumo de alimentos y otros  productos agropecuarios y forestales, ha originado una excesiva presión  sobre el uso  de las tierras bajo la variable mayor producción, menor tiempo y mayor rentabilidad.

En Bolivia (SI-A 2003), determinó que, la superficie susceptible de erosión abarcaba  45.094.300 has., que  representaban el 41,05% del territorio nacional. El impacto de la erosión en los departamentos era para ese año la siguiente: el 32% del departamento de La Paz, 100% de los departamentos de Potosí, Oruro, Chuquisaca y Tarija, 46% del departamento de Cochabamba y 33% del departamento de Santa Cruz. Las tierras afectadas por erosión fuerte a muy grave abarcaban una superficie de 27.554.400 has., que representaban el 25,08% del territorio nacional y el 61,10% del área  susceptible de erosión.Sobre la base de la información anterior, el Estado boliviano definió la necesidad de establecer políticas de uso y gestión de la tierra, que mitiguen los efectos de la degradación de tierras, permitiendo su uso racional y su recuperación, a fin de preservar el patrimonio nacional. Parte de este esfuerzo lo constituye el marco normativo existente, orientado a regular el uso del recurso de acuerdo a su aptitud mayor. En 1997 se creó para este efecto la Superintendencia Agraria, como entidad pública encargada por ley de la regulación del uso sostenible del recuso tierra/suelo  en armonía con los recursos agua, flora y fauna; para la regulación del uso y gestión de la tierra y supervisión, generó y aplicó los siguientes instrumentos:   Sistema de Certificación de la Capacidad de Uso Mayor de la Tierra (S-CUMAT), Sistema de Aprobación y Seguimiento de los Planes de Ordenamiento Predial (S-POP), Sistema de Evaluación del Uso Actual y Potencial de la Tierra (S-EUAPT), Sistema de Monitoreo y Control de Quema de Pastizales, Sistema de Valuación de Tierras (S-VT) y, el Sistema de Tramitación de Denuncias y Reclamos (S-Denuncias). Los resultados de la aplicación de estos instrumentos que orientaban la gestión de los Recursos Naturales Renovables (Memorias Informes 1997-2003) quedaron fuera una vez que el 2004 ingresa a un interinato y en 2006, ante el ascenso del proceso de cambio, es sustituida por la Autoridad de Tierras y Bosques, que definió políticas de Estado fuera del contexto descrito por la regulación del recurso tierra.

La evaluación preliminar de la degradación de la tierra efectuada por la SI-A, permitió tener una idea general de las condiciones y situación de recursos naturales renovables y de los efectos que causan deterioro en su capacidad productiva, así como la identificación de algunas limitantes para el aprovechamiento sostenible de los mismos. En la actualidad este tema de la evaluación de los procesos de degradación del recurso suelo y de acciones correctivas, sean públicas o privadas, se desconocen o por lo menos no públicamente, esta omisión, resume que algo no anda bien en este importante tema de preservación de la capacidad productiva del recurso suelo y su proceso de degradación, inexorable…

Lo descrito es preocupante pues las inversiones necesarias para la adecuada recuperación de tierras son tan elevadas que posiblemente el 22% del territorio nacional ya no tengan aptitud productiva, por lo que es necesario adoptar políticas públicas para que esta situación no se siga agravando a futuro y se empleen prácticas productivas más sanas y con el adecuado nivel tecnológico y de inversión (pública-privada..?). De los contario, el futuro productivo de nuestra tierra está en cuestión y con ello las posibilidades de la adecuada satisfacción de las necesidades alimentarias de la población boliviana y el necesario balance alimentario del país, así como las importantes inversiones que realizan los productores agropecuarios para generar producción exportable y que representan el 47% del total de las exportaciones no tradicionales y más del 27% de las exportaciones nacionales.

Bolivia es un país que a lo largo de su historia económica depende fuertemente del acceso y explotación de sus recursos naturales, renovables y no renovables, por lo que los mismos se convierten en un valor estratégico fundamental para el desarrollo departamental y del país. Existen las políticas públicas departamentales o municipales a este efecto, respecto del recurso suelo/tierra..??

por: Eduardo Claure

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