MAX MURILLO MENDOZA ARDE MUSEO IMPORTANTE EN BRASIL
Martes, 11 septiembre 2018 - 07:30 AM - La Voz de Tarija
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Uno de los museos más antiguos de América Latina, en Río de Jaineiro, ardió hace unos días siendo noticia mundial. El edificio de tres pisos albergaba unos 20 millones de piezas y artículos, documentos coloniales, fósiles, colecciones de minerales, colecciones egipcias y de variada riqueza cultural no sólo para Brasil. Institución científica que llevaba además 200 años de recorrido, como institución cultural y patrimonio histórico. Al parecer todo ese patrimonio fue pasto de las llamas, se perdió para siempre.

Los museos son repositorios de un determinado país, que comunican historia y vivencia de la riqueza cultural, artística, científica y arqueológica del país. Vienen desde el renacimiento occidental, como forma de transmitir todo el cúmulo de herencia de una nación, grupo de naciones o país. En esa línea se establecieron también por estos lados del mundo. Ya a mediados del siglo XIX se fundaron los primeros museos en Bolivia. Sin embargo, como casi todo, estos repositorios son copias de la cultura occidental, sirven sobre todo para naciones que han tenido Estados e imaginarios de Estado: raza, nación, identidad y nacionalismo. Porque se trataba de resguardar los patrimonios culturales de esos Estados e imaginarios de Estados constituidos.

En América Latina todavía estamos discutiendo los tipos de Estado importados que heredamos, y los tipos de Estado que queremos construir. Como en el caso boliviano ni siquiera tenemos imaginarios de Estado, ni nacionalismos, ni identidad alguna de Estado. Entonces, qué resguardan nuestros museos? Es evidente que los museos que tenemos son mezcla de colonialismo, republica, asuntos prehispánicos y variopintos musicales como disfraces regionales; pero no resguardan nuestras historias de nuestras naciones desde la perspectiva de Estado. Porque no construimos un verdadero Estado, sino copias mal hechas de los Estados europeos. Por tanto, nada raro que los museos desperdigados por el territorio siempre estén vacíos, sin visitantes ni estudiosos buscando información sobre algún tema.

Todavía peor: un país sin recuerdos ni imaginarios de Estado como propio y suyo, no puede tener valor alguno por unas instituciones que sólo traen el recuerdo de la ocupación, destrucción sin límites de sus territorios y de la degradación humana en la marginación y el desprecio por lo nuestro. Pues en el imaginario sólo tenemos un Estado que destruye todo, que explota, que jode al ciudadano hasta la tragedia misma cotidiana. Un Estado que nos obliga a organizarnos para defendernos de sus fauces. Un Estado que nunca fue nuestro. Un Estado que nunca valoró a sus ciudadanos, porque nunca nos dio educación, salud, vivienda y trabajo de calidad, sino a medias y de lo peor. Es lógico que no tengamos imaginarios de un Estado que debemos cuidar y proteger, sino más bien de destruirlo por sus características coloniales y republicanas.

Si a esos panoramas añadimos la total ausencia de políticas de Estado en educación de los valores históricos y simbólicos, que son los museos, tenemos la película completa del sentido didáctico y educativo del significado museo por estos lados del mundo. Es decir nada, no tienen significado alguno ni siquiera para las clases medias y altas que se sienten desde siempre herederas de occidente. Ese Estado importado y copiado a la mala, no tiene idea alguna de lo que son los museos, o de lo que deberían ser. El sistema educativo no educa para nada sobre estos aspectos de la memoria y los imaginarios de Estado. Porque es un sistema sin memoria y sin tradición cultural propia, sino otra copia europea para realidades industriales.

Pues los museos son visitados por unos cuantos pelagatos, en varios casos obligados por algún profesor aburrido que no tiene ya nada que decir en sus aulas. O por gringos que desean conocer generalidades de las sociedades colonizadas, como la nuestra. Después sólo las moscas o ratones habitan los museos, como testigos de aquellas historias de la conquista y la colonización de occidente en estos territorios.

Mientras no tengamos un Estado propio y nuestro como genuino, que nos permita al fin imaginarios, identidades y sueños de Estado, no tendremos por supuesto ganas instintivas de visitar museos como actividades normales, educativas y de ciudadano en reciprocidad por el Estado que entrega beneficios a sus ciudadanos. Ese sueño aún está lejano.

El incendio del museo nacional en Brasil ciertamente es una tragedia; pero no creo para los descendientes de las culturas destruidas, marginadas y despreciadas que sus descendientes son millones. En ese Brasil desigual como inequitativo, donde casi 40 millones de pobres siguen marginados en el nordeste brasileño, que son testigos directos de la destrucción cultural sufrida en siglos y siglos de conquista, no creo que se hayan enterado del suceso. Y si lo hicieron no creo que les haya afectado, porque no es su historia sino la de sus patrones y amos imperiales que tienen sus museos, para mostrar sus historias de triunfos y glorias coloniales. Fotografías de la imposición occidental a sangre y fuego, sobre otras culturas milenarias, con sus propias lógicas y sus propias maneras de ver el mundo.

El renacimiento europeo inventó los museos, para retratar la construcción de aquellos Estados modernos, de sus imaginarios, de sus sueños y deseos colectivos. Por aquí los museos sólo son copias de aquellos eventos, porque no construimos Estados, ni siquiera instituciones modernas. Felizmente seguimos vigentes al margen de esas tragedias, porque somos más fuertes culturalmente.

por: Max Murillo Mendoza

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