MAX MURILLO MENDOZA MUERE EL PADRE JOSÉ GRAMUNT DE MORAGAS
Martes, 28 agosto 2018 - 07:13 AM - La Voz de Tarija
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Hoy el primer ministro irlandés le ha pedido al Papa argentino, que no sea cobarde y pasé a la ofensiva para salvar a la iglesia, y juzgar a los culpables de los 25.000 menores abusados sexualmente en Irlanda, como de los 1.000 en Pensilvania Estados Unidos a manos de 300 curas pedófilos. Abusos realizados durante 70 años, encubiertos abiertamente por las autoridades eclesiales de muchos países; pero en especial por el mismo Vaticano. El Papa ha pedido perdón por los abusados en todo el mundo, a cargo de la iglesia católica. Pero eso no es suficiente, ni siquiera cuando vayan al mismo infierno quiénes siendo curas aprovecharon su poder para destruir millones de vidas en el mundo. Muchos de esos abusadores eran directores, encargados con poder de instituciones educativas donde niños, en la  mayoría de los casos de escasos recursos y familias pobres, confiaron junto a sus familias que fueran educados en aquellas instituciones. De estos temas, que también se han producido y se producen en Bolivia, nunca habló el padre Gramunt de Moragas. Temas conocidos y denunciados en Bolivia desde hace más de 10 años.

Gramunt de Moragas perteneció a esa corriente colonial y conservadora de la iglesia católica, políticamente identificada con las posturas de derecha oligárquica. Siempre fue un cura elegante, perfumado y con trajes caros. Probablemente incluso del Opus Dei, personajes que están más allá del bien y del mal: guardianes coloniales que no dejan que la iglesia se desvíe de sus dogmas conservadoras. Defensor de esa democracia europea liberal para ricos, donde las libertades se entienden que son para quiénes devienen de un linaje especial. Era ciertamente un civilizador y conquistador moderno, en un país de populares e indios sin civilización, pues se ha tenido que sentir muy bien aconsejando y bendiciendo almas conquistadas. Tiene por supuesto defensores, sobre todo periodistas cercanos que le consideran un maestro. Quizás sí; por aquí las historias tradicionales han echado raíces fuertes y han convencido incluso a los vencidos para mostrarles que la conquista fue exitosa, y necesaria.

Gramunt no deviene del linaje de Bartolomé de las Casas, sino del cura Juan Ginés de Sepúlveda que justificaba el esclavismo de los indígenas por considerarlos inferiores a los europeos. Los tiempos cambian; no los pensamientos y los sentimientos culturales que permanecen invariables a lo largo de los siglos, como en el caso de José Gramunt. Los jesuitas tienen esos dos extremos: Espinal y Gramunt. Unos con los sentimientos de ese Cristo obrero y pobre, que tiene compromisos espirituales y reales con los más pobres; otros que convirtieron a la iglesia un poder más para justificar otros poderes terrenales, de los más poderosos de este mundo.

En una época donde la crisis de valores es profunda, donde todo se relativiza y la corrupción es la bandera generalizada de la política real, la iglesia ya no es el referente de posibles cambios. Su credibilidad ha caído por los suelos, no sólo por los abusos de menores en todo el mundo, sino también porque personajes como Gramunt de Moragas se han adueñado de sus estructuras, para utilizarlas en defensa de los más poderosos con excusas variadas de democracia y libertades. En el tercer mundo, estas estructuras han arrinconado o expulsado a los curas teólogos de la liberación. Les han condenado al silencio o simplemente les han expulsado de sus filas. Muchos obispos se han postrado ante dictadores, con la consigna del anticomunismo. Pues la iglesia real deja mucho que desear respecto de los problemas socioeconómicos del tercer mundo.

Ni siquiera el Papa argentino, quién parecía prometer cambios estructurales no ha cumplido con lo más mínimo. Sólo discursos y un Laudato como reflexión de coyuntura; todo lo demás sigue como dejó el Papa polaco: totalmente conservador y con los dogmas conservadores de control institucional. El tercer mundo aportó con la Teología de la Liberación, como elemento substancial de lucha contra las injusticias, en favor de los más desamparados y miserables, de los perseguidos políticos y víctimas del sistema. Esos aportes fueron enterrados por el Papa polaco anticomunista. Todos los pensadores marginados o condenados al silencio. Las comunidades eclesiales de base, que eran realmente la iglesia popular en los  barrios marginales o de clases medias, fueron destruidas por el miedo al peligro comunista. El Vaticano jamás entendió de las necesidades del tercer mundo, desde las perspectivas religiosas.

La milenaria iglesia católica sobrevivirá sin duda alguna estos tiempos turbulentos. Pero sobrevivirá alejada de las sociedades que sí están cambiando sus visiones, que en la mayoría de los casos ya no son católicos. Los errores institucionales y humanos, están alejando cada vez más a la iglesia de las sociedades por todo el mundo. Su credibilidad moral está en duda. Su credibilidad institucional también: abusos de menores, anti aborto, diversidades sexuales, etc. Posiciones ya demasiado conservadoras frente a un mundo exigente y cambiante.

La milenaria iglesia católica tiene aún el poder de sus instituciones educativas, donde educa a las clases medias y altas. Pero sin claridad de pensamiento y objetivos poco comprensibles, cuando las exigencias de cambios en la educación también son cruciales.  Como nunca antes, su crisis es proporcional al abandono masivo de sus feligreses por todo el mundo. Veremos las reconversiones en estos años.

Pues sí, Gramunt de Moragas no será extrañado por la sociedad en general. Conservador y de visiones ideológicas franquistas, vivió en Bolivia como un civilizador más. Nostálgico de sus antecesores que desembarcaron en el siglo XV. Y pues jesuita de esos que no compartieron con el sueño de las misiones.

por: Max Murillo Mendoza

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