MAX MURILLO MENDOZA HISTORIA DE LA IMPUNIDAD EN BOLIVIA
Miércoles, 8 agosto 2018 - 06:57 AM - La Voz de Tarija
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En estos días de festejos por la “independencia”, los discursos son por supuesto las palabras que el viento se encarga de llevárselos, porque siempre están vacías de contenidos reales en lo que a resultados se refieren. Uno de los temas cruciales es la palabra impunidad, que en Bolivia tienen el sello del calibre más violento posible en su vida republicana. Dicha palabra está ligada a la estructura judicial, que desde siempre en Bolivia es inexistente. Porque el sistema judicial siempre respondió al Estado patriarcal republicano, es decir a los intereses de las colonias extranjeras que se adueñaron del Estado para el ejercicio del saqueo, del robo y el aprovechamiento de sus instituciones. Y estas élites reaccionaron desde siempre con violencia extrema ante los reclamos de la ciudadanía, utilizando al ejército y la policía como ideales instrumentos de violencia impune, que se quedó al final como una de las costumbres más arraigadas de la república.

El uniforme en Bolivia es sinónimo de violencia extrema estatal: ejército y policía; además de las leyes por encima para justificar esta violencia. Los abogados en Bolivia no son seres de administración de justicia, son seres de la violencia legal: son abogansters. Ese grado de violencia extrema estatal es costumbre y mentalidad, porque el diálogo y lo que los occidentales llaman civilización está ausente en Bolivia. Aquí la impunidad es carta corriente, desde las capas más pobres hasta las capas más pudientes. Así Bolivia tiene una de las historias más violentas del mundo: masacres, genocidios, crímenes de lesa humanidad, asesinatos, como norma de convivencia y ejercicio de la política real: todo absolutamente impune, porque la impunidad es la costumbre más arraigada en sus poblaciones.

En estos años llamados de “cambios”, pues nada ha cambiado respecto de la impunidad. Era lógico: no ha cambiado la estructura del Estado patriarcal republicano colonial. Los resultados son totalmente elocuentes, es decir las palabras se los lleva el viento. La sociedad no ha cambiado en sus imaginarios de la “justicia”, porque no tenemos imaginarios de Estado. Los grados de impunidad siguen siendo los mismos que hace 30 o 40 años atrás, La inutilidad de las reformas tienen mucho que ver con quiénes la propusieron, que son los mismos hijos de la república y la colonia. Cambian los discursos y las ideologías pero no las lógicas y las estructuras. Los maquillajes de las sonrisas políticas nunca son suficientes para las jodidas estructuras institucionales bolivianas, que sus raíces y mentalidades están allá por el siglo XIX. Las florcitas del proceso de cambio no han incidido realmente en esos troncos y raíces que tienen siglos de impunidad y violencia.

Esa impunidad y violencia que se fortaleció el 6 y 7 de agosto de 1.825, como continuidad de los procesos coloniales anteriores. Pues no se podía cambiar 3 siglos de colonia sólo en unos años de guerra popular. Los burócratas coloniales, que sabían de todas las mañas y costumbres institucionales, heredaron para sí esas estructuras. Disimularon frente a Bolívar y Sucre, para después seguir en sus propias mentalidades y costumbres de impunidad y violencia. Los libros de la historia tradicional relatan como acontecimientos históricos, que no fueron para nada sino para las continuidades de la tragedia griega. La firma de la “independencia” en realidad fue el acto más cínico de consolidación de un espacio, para intereses ajenos a un sueño de crear un nuevo país, nación o Estado. Esa maquinación de aquellas mentalidades coloniales, para insistir en la creación de un nuevo espacio lo podemos ver hoy con suma claridad: continuidades de aquellas impunidades, de aquellas violencias institucionalizadas. Desde entonces nada ha cambiado realmente.

La marginalidad y la pobreza son sólo colaterales antihumanos de la lógica de la impunidad y la violencia. Y Bolivia es uno de los países más pobres, desestructurados, con instituciones débiles e impunes de todo el mundo. Los avances que se han realizado en cemento y piedra, no han sido acompañados de la calidad de vida. Si bien se ha ensanchado la economía, no ha tenido impacto en la calidad de la misma. La fragilidad se nota en el escaso mercado interno del país, absorbido por el 70% de economía informal.

Bolivia festeja como costumbre ritual estas fechas. No como convicción de un Estado propio, humanizado y realmente con sentido de Nación. Los mismos himnos son prestados, artificiales y extraños. Nadie entiende nada de lo que canta. Pero hay que aprender de memoria desde la escuela, como un proceso de continuidad de la colonia y la república, pues el ejército y la policía son los sacerdotes de esa violencia e imposición del nuevo orden.  Se festeja bajo el manto de la impunidad. Palabras como patria se hacen norma institucional, sin preguntarse lo que realmente significa esa palabra, o sobre los contenidos de ella.

Las paradojas son las constantes en la historia. Anécdotas que suelen pasar como importantes en una historia que no es nuestra. Impunidad y ausencia de proyecto de Estado y Nación; pero anécdotas al fin, acompañados de sus propios himnos que son también ajenos y extraños. En fin.

por: Max Murillo Mendoza

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