Max Murillo Mendoza EL FIN DE LA GLOBALIZACIÓN  
Martes, 10 julio 2018 - 07:08 AM - La Voz de Tarija
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Este viernes China respondió a los Estados Unidos, con unos aranceles multimillonarios a los productos gringos, en contraposición de las sanciones a sus productos. Así se inició la guerra comercial más importante de la historia, dando fin también a la era de la globalización que impusieron los países industriales del norte en los años 90 del anterior siglo. En aquel momento las economías gringas equivalían al 90% del total global; hoy sólo equivalen al 30%. Pues el mundo ha cambiado desde entonces, y al parecer eso ya no les conviene por lo que empiezan a abandonar  su creación. Mostrándonos de esa manera que jamás existió comercio libre, sino bajo los intereses de los países ricos e injustos.

La globalización fue ni más ni menos, la imposición total del modelo de desarrollo anglosajón. Por supuesto también de su modelo de democracia liberal, que en suma es el modelo de sus instituciones que nacieron durante los procesos coloniales, es decir modelos que responden solo para ellos. Pero intentaron exportar esos modelos con el paquete de la globalización económica, de mercadeo e industrial. La caída del muro de Berlín o de los socialismos reales, fortaleció indudablemente al pensamiento liberal anglosajón, que se animaron a justificar esa coyuntura teóricamente con Fukuyama y su libro afamado: El Fin de la Historia. Así, los liberales anglosajones aprovecharon al máximo el pánico del momento, para imponer su modelo de globalización del mercado total, y supuestamente la gloria de la democracia liberal gringa.

El otro elemento crucial de la globalización es también la imposición de la pax americana. Su enorme fuerza militar y tecnológica, fue la cara de aquella imposición global, que significó invasiones en el mundo árabe y bombardeos por donde sus intereses se veían amenazados. Esa brutalidad del matón global está combinada con los negocios más lucrativos de las fábricas de armas, con las reconstrucciones de los países destruidos: negocio redondo de la globalización. Lamentablemente esta imposición sí tuvo sus efectos perversos en las sociedades de todo el mundo: individualismo secante, tecnologías de punta como las computadoras y celulares, para adormecer las consciencias de los más jóvenes y realmente ser el opio cotidiano. Mediante esas tecnologías se han democratizado y diseminado el pensamiento único, liberal, egoísta, gringo, violento y anticultural.

Sin embargo, hoy ya no les conviene ese invento globalizador. El surgimiento de nuevas potencias económicas, tecnológicas y militares, como China e India, les empieza a ser sombra y competencia. Aspectos que les mueve el piso de su reinado mundial y totalitario. Por lo que justifican con sus mecanismos de control, para salir de la globalización y regresar a sus nacionalismos económicos como disimulo de su fracaso, pues ahora ni ellos mismos creen en sus alegorías de competencia libre en el mercado total. Ciertamente nunca hubo competencia libre, sus Estados siempre fueron desleales con el mundo para satisfacer sus ambiciones imperiales, de control totalitario y de imposición económica capitalista aún a costa de la miseria, del hambre, de las dictaduras más cruentas y crueles, sólo para imponer sus modelos económicos. Y sabemos por experiencia que con los modelos económicos, vienen los modelos políticos e institucionales. La democracia, como modelo anglosajón, se impuso a sangre y fuego. Pues es parte de todo el paquete del pensamiento único, dizque liberal y democrático.

Pero la complicidad de los pensadores del norte, tiene nombres concretos por estos lados del mundo, además de ser los más peligrosos porque son los mercenarios de esos modelos: clases altas y oligarquías. Estos descendientes de las colonias extranjeras en general, son los portadores y ejecutores de aquellos modelos exóticos. En Bolivia la globalización se llamó neoliberalismo. Todos los izquierdistas de clases altas y medias, se convirtieron de pronto en liberales y amantes de la democracia liberal. Fueron los técnicos, ministros, viceministros y poetas del neoliberalismo. Y esas camaleónicas formas de esas clases sociales, en función de sus intereses, hoy les convierten en plurinacionales y otra vez en izquierdistas.

Estas clases señoriales tercermundistas, nunca fueron capaces de pensar nuestros territorios. Porque no son de estos territorios, sus pensamientos están allende los mares. Prefieren lo más fácil: copiar todas las modas que se inventen por el norte. Así, siguen manteniendo a este país como extractivita, dependiente de los mercados del norte y fiel expositor de esos ritos anglosajones, porque ese es el reparto y lugar que nos han dado los amos del norte. Esas mentes señoriales nunca fueron, y nunca serán, capaces de pensar alternativas de otros desarrollos, de otros modelos y otros derroteros de nación y país. Prefieren ser mendigos del norte, y mantenernos en la miseria y la pobreza por siempre. Porque de eso se trata el capitalismo.

Nuestros pueblos fueron Estado hace miles y durante miles de años, fueron sostenibles, convivieron con la naturaleza, sin hacer idealismos por supuesto, fueron capaces de tener su propia y distinta economía. Algo de eso se rescata con el Vivir Bien. Pero el vivir bien está contaminado con las pinceladas de las clases altas, que no entienden nada de estos territorios y mentalidades. Ni siquiera con el proceso de cambio logran entender de qué se trata realmente.

Lo holístico, lo comunitario, la reciprocidad, el ayni. Elementos que nada tienen que ver con el individualismo cabrón del modelo anglosajón, que es tan atractivo para las clases altas señoriales. Nuestros modelos no son competitivos; pero son humanos y justos. Hoy destruidos por los descendientes de la colonización y la república.

La globalización ya se termina. Los globalizadores de Bolivia tienen que estar preocupados. Aunque no tanto, pues sólo esperan que llegue la otra moda para importarla e imponer a nuestras realidades, como novedad y fórmula.

Nosotros nada tenemos que importar. Tenemos nuestras propias fórmulas, hoy destruidas y no investigadas, pues los gobernantes son los camaleones desde tiempos inmemoriales, que bloquean desde distintas ideologías a nuestras lógicas propias y genuinas. El camino que nos queda es aún muy largo.

 

 

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