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LA CIDH Y LOS MARISCALES DE LAS AMÉRICAS

Lunes, 23 abril 2018 - 07:00 AM - Arturo Yanez Cortés
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El informe 6/18 de admisibilidad del caso Mario Francisco Tadic; Elod Toaso, Michel Martin Dwyer y otros, contra Bolivia (Masacre del Hotel Las Americas) emitido recientemente por la Comisión IDH, constituye un misil contra la línea de flotación del régimen. Pese a su naturaleza preliminar (admisibilidad) pone en evidencia las gravísimas violaciones a los DDHH que ha perpetrado el régimen que administra el estado boliviano, desbaratando las estrategias envolventes que cacareo a lo largo de estos años, exponiéndole a responsabilidades internacionales estatales y (lo pongo con beneficio de inventario), otras aún peores (ya personales) eventualmente ante la CPI.

Recordando que ante el Sistema Interamericano de DDHH se juzga estados y no personas individuales, el informe declara admisible la petición en relación con la violación de los siguientes derechos contenidos en los arts. 4 (derecho a la vida); 5 (a la integridad personal); 7 (libertad personal); 8 (garantías judiciales o debido proceso); 9 (principio de legalidad y retroactividad); 11 (honra y dignidad); 21 (propiedad privada); 24 (igualdad ante la ley); 25 (protección judicial o acceso a la justicia); 1.1. (obligación de respetar derechos) y 2 (deber de adoptar decisiones de orden interno)  de la CADH, en relación con los arts. 1 y 6 (obligación estatal de prevenir y sancionar la tortura) y 8 (obligación estatal de investigar, imparcialmente, denuncias de tortura) de la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura, decidiendo continuar con el análisis de fondo de la cuestión.

Establece en relación a las denunciadas ejecuciones extrajudiciales (la de Michael Dwyer) que fue conocida directamente por las autoridades bolivianas el día del deceso (16 de abril de 2009) pero, hasta la fecha no se ha iniciado una verdadera investigación para develar lo ocurrido, pese a que se trata de una obligación estatal, siendo absurdo (como torpemente alegó el estado) tener que esperar para hacerlo concluya el proceso penal del caso terrorismo (que dura ya muchísimos años).

Sobre las torturas denunciadas, determina que el estado tuvo conocimiento de ellas por lo menos en 5 oportunidades a través de las víctimas: 1) por los jueces que conocieron la detención preventiva; 2) por los fiscales, ante quienes declararon; 3) por los jueces que negaron sus acciones de libertad; 4) por la Comisión Multipartidaria de la Cámara de Diputados que “investigaba” los hechos; y 5) por el Fiscal General de ese entonces (2014), que hasta rechazó la denuncia. Ninguna autoridad boliviana hizo nada al respecto, generando la responsabilidad internacional (y personal) que, ahora, les acecha.

Acerca de la denuncia de prisión provisional excesiva, la CIDH toma nota que durante el desarrollo del proceso, los procesados presentaron por lo menos 10 (sí, leyó bien, 10) pedidos de cesación de la detención y 11 acciones de libertad (otra vez leyó bien, 11 habeas corpus), siendo todas sistemáticamente negadas por los “jueces” e incluso, ante la aplicación retroactiva de la Ley No. 007 que les era desfavorable, presentaron un pedido de inconstitucionalidad, que también les fue negado por el Juez y por el TCP.

Cabe también resaltar que ya en este informe (aunque más adelante podría insistir el estado) la CIDH ha rechazado las desesperadas reacciones que operadores del régimen señalaron al respecto (Min de Justicia y otros), respecto del no agotamiento de vía interna, supuesta 4ª instancia y otras, las que ya han sido desechadas por el informe de admisión de la denuncia, con lo que todo indica que nos encaminamos inexorablemente a que el estado plurinacional sea declarado responsable de una cadena de violaciones de DDHH que, desecharan las estrategias envolventes y pondrán otra vez en evidencia la naturaleza dictatorial del régimen, en la vitrina internacional. De ahí vendrán los tiros y muchos serviles operadores de justicia (salvando las excepciones que sobreviven) debieran poner las barbas en remojo: “La política es un lugar privilegiado de la mentira y los regímenes totalitarios son su supremo y más siniestro reino” Hanna ARENDT

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