MAX MURILLO MENDOZA EL PAPA EN APUROS FRENTE AL MUNDO REAL
Miércoles, 4 abril 2018 - 07:08 AM - La Voz de Tarija
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El Papa argentino que viene del mundo jesuítico, que prometió para su mandato cambios estructurales como teológicos profundos, está en apuros porque lo que heredó como institución no es precisamente idílico ni mucho menos. La enorme institución de la iglesia católica, con peso específico de dos mil años de antigüedad, pasa también como muchas cosas en estos tiempos por movimientos internos, de acomodos y reacomodos a las urgencias de las nuevas miradas o ideologías que surgen en el mundo, porque las nuevas generaciones ya no tienen como referencias a las iglesias, o incluso a las ideologías, sino a otros paradigmas a veces todavía contradictorios frente a nuestras miradas. Además el acelerado desprestigio de la iglesia católica, fruto de los abusos sexuales como de sus férreas estructuras que no dan lugar a cambios más democráticos: participación de la mujer, por ejemplo, están produciendo inevitablemente retrocesos fuertes. Desde hace muchos años sus filas están menguadas y sólo quedan viejos, ancianos al frente de sus estructuras.

Así, en Bolivia, las estructuras jerárquicas se han vuelto terriblemente conservadoras. El papel que jugaron durante las dictaduras con sus comunidades eclesiales de base, participando en los movimientos de la teología de la liberación, o abriendo las puertas de sus proyectos e instituciones a militantes de izquierda en la clandestinidad e incluso apoyando abiertamente las luchas en contra de las dictaduras, han quedado en los recuerdos de antaño. El Papa anticomunista polaco, cerró sus puertas a esa iglesia más participativa y combativa. Reestructuró radicalmente las élites de todo el mundo, dejando a cardenales y obispos conservadores, que no permiten más los acercamientos con los sectores más avanzados política e ideológicamente de las sociedades. Ese regreso a la doctrina clásica y elitista, les está condenando a ser una institución más sin los protagonismos que jugaron en el siglo XX. A pesar de su enorme poder de convocatoria, hoy no pueden ya convencer de su doctrina ni a los mismos jóvenes.

Las iglesias se están vaciando velozmente, y hoy vemos en las misas sólo a viejitos y viejitas de domingo, sin ser por supuesto las personas que puedan cambiar las sociedades. El pueblo como tal ya ha dejado las iglesias; a pesar de que sus costumbres son aún religiosas, y muchas veces con tintes conservadoras, que reaccionan por instintos cuando consideran que son atacadas.

En Bolivia en estos últimos años, han resurgido las tradiciones ancestrales lo cuál enriquece profundamente a las identidades postergadas. Pues la convivencia entre lo católico y ancestral es cotidiano y no hay ninguna contradicción. Podemos ser ancestrales con nuestras religiosidades y también asumir lo católico. Mezcla compleja pero real. En realidad al mundo católico occidental le toca abrir sus puertas a un diálogo de religiones, por respeto a nuestras costumbres. Aspectos que deberían hacer los representantes del catolicismo hace demasiados años. No lo hacen por soberbia y sentido de complejo de superioridad; sin embargo, dicha actitud sería la más correcta y la más adecuada dadas las circunstancias históricas desde el colonialismo. Y al parecer no ocurrirá ese diálogo de religiones, por las actitudes cerradas o poco políticas del catolicismo, que es nomás la religión oficial de las dominantes clases altas bolivianas, con sus todavía tufos pigmentocráticos y racistas.

El Papa argentino se esfuerza por convertir a su iglesia en una institución de avanzada. Ha pedido perdón por toda la historia de la colonialidad, que en sí mismo es la historia más desgarradora y sangrienta en contra de los pueblos indígenas, siempre con sus excepciones como Bartolomé de Las Casas; pero hasta hoy ha fracasado en ese intento. La institución que ha heredado está paralizada en el siglo XX, con sus mentalidades y sus formas ancladas en ese pasado reciente de la guerra fría y sus nefastas consecuencias. Y en lo profundo de sus raíces, totalmente devastada por los abusos sexuales a niños y jóvenes, que en nada se ha resuelto a lo largo de todo el mundo. Además de las voces internas que reclaman mayor participación de la mujer, como de los mismos laicos por el bien de la misma institución. Las fuerzas invisibles de lo retrógrado y conservador son las que más tienen consistencia, que empiezan a condenar al Papa a la soledad total, sino al menos sólo a los discursos de época y recuerdos de sus intenciones.

En el fondo la iglesia católica está pagando muy caro su desatino de no recibir más jóvenes en sus filas. En estos últimos treinta años, se han reducido en un 80% las vocaciones lo que ha mermado considerablemente en los planes futuros de la cristiandad, es decir del trabajo de apostolado en lo educativo, de desarrollo y también político. Porque todo trabajo educativo e institucional lleva a efectos políticos. En realidad la iglesia católica no se ha renovado en nada para el siglo XXI, sus nostalgias siguen siendo las del siglo XIX y XX. Las bases de la curia son ahora viejitos sin fuerza, quizás sin ganas e importancia para generar cambios reales.

El mundo real corre a velocidades siderales; pero también ciegas y sin sentido. Los mitos, utopías, sueños y paraísos terrenales o religiosos ya no existen y no convencen a las nuevas generaciones con hambre de respuestas adecuadas a sus preguntas existenciales. Las viejas generaciones fracasadas del siglo XX y de principios del XXI, no tienen capacidad de respuestas. Las iglesias como último refugio existencial terrenal, también se están quedando en la vereda de la historia, por su obstinada estupidez de no correr junto a las nuevas generaciones y de percibir esos olores nuevos para los nuevos sueños. En fin.

por: Max Murillo Mendoza

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