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Más allá del horizonte

Perú, PPK, Odebrecht, Venezuela, Bolivia y la corrupción

Martes, 3 abril 2018 - 07:03 AM - Gustavo Blacutt Alcalá
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Los recientes acontecimientos ocurridos en el Perú, que derivaron en la renuncia del preseidente peruano, Pedro Pablo Kuchinski, nos permiten captar varias lecciones y enseñanazas sobre un hecho por demás dañino para nuestras sociedades en la lucha contra la corrupción.

El primer hecho que debemos destacar es que cuando existe libertad de expresión,  los periodistas se erigen en polícias e investigadores implacables contra todo acto de corrupción, rebasando los limites de las investigaciones de las autoridades oficiales, que ya sea por complicidad o por la complejidad del tema no tienen ni la voluntad, ni la fuerza para descubrir los robos al Estado.

Lo segundo es que la libertad de expresión solamente es posible en un ámbito de respeto a las tan desacreditadas y detestadas reglas formales de la democracia burguesa, o lo que es lo mismo decir, que sólo se da en un ambito en el que se respetan los derechos civiles y políticos de primera generación, tan denigradas por quienes las tildan de excluyentes, elitistas y formales y buscan afanosamente contrarestar y disminuir su importancia bajo formulas de la alabada democracia material de los derechos económicos, sociales y culturales, cuyo resultado al final del día, es que ni se aplica la democracia formal burguesa, ni se aplica la democracia material y se establece un tipo de dictadura populista, bajo el eufemismo del centralismo democrático o ultimamente bajo la pregonada democracia directa, que ni es directa, ni es democracia y solo tiene como respaldo, la eficaz propaganda, el engaño del marketing y la demagogia de la simbología.

La importancia de lo ocurrido en el Perú y otros países, donde el escandalo de la corrupción de OBDEBRECHT tuvo como consecuencia el alejamiento, renuncia o destitución de varios mandatarios de Estado, es que solamente en un país democrátio es posible la lucha contra la corrupción a los más altos niveles de gobierno, lo contrario nos da el ejemplo de Venezuela en el que la misma empresa de la corrupción, ODEBRECHT corrompio a los funcionarios del chavismo, no con 5 millones de dólares, como es el caso del PPK, sino con 98 millones de dólares, pero que hasta la fecha no tiene la más mínima importancia, ni es parte del debate público, ni político y seguramente para sorpresa de muchos y confirmación de la gran mayoría, ese mismo régimen será el gran victorioso de las proximas justas electorales, como premio a la corrupción, al desabastecimiento, a la hiperinflación y a un sin fín de maldades propias de un régimen dictatorial y sangriento como es el venezolano.

En Bolivia, hasta hace algunosd días, que se conoció un supuesto pago a la ex titular de la ABC, al parecer no ha intervenido la empresa ODEBRECHT, sin embargo para nadie es desconocido que uno de los grandes males de este gobierno es el mar de corrupción que le rodea, la adjudicación de obras publicas por contratación directa es una práctica sostenida y alimentada desde las más altas esferas del gobierno, que la han trasformado en legal mediante la propia norma jurídica que autoriza la contratación directa en cualquier caso, cuando la contratación directa siempre fue una forma de contratación excepcional, en casos en la que por circunstancias muy especiales se debe recurrir a esta modalidad bajo una serie de pre requisitos que justifican su uso, sin embargo desde que llego este gobierno al poder se ha trasformado en la regla general.

De ahí la importancia de la democracia, porque una de las formas más eficaces de la lucha contra la corrupción es la trasparencia y ésta sólo es posible en un régimen democrático y donde la libertad de expresión y el sano funcionamiento de un periodismo libre, independiente, plural y competitivo es la mejor garantía de que casos, como lo que sucede en Perú y otros gobiernos de la región, no sean escondidos, ni inmovilizados por los regímenes dictatoriales y autoritarios como los que tenemos en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, cuyos casos de corrupción saltan todos los días y se encubren unos con otros y en el que la iniciativa del gobierno por poner temas de cualquier otra naturaleza para hechar cortinas de humos, es el pan de cada día para distraer a la opinión publica y a toda nuestra sociedad.

Cuanta razón tuvo aquel personaje que dijo que es preferible una mala democracia a la mejor dictadura, porque en democracia la corrupción es denunciada y hay posibilidad de combatirla, en cambio en dictadura todo se esconde y se tapa, pero lo más triste es que la corrupción a quienes más afecta es a los estamentos más pobres y vulnerables de toda sociedad.

 

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