Tarija

La vida desde dentro de Tariquía; trabajo, agricultura y miedo a la exploración hidrocarburífera

La vida desde dentro de Tariquía; trabajo, agricultura y miedo a la exploración hidrocarburífera
Entrada a la reserva de Tariquía en Tarija. Foto: La Voz de Tarija
Martes, 3 abril 2018 - 23:04 PM - Jessica Hoyos Flores
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En los últimos años en Bolivia los conflictos a nombre “del desarrollo” entre el Gobierno Central y áreas protegidas como el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure (TIPNIS) en Beni y la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía en Tarija parecen llegar al mismo fin, luchas incansables que terminan a favor del Gobierno a sola firma de papel. 

Es justamente lo que ha sucedido el pasado miércoles 28 de marzo cuando la Cámara de Diputados aprobó por mayoría tres proyectos de ley para la exploración y explotación de hidrocarburos en áreas de la reserva de Tariquía como Iñiguazú  San Telmo y Astillero, estas leyes están en curso hacia la Cámara de Senadores.  

Durante los años de tira y afloja entre los comunarios de la reserva y el gobierno, la gente del distrito 8 perteneciente al municipio de Padcaya, ubicado dentro de la zona protegida, han sido los que han estado en constante defensa de Tariquía. 

Han visibilizando la causa y se han opuesto rotundamente a la intervención gubernamental señalando que la sísmica y la contaminación afectarán a todos indiferentemente que la exploración se realice en los distritos 10 y 11, además han organizado masivas marchas y caminatas hasta la ciudad de Tarija ubicada a más de 300 kilómetros de distancia sorteando el cansancio y las inclemencias del tiempo. 

Son 10 las comunidades que pertenecen al distrito 8: Cambarí, Acheralitos, Chillahuatas, Motoví, San Pedro, Pampa Grande, Puesto Rueda, San José, Acherales y Volcán Blanco.  El equipo de La Voz de Tarija ingresó a la zona para conocer las apreciaciones de los comunarios ante la nueva aprobación de los proyectos de ley. 

Partiendo antes que salga el sol se llega a Padcaya, municipio que está a una hora de distancia en movilidad de la ciudad de Tarija. Se debe tomar un desvío entrando por la comunidad de Orozas, no tiene ningún tipo de señalización y a nadie parece importarle. “Solo entran los que conocen”, dice el chofer que hace el servicio de la “Asociación de Transporte Tariquía”.  

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El servicio tiene un costo de 60 bolivianos y una duración de unas 3 horas más desde el ingreso por Padcaya hasta Pampa Grande – Potrerillos donde está ubicada la sede comunal. Los caminos son estrechos y con bastantes curvas cerradas pero cuando no hay neblina ofrecen unas vistas maravillosas, no solo de paisajes sino también de flora y fauna del lugar, se puede disfrutar de paisajes, caídas de agua y del avistamiento de aves y animales como zorros y gatos del monte que se asoman curiosos ante la presencia humana. . 

Una vez se llega al descampado de Potrerillos es momento de prepararse para la caminata de 45 minutos, ha llovido recientemente y no se puede ingresar al pueblo de Pampa Grande. Hay que descalzarse para cruzar el río Tarija cuyas aguas están bastante frías, “el que quiera puede beberlas y sentir como refrescan estas aguas puras y cristalinas”, aconseja Alejandra Nieves, un joven vecina de la comunidad de Pampa Grande. 

Llegar a la pampa es un espectáculo, el color verde, la zona y el aire tan puro como pueda uno imaginarse solo es mejorado por las sonrisas de los niños que aparecen corriendo a saludar a los recién llegados. Se huele también la comida cocinándose en el fogón, ya es casi hora de almorzar y las familias ya han recolectado leña para preparar sus alimentos. 

Los comunarios no han querido dar nombres para evitar conflictos políticos entre las familias, ya que todos se conocen, es por eso que las personas con las que se ha hablado en este artículo no son dirigentes, son solamente residentes de la zona que han abierto sus pensamientos y preocupaciones a este diario. 

Juan (nombre ficticio) se encuentra tejiendo una canasta de bejuco en la comunidad de Pampa Grande, posteriormente pasará a las labores agrícolas. Recién ha cosechado maní y tiene que preparar los elementos necesarios para pelarlos y con suerte poder venderlos.

“Aquí tenemos una vida tranquila, es dura la vida del campo, sembramos y la naturaleza nos da lo necesario para poder mantener a nuestras familias yo tengo maní, yuca, paltas, cítricos, algunos animalitos para lo demás nos aprovisionamos de Tarija”, cuenta. 

Son las 19.00 horas, se hace la noche y cae la oscuridad. Algunas casas cuentan con paneles solares que les proveen un poco de luz, otros tienen linternas, pero la mayoría se acuesta como dicen ellos “junto a las gallinas”.

A las 20 horas de están casi todos acostados cobijados bajo la luz de una luna llena que regala una noche clarita en la reserva, están todos listos para comenzar la jornada a las 5 am y aprovechar el día al máximo. 

El amanecer llega con una infinidad de despertadores naturales, los tero – tero, loros, cotorras, gallinas, patos, gansos, chanchos y perros dan los buenos días a todos 

Es momento de salir a conversar con la gente y consultar que opinan sobre las leyes aprobadas recientemente que avalan la exploración de la zona pero muchos de los tarquiyeños aún no se han enterado y reciben la noticia con mucha tristeza, es la misma reacción en todos. primero abren muy grandes los ojos y agachan la mirada, se rascan un poco la cabeza con resignación pero se recomponen rápidamente y se dan para sí mismos mensajes de esperanza.   

Los vecinos se encuentran a distancias considerables pero nada que no se pueda solucionar con un grito, así se puede alcanzar a una mujer de unos 50 años aproximadamente que se dirige a casa de una familiar suya a paso firme.

“¿Y ahora que podremos hacer, será eso ya seguro? Esta situación ha traído mucha pena a la comunidad la mayoría no quiere pero hay algunos que sí que tienen sus intereses y no les importa sacrificar la reserva, aquí seguimos divididos por eso incluso familias se han peleado, ojalá el Gobierno recapacite porque si no que más podemos hacer nos pueden hacer desaparecer y listo seguir haciendo lo que quieren”, comenta. 

Una joven pareja que está cargando víveres en sus burros también se queda incrédula con la noticia. “Hay, no puedo creer ¿acaso nuestra voz no cuenta? Es casi un atropello lo que están haciendo y cómo es posible que mientan que no va a afectar al medio ambiente, claro que afecta y no es que esito nomás, quieren explorar en unos años más van a seguir y seguir hasta acabar con todo siempre es así uno da la mano y se trepan hasta la cabeza”, asegura él.  

Avanzando a caballo hacia la comunidad de Motoví, se perciben comunarios trabajando la tierra, haciendo mejoras en sus viviendas, yendo a pescar para la comida del día o cortando leña. Un grupo de trabajadores que están en una pausa mientras pallan (cosechar) papa también expresan su sorpresa sobre los planes de entrar a la reserva, se miran y uno que otro reniega en contra de las autoridades de turno, locales y departamentales.  

No hay ayuda, estamos peleando contra algo muy grande, el Gobierno. Pero estamos peleando nosotros solitos tanto votamos por asambleístas, alcaldes, gobernador, más bien nos dan la espalda, no saben traer beneficios para la gente”,  espeta. 

Tariquía está expuesta ahora a perder parte de su biodiversidad, el ingreso de la exploración y explotación de hidrocarburos trae consigo actividades como la sísmica con dinamita y explosiones más la contaminación ambiental pueden afectar a las fuentes de agua, desforestar bosques y dañar a las más de 808 especies de flora y 406 especies de fauna, entre las que figuran el oso de anteojos, el jaguar y el tapir.  

La apertura hacia proyectos de estas características traerá consigo el ingreso de trabajadores, maquinarias y personas con poca o nada conciencia ambiental conformarán nuevos asentamientos humanos y se facilitará el desarrollo de actividades ilegales como la caza indiscriminada dentro de la reserva.  

Tariquía está a la espera de su destino, con un sentimiento que es una mezcla entre pena y resignación. Tariquía tiene miedo de ser violentada en sus entrañas para ver cómo se rompe el equilibrio natural en las 246.870 hectáreas de extensión que ella alberga incluso desde mucho antes de haber sido considerada como una reserva natural por decreto de ley el 2 de agosto de 1989. 

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