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¿Realmente tenemos más derechos?

Lunes, 2 abril 2018 - 07:00 AM - Arturo Yanez Cortés
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Les pregunté a mis alumnos de la asignatura Sistemas Internacionales de Derechos Humanos de la Maestría en Derecho Constitucional del CEPI, todos colegas abogados, ¿Cuáles consideraban los derechos humanos más violados en el pluri? Sus respuestas, me dejaron muy sorprendido. No porque hayan identificado un conjunto significativo de derechos que no se cumplen ni por aproximación (lo que no es una novedad) sino por la enorme variedad de derechos incumplidos, identificados y fundamentados.

Van desde el derecho a la libertad de expresión, que se identifica como uno de los más frecuentes en ser violado, aunque debo precisar con varios de ellos, que en realidad no es que se impida su ejercicio (algo ya casi imposible en la era de las RRSS) sino gran parte coincide en que a partir de ello, el régimen escarmienta por diversas vías a quienes piensan distinto y lo dicen de manera pública. No es entonces que se impida su ejercicio, sino que se castiga por ello.

Pasan también, por supuesto, por el derecho al Debido Proceso, a través de un conjunto variadísimo de sus componentes, por ejemplo el derecho al juez natural, competente e imparcial (prácticamente nadie que recuerde, cree que hoy por hoy hayan jueces independientes …del poder partidario); el acceso a la justicia, pues si bien habría que destacar que hoy existen más facilidades para ese fin, siguen siendo sumamente formales, sin que realmente ese acceso sea oportuno (terrible la retardación) y peor efectivo (que produzca los resultados previstos);  por supuesto que aparece también el principio de legalidad, fundamentalmente a través de la aplicación retroactiva en perjuicio de la ley penal (sea material, procesal y hasta de ejecución); el derecho al recurso o la impugnación, a través de situar las formas por encima de las esencias y, claro, les hubiera sido imposible no identificar la violación del derecho a la libertad, juicio previo y estado de inocencia, puesto que hoy hemos batido los peores récords de presos sin condena (incluso aquellos del sistema inquisitivo de finales del siglo pasado) lo que resulta multiplicado por el gravísimo hacinamiento carcelario, y  así sucesivamente, un conjunto significativo de garantías informadoras de la madre de todas las garantías: el Debido Proceso.

Tampoco se les olvidó acertadamente, entre los derechos sociales, identificar al derecho al trabajo o mejor, a una fuente laboral estable, equitativa y satisfactoria, lo que pasa también por el disfrute de los derechos a la seguridad social. Imposible les fue, por supuesto, identificar también como vulnerados los derechos de los niños, de las mujeres y de los indígenas. Ni qué decir, del derecho a la igualdad (tal vez sea el que más apareció identificado como violado).

Así el estado del arte, cabrá preguntarse: ¿Por qué si tenemos tantos derechos en la CPE o los Instrumentos Internacionales, en la realidad no los gozamos? No es que sea tan gil en sostener que a partir que aparezcan consagrados en algún papel, ¡zas! ya debieran inmediatamente hacerse realidad o que haya algún país en el que todos gocen de todos los derechos franqueados en su favor, pero… por lo menos cabría llamar(nos) la atención que el enorme conjunto de derechos consignados en la nueva CPE (vs muy pocos deberes) se han convertido en otra estrategia envolvente (léase engaño) MAS con que el régimen ha timado a los ingenuos que pensaron sea haría realidad con su aprobación.

En el caso del pluri, el enorme catálogo de derechos franqueado en nuestro favor por la CPE e incluso, por orden de su art. 256 (prostituido por el anterior CPE) aquellos contenidos en instrumentos internacionales, han quedado resumidos en aquella fabulosa frase: “el papel lo aguanta todo” pues el régimen no sólo ha sido absolutamente incapaz para intentar siquiera realizarlos (aunque no es fácil, para nadie) sino que los viola sistemáticamente, vaciándolos de contenido, salvo que convenga a la nueva oligarquía. Es que: “La verdadera civilización es aquella en la que todo el mundo da a todos los demás, todos los derechos que reclama para sí mismo”. Robert Green Ingersoll

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