SERGIO MONTES, S.J. VIVIR ES UN ACTO POLÍTICO
Sábado, 27 enero 2018 - 06:55 AM - Agencias
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Algunas reflexiones que me suscitan algunos dichos y hechos:

  1. La tendencia a dividir la realidad entre buenos y malos, con una interesada visión dualista y maniquea, sólo caricaturiza la complejidad de la misma y depende del bando en el que uno se inscribe (los “otros” siempre son los malos). Las realidades “químicamente puras” no existen.
  2. Estoy harto de que los políticos (sean del bando que sean) digan que tal o cual acción es “política”, para decir que algo no les gusta, está contra sus intereses o responde a otra forma política (con la que están rabiosamente en desacuerdo). VIVIR es un ACTO POLÍTICO, aunque no solo es eso y miles de acciones son políticas, no reconocerlo no sólo es ceguera sino idiotez.
  3. Hoy se usa y acusa con el uso de la mentira como arma política con total ligereza. Miles de esos calificativos deberían hablar de error o equivocación, la mentira implica la voluntad decidida de obrar con malicia…. ¿tanta gente sólo vive para hacer daño? Cualquiera puede cometer errores y es bueno que nos lo hagan notar pero es muy dañino para la sociedad acusar de mentir así por así pues lleva a crear un clima de gran desconfianza (todos conspirando contra todos).
  4. Como inocentes palomitas algunos políticos reniegan del conflicto (cuando no está de su parte) y lo que hacen es todo lo contrario: invocarlo, motivarlo, provocarlo, fomentarlo, encendiendo emocionalmente al pueblo, con rabia, odio, deseos de venganza, frustración, impotencia, exacerbando diferencias y características, todo para mantenerse aferrados al poder. Eso es inmoral pero, a veces, a la sociedad ya la moralidad de las acciones/actos le importa poco y puede camuflar en diversas justificaciones sus propias incoherencias.
  5. Democracia ha venido a significar (por los usos antojadizos de quienes tienen algún poder) aquello que me sirve, conviene y reditúa en la política y en medio de la maraña compleja de significados y vivencias estamos perdiendo en la sociedad algo fundamental: la capacidad de diálogo, debate de pensamientos, ideas, análisis, etc. (no pura pelea para ver quien grita más o insulta mejor) y la capacidad de escuchar al otro/la otra. Nuestros diálogos no nos transforman, sólo nos instalan y confirman con mayor fuerza en lo que ya creíamos.
  6. La descalificación desde la orilla que veo y vivo las cosas se ha convertido en moneda corriente de intercambio. Descalifico a la izquierda, a la derecha, al oficialista o al opositor, al liberal o socialista, al ciudadano o al activista, simplemente porque así los etiqueto y esa etiqueta tiene una connotación negativa (casi como condición necesaria). Divido el mundo en blanco y negro y así cómodamente el uno es malo y el otro bueno, positivo o negativo. En resumen: primero va la etiqueta, luego -a veces- el porqué, y siempre: la descalificación negativa. Así perpetuamos formas racistas, discriminadoras, intolerantes, descartando a quienes no convienen a nuestras ambiciones de poder.
  7. Así como Vivir es un acto político y tiene que ver con el conjunto de relaciones que se tejen en nuestras complejas sociedades, esa vida política en democracia implica no perder de vista la necesaria resistencia a todo abuso de poder. La resistencia es indispensable para poner límites al poder, porque la democracia nos cuesta a todos, nos implica a todos y nos conviene a todos ¿o no?

Lo dicho es UNA visión de la realidad que en un mundo tan complejo no puede ser enciclopédica y omniabarcante, le faltan elementos, seguro, pero es para dialogar no para decir: yo tengo la razón y punto. Ahora que como cuesta leer a lo mejor es más interesante hablar de la realidad sólo con memes.

por: Sergio Montes, S.J.

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