Historia

El convento Franciscano de Tarija conserva gran parte del arte, la fe, los secretos y la historia tarijeña

El convento Franciscano de Tarija conserva gran parte del arte, la fe, los secretos y la historia tarijeña
Archivo histórico del convento franciscano en Tarija
Domingo, 7 enero 2018 - 10:54 AM - Gabriela Flores
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El convento Franciscano de Tarija guarda tesoros de interés para los turistas y a pesar de ser muy hermético se puede tener acceso al menos a la sala de enseres y utensilios de cerámica que datan de cientos de años atrás.  Además de otros secretos de la historia tarijeña.

El convento cuenta también con una biblioteca de más de 15.000 volúmenes de gran valor histórico y con una Pinacoteca de la época colonial.

El convento de Tarija nació el 18 de mayo de 1606 como ermita con la denominación de Santa María de los Ángeles, que traducía la soledad silvícola y la pobreza de la primera morada de San Francisco de Asís y sus compañeros.

Según la historia del convento, los propietarios, con obvios objetivos misionales, comprometían un gran número de frailes y la persistencia en la labor iniciada.  Necesitó de amplias estructuras arquitectónicas y de una variedad de actividades internas: templo, residencia de los hermanos, biblioteca, archivo y oficinas de artesanías.

En toda la extensión del convento se puede visibilizar los compromisos asumidos como  la devoción, acción litúrgica y las predicaciones.

“En el interior de sus muros necesitaban visualizar valores que fueran recuerdos de los compromisos asumidos: trabajo, devociones, acción litúrgica y predicaciones implicaban la trascripción de hechos y relatos de la salvación, que indicaban un caminar espiritual”, señala el guía.

También se puede observar la ex procura misional, enseres, estatuaria y crucifijos. Después de la sección arqueológica boliviana, se observan enseres que permiten conocer particularidades de la vida interna del convento: su estar adentro, el andar misionando y labores de actividad como la imprenta que manejan.

La secuencia de los Cristos en la cruz individualiza los momentos de una vida de sufrimiento frente a la muerte y a otro destino de certidumbre en su después.

“Pensamos que la hechura de los más “significativos” crucifijos, corresponde a la tradición conventual iniciada por Fray Francisco Miguel Marí. La secuencia permite valorar pequeños detalles que no se repiten en el modelo único del cuerpo, que es de estilo renacentista”, apunta el guía del convento.

Avanzando un poco más se puede ver la gran pinacoteca colonial, que por el momento no está habilitada al público, ubicada en la parte alta, anteriormente enfermería, se da la sucesión de pinturas y esculturas (después vendrán la biblioteca antigua y el archivo).

El Viceministerio de Cultura de Bolivia ha catalogado a todos los cuadros como de autores anónimos por no encontrarse en ellos la firma del autor.

Y la pinacoteca de arte religioso moderno que no está en relación directa con la pinacoteca colonial.

La distancia se sitúa en la concepción del arte sacro, donde se vive el misterio de la “memoria” litúrgica o de la oración personal por lo cual el arte es poesía interior que se conecta con la figura estética.

Esta tampoco está habilitada para el público.

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