Historias de vida

Del orfanato a la universidad para ser el mejor chef de Bolivia

Del orfanato a la universidad para ser el mejor chef de Bolivia
Jorge Peña cocina un sotisficado plato
Sábado, 6 enero 2018 - 13:05 PM - Agencias
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Con apenas tres años Jorge ingresó en un orfanato de Vallegrande (Bolivia). Nada más nacer, su madre le había dejado a cargo de su bisabuela, quien trató de sacarle adelante hasta que vio que no podía cubrir las necesidades básicas que requiere cualquier niño. En el orfanato pasó toda su niñez sin saber nada de sus progenitores. De vez en cuando regresaba a su pueblo para estar con su bisabuela, lo más parecido a una madre que había tenido.

No tenía ni un solo recuerdo de su madre ni tampoco había vuelto a saber de ella. Sin embargo, a los 10 años la mujer llamó a la puerta del orfanato y Jorge pudo ponerle cara a esa madre a la que sólo conocía a través de su bisabuela.

«En las vacaciones venía a buscarme y me llevaba al campo con mi padrastro a trabajar. Así estuve durante dos años, hasta que decidí hablar con el director para decirle que no quería volver a irme con ella», explica Jorge.

Y es que, lo que se suponía que debían ser unas vacaciones familiares, en realidad eran jornadas de intenso trabajo, a las que el niño no podía negarse si no quería recibir un castigo físico.

Después de vivir ese triste episodio, Jorge accedió al orfanato para mayores, en el que los chavales aprenden a trabajar en el campo a cambio de un pequeño salario. «Allí me junté con otros jóvenes y empecé a ir por mal camino. Fue en ese momento cuando el director me ofreció irme a estudiar a la ciudad de Santa Cruz».

El joven no lo dudó y aceptó trasladarse al Hogar de los Niños de Santa Cruz de la Sierra, una decisión que sin lugar a dudas ha sido trascendental en su vida. Y no sólo por la posibilidad de cursar bachiller, sino porque en el hogar conoció a las voluntarias de AEA Solidaria, la ONG que le ha dado la oportunidad de salir de su situación de vulnerabilidad ofreciéndole la formación necesaria para aprender un oficio y ganarse la vida dignamente.

«Cuando cumplí los 18 años tuve que abandonar el hogar y me quedé en la calle. Fue un golpe muy duro. Por suerte, un antiguo compañero del orfanato, César, me ofreció irme a vivir con él en una habitación que tenía alquilada», expone.

Durante los primeros meses, intentó ganarse la vida como aparcacoches, hasta que entró a trabajar en el mismo restaurante en el que trabajaba César. Así fue como descubrió su verdadera pasión: la cocina.

«Empecé como pinche y ahí comenzó mi aventura. No fue fácil. Ganaba 1.000 bolivianos al mes y pagaba 800 de alquiler. Una vez pagados todos los gastos, me quedaba menos de un euro por día para subsistir», recuerda.

Fue entonces cuando se le presentó una de esas oportunidades que sólo aparecen una vez en la vida. Después de cuatro años colaborando con el Hogar de los Niños de Santa Cruz de la Sierra, las voluntarias de AEA Solidaria decidieron becar a uno de sus jóvenes para que pudiera cursar estudios y labrarse un futuro mejor.

«Al principio siempre nos centrábamos en los más pequeños, chicos de 6 a 9 años, porque nos parecían los más vulnerables. Pero con el tiempo nos dimos cuenta de que cuando cumplen la mayoría de edad tienen que salir a la calle sin tener absolutamente nada. Sin familia y teniéndose que buscar la vida», esgrime Marta Andreu, presidenta de la ONG AEA Solidaria, entidad que trabaja a favor de la infancia desfavorecida en Bolivia y República Dominicana.

Tras contemplar distintas posibilidades, el director del orfanato propuso que la beca de AEA recayera en Jorge Peña, pues le veía como el candidato idóneo, capaz de aprovechar la formación que le ofrecía la ONG española.

«Decidimos que se viniera a España por un año. La idea era abrirle la cabeza y darle toda la formación para que cuando volviera a Bolivia pudiera conseguir mejorar su vida», apunta Marta.

Gracias a la Fundación Indig, nada más llegar a Palma, Jorge empezó el curso de gestión de bares y restaurantes en la Escuela de Hostelería de la UIB. Una formación que completó con otro curso de cocina impulsado por el SOIB.

«La sorpresa más grande para nosotras fue comprobar el esfuerzo que hizo Jorge. A nivel educativo estaba muy por debajo del resto de compañeros y fue impresionante el esfuerzo titánico que hizo para sacar adelante el curso», expone orgullosa la presidenta de AEA.

Así, después de pasarse las mañanas y las tardes en la Universidad estudiando los dos cursos, por la noche Jorge llegaba a casa de Marta -donde vivió como uno más de la familia durante su estancia en Mallorca- y se ponía a estudiar de manera incansable para poder sacar adelante sus estudios y aprovechar la oportunidad que le habían dado desde AEA Solidaria.

Orgullo en la universidad

«El último día de clase me pidió que le acompañara a la Universidad. Fue un orgullo para mí presenciar cómo los tres profesores que tuvo le dieron las gracias por demostrar que se puede seguir adelante. Pusieron en valor el que Jorge hubiera compartido aula con gente con muchísimos más recursos y habilidades que él y que, sin embargo, hubiera sabido aprovechar los cursos como nadie», destaca.

El año de estudios, vida y aprendizaje de Jorge en Mallorca pasó muy rápido. Y además de poder formarse en lo que se ha convertido su gran pasión -la cocina-, el joven pudo hacer realidad ese deseo tan anhelado que pidió al cumplir cinco añitos: poder vivir en una familia.

Con tristeza pero con la satisfacción de haber aprovechado cada instante la oportunidad que le había ofrecido su ya familia de AEA Solidaria, Jorge volvió a Bolivia. Su estancia en Mallorca le había convertido en otra persona totalmente distinta a la que, un año atrás, había cogido ese avión rumbo a una isla a la que ahora siente como su casa.

«La formación que hizo en la UIB le ha permitido entrar en uno de los mejores restaurantes de Santa Cruz de la Sierra, en el que ocupa el cargo de jefe de plato frío. Está ganando tres veces más que antes, lo que le ha permitido alquilar una habitación para él solo y no tener que compartirla con otros tres compañeros como antes», relata Marta Andreu, al tiempo que añade que desde la ONG le están sufragando estudios complementarios de cocina para que el joven se convierta en el mejor chef de Bolivia.

Por su parte, Jorge Peña -que recientemente ha estado en España para participar en uno de los congresos de la Fundación Lo Que De Verdad Importa– recuerda su año en Mallorca como la experiencia más inolvidable de su vida.

«A nivel personal, aprendí a tener una familia. Tener un padre, una madre, unos hermanos… Nunca antes había tenido esa oportunidad. Y a nivel laboral he podido adquirir los conocimientos necesarios para ganarme la vida como profesional de la cocina», asegura Jorge, en cuyos planes de futuro está el poder montar su propio restaurante y regresar a España./

M. ANTONIA CANTALLOPS para el diario El Mundo 
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