ARTURO YÁÑEZ CORTES JUSTICIA: ¿FIN DE UN CICLO? …
Lunes, 1 enero 2018 - 06:35 AM - La Voz de Tarija
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El 2 de enero de este año 2018, el sistema de justicia boliviano ¿cerrará un ciclo o lo continuará? con la posesión de sus nuevos altos cargos, “electos” (en realidad, rechazados por el soberano con porcentajes muy superiores al 50% entre votos nulos y blancos), al igual que sus antecesores, que así concluyen sus funciones.

¿Será el fin de un ciclo perverso o su continuación, aún más perversa? Asumiendo como significado de perverso a lo sumamente malo e implica corromper el orden o estado habitual de las cosas; sostengo que el ciclo inaugurado el 2012 como producto de una de las “novedades” de la CPE ensangrentada de La Calancha que había demagógicamente proclamado que los altos cargos judiciales serían, ahora, elegidos por el pueblo, resultó un fiasco completo, tanto por su origen –fueron en realidad electos por el partido de gobierno y perdieron por goleada en las urnas soberanas- y peor por su desempeño, absoluta e inocultablemente sometido al poder, del partido que les hizo el favor de elegirles, sin el menor mérito que no sea el del padrinazgo de algún movimiento social oficialista, el cobro de alguna factura o servicio prestado al régimen o la promesa de cumplir ciegamente sus órdenes, sin importar las consecuencias.

A la prueba me remito: la última, el repugnante fallo del TCP bendiciendo el “derecho humano” de su jefazo para ser dictador, pasándose por el orto lo que el soberano ya decidió el 21F, aunque recuerdo muchos otros, menos tristemente célebres, pero igual de absurdos e irrazonables. Y así, los ejemplos podrían continuar, a gusto y sabor del lector.

Estoy consciente que el administrar justicia no es una tarea fácil y, tratándose de Tribunales de cierre del sistema, requiere de altísimas aptitudes técnicas, morales y hasta actitudinales. Alguien dijo acertadamente que la mujer del Cesar no sólo debe serlo sino parecerlo y, sensiblemente esa sabia recomendación no fue ni por la tapa cumplida por las instancias que concluyen, en medio del oprobio, su ciclo. Más allá de sus discutibles resoluciones cuando les tocó poner límites al, usualmente arbitrario proceder del régimen, cualquier ciudadano habrá advertido, sin ser exhaustivo, que la improvisación, el servilismo político, la absoluta falta de transparencia y cuando no la corrupción, campeó en el proceder de esas instancias, dejando al ciudadano, sobre todo sí se enfrentaba al régimen que administra el estado, absolutamente indefenso, ante su desde ya desmedido y distorsionado poder.

Basta para ello, considerar por ejemplo que los únicos plazos procesales que el TCP o el Supremo cumplió, fueron los que le beneficiaban al régimen, el resto de causas llevaron impecablemente como fecha de resolución, una –falsa- que supuestamente cumplía el plazo, pero que en realidad obedecía a varias semanas o meses atrás, con la complicidad de sus funcionarios de apoyo; quienes además, por si fuera poco, hacían “aparecer” también falsamente las notificaciones a las partes, sin cumplirlas legalmente. Sus páginas web que, supuestamente, muestran el seguimiento de las causas, nunca fueron actualizadas según su real avance y, ni qué decir de los “emisarios u operadores” que tratándose de casos de relevancia principalmente económica, intervinieron –con tarjeta y todo- para negociar los fallos, con la impunidad asegurada, por los servicios prestados al régimen u otras tramas delincuenciales.

El gobierno del Judicial, fue aun peor de sus ya controvertidos antecesores. Las designaciones nada transparentes y en muchos casos, se sabe, subastadas al “mejor” postor y/o recomendado partidario o funcionario del entorno, su manifiesta incompetencia para intentar siquiera resolver los problemas administrativos del órgano y el desprecio por la carrera judicial, para no señalar la parcelación del poder entre sus miembros con fines por todos conocidos, marcan el desempeño de un nefasto ciclo de la justicia, que ahora se intentará dotar de impunidad por sus benefactores partidarios.

Las nuevas autoridades posesionadas, nuevamente marcadas por el signo de su evidente ilegitimidad, tienen ahora el enorme desafío de continuar ese ciclo funesto – agravándolo- o hacer lo contrario. ¿Podrán? ¿Tendrán éxito? ¿Fracasarán una vez MAS? En todo caso, espero huyan de aquello censurado por Roger CORTEZ: “Para remediar el fracaso de los escopetazos, deciden recurrir a los cañonazos”.

por: Arturo Yáñez Cortes

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