PÁVEL BALDERAS ESPINOZA EL ABRAZO, EL DURAZNERO Y EL ABUELO
Miércoles, 27 diciembre 2017 - 07:13 AM - La Voz de Tarija
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De cada experiencia vivida puede nacer una historia, no hace falta más que hilvanar ideas y plasmarlas en letras. Aunque resulta difícil comprender en ocasiones, si tendrá un significado cada una de ellas.

La que voy a narrar ocurrió hace más de dos décadas en casa de Papá, entonces ya convertido en abuelo, con árboles frutales plantados por sus manos y cuidados con afecto, que al llegar el verano daban frutos sabrosos: higos, enormes chirimoyas, duraznos y ciruelos, frutas que aún hoy me acercan nostálgicos recuerdos.

Un invierno muy crudo que secó un duraznero, fue decisión de mi padre, ya convertido en abuelo, el cortar aquel árbol porque ya estaba seco. Era el más imponente, el que refrescaba con su sombra los calurosos veranos y daba cobijo a los nidos de las aves en los fríos inviernos.

Enterados sus nietos del acontecimiento, de cuatro y seis años los pequeños, corrieron presurosos a abrazarse del árbol, para que el jardinero no tumbe el preciado duraznero. Era al que trepaban para ver el cielo, era el cohete en el que viajaban para acercarse a la Luna y poder verla de cerca. Pese a la explicación amorosa del abuelo, los niños no se desprendieron casi toda una noche del imponente y moribundo duraznero. Pudo más el amor a sus nietos, el seco arbóreo no fue derribado. Luego me contó Papá que decidió no hacerlo porque el más pequeño le dijo al oído: “es nuestro amigo y amigo de la Luna, dice que solo está cansado no está seco”. Esa noche, el abuelo acompañó con su abrazo al de los pequeños.

Hace una semana pasé por aquella casa donde papá ya no está y donde ya no vivimos hace mucho tiempo, de árboles plantados por quien fue un amoroso padre y abuelo. Aún imponente se le ve a lo lejos, aunque seguro fatigado y sin frutos, el árbol vivió por el abrazo, pienso.

Sólo una oportunidad necesita quien se siente vencido y sin fuerzas, como aquel árbol amigo de los dos pilluelos, que decidió no cortar el abuelo, por el profundo amor a sus nietos.

Es mi deseo, que esta Navidad renueven sus esperanzas.

Felices fiestas.

por: Pável Balderas Espinoza

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