GUSTAVO BLACUTT ALCALÁ ¿VIVIMOS UNA DEMOCRACIA O UNA DICTADURA?
Martes, 26 diciembre 2017 - 07:24 AM - La Voz de Tarija
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En la ciencia política la clasificación del tipo de régimen de gobierno existente en un país es un tema amplio y complejo, diferentes autores han realizado un sinfín de clasificaciones para distinguir los tipos de gobierno que se han ido dando a lo largo de la historia, entre las que podríamos nombrar por ejemplo los regímenes democráticos, presidenciales, parlamentarios, monárquicos, republicanos, aristocrático, totalitarios, oligárquicos, islámicos, autoritarios, populistas, dictatoriales, deliberativos, plebiscitarios, etc., etc.

Con la irrupción del socialismo del siglo XXI, en américa latina se ha observado la inauguración de regímenes aparentemente democráticos, especialmente en el origen de su legalidad y legitimación en el poder, que con el transcurso del tiempo y en especial en el ejercicio del poder fueron derivando en regímenes autoritarios en principio, para transformarse en regímenes abiertamente dictatoriales, especialmente en Venezuela y Bolivia.

Este fenómeno político que sucede en estos países, tiene desconcertados a muchos estudiosos de los fenómenos políticos, porque en estos países se pueden observar muchos rastros de democracia todavía vigentes, lo que ha permitido llamar a estos regímenes como democracias mixtas, democracias controladas, democracias autoritarias, democracias plebiscitarias, etc., etc., pero democracias al fin.

Algunos autores como Przeworsky, señalan que para identificar a un régimen como democrático al menos tendrían que cumplir un mínimo de condiciones para ser considerados democráticos y que la ausencia de cualquiera de estos requisitos mínimos convertiría al régimen en uno dictatorial; los requisitos son los siguientes:  1) el primer ministro/presidente debe ser elegido directa o indirectamente por elecciones; 2) el poder legislativo debe ser elegido por elecciones; 3) los electores pueden elegir entre dos o más partidos independientes y 4) debe existir alternancia en el poder tras, al menos, dos legislaturas o períodos presidenciales.

Por su parte el artículo 3 de la Carta Democrática Interamericana de la OEA establece que son elementos esenciales de una democracia: el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de Derecho, la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto, el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos.

Si analizamos los requisitos que nos plantea Przeworsky, en Bolivia no se cumple el cuarto requisito de la “alternancia en el poder” y si además añadimos en el análisis la Carta Democrática de la OEA, no se cumple el requisito de “acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho, ni la independencia de poderes”, ya que como es conocido el tercer mandato del Presidente Evo Morales es fruto de una interpretación prevaricadora de las disposiciones transitorias de la Constitución Política del Estado y más ahora que las élites del MAS han decidido desconocer los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016, en el que el pueblo rechazó toda modificación del artículo 168 de la carta magna, que cierra el paso a una cuarta re postulación del Presidente y Vicepresidente boliviano.

Por lo expuesto líneas arriba, estoy convencido que vivimos una dictadura de características formales distintas de las dictaduras militares que conocimos en el siglo anterior, pero dictadura al fin, sostengo que vivimos una dictadura judicial, porque la ruptura del orden constitucional y del estado de derecho viene apoyado en resoluciones y fallos de orden jurídico, cuyas interpretaciones y resoluciones son violatorias de los mandatos constitucionales y de los mandatos legales del estado de derecho y que paradójicamente, lo que se transgrede de manera sistemática es el ordenamiento jurídico que se doto el propio régimen, es decir no se trata de una transgresión a las odiadas leyes de los regímenes neoliberales, sino de sus propias leyes, aquellas que el parlamento del MAS aprobó con el fin de facilitar las tareas de su gobierno

La diferencia con las dictaduras militares del pasado, se encuentra en que el uso de la fuerza pública esta solapada y oculta bajo el manto del derecho, cuya eficacia y amenaza es mucho más eficaz, inteligente y selectiva, que el uso grosero, abierto y anodino de las dictaduras militares.

La represión judicial se presenta como parte de los mecanismos del “estado de derecho”, en el que el juez o tribunal, aparentemente se da la molestia de escuchar a todas las partes del conflicto, cuando en realidad sus fallos ya están previamente decididos por los poderosos, en este tipo de dictadura, ya no hacen falta la cara de matones que persiguen, arrestan y allanan las moradas a la sombra de la noche, ni tampoco los tanques y metrallas que llenan las calles, hoy son las caras inocentes y angelicales de señoritas amanuenses, que de manera respetuosa y con una sonrisa en la boca, notifican a los parroquianos a una audiencia de medidas cautelares o dan la noticia del encarcelamiento y reclusión a la luz de las cámaras de televisión, otra forma sutil de requerir los servicios judiciales es la parafernalia de ceremoniosos diputados o senadores que presentan alegatos y memoriales de una supuesta violación de los derechos humanos de los poderosos y quieren escuchar la voz de la justicia, porque la voz del soberano les fue desfavorable, en fin las formas han cambiado, pero el fondo de la represión y la violación del estado de derecho sigue siendo la misma.

por: Gustavo Blacutt Alcalá

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