RAÚL PINO-ICHAZO TERRAZAS LA AUTENTICIDAD TRASUNTADA A LAS RELACIONES HUMANAS Y A LA POLITICA
Domingo, 24 diciembre 2017 - 07:00 AM - La Voz de Tarija
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Sabemos que el liberalismo es restringir al Estado en su hegemonía de acción absoluta y conceder más libertad de acción al individuo. La ética de la autenticidad es una doctrina relativamente nueva y peculiar para la cultura moderna.

Descartes fue un pionero que postulaba como exigencia consiste en que cada persona piense por sí misma de forma auto responsable, empero, la autenticidad ha ingresado en conflicto en algunos aspectos con estas formas anteriores y una forma de describir el desarrollo de la autenticidad deviene en fijar su punto de partida en la nocion que los seres humanos están dotados de sentido moral, de un sentimiento intuitivo de lo está bien y lo no lo está.

La intención original de esta interesante doctrina se centraba en combatir una visión rival; observe el lector que es decisivo, en las relaciones humanas, no observar al prójimo ni al adversario político como un rival que hay que eliminar, acción que propugna distinguir entre el bien y el mal   previendo las consecuencias, sobre todo aquellas concernientes al ámbito laudatorio y el remordimiento.

Esta noción estriba en que la comprensión del bien y el mal no era cuestión de cálculo en forma prosaica, sino que constituía algo inherente a los sentimientos.

En sentido cierto, la moralidad posee una voz interior y esa voz interior es la conciencia moral que se manifiesta en forma personal y perceptible antes de la acción, indicándonos lo que se debe hacer o dejar de hacer, antes de la acción, con voz avisadora, prohibitiva, preceptiva y permisora. La conciencia moral es un mecanismo interior maravilloso que dispone todo ser humano; nadie puede alegar menos afirmar que no posee conciencia moral.

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

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