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Cohetillos, diversión para unos, incluso muerte para otros

Viernes, 15 diciembre 2017 - 11:34 AM - Erika Arnold
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Treintasiete años atrás, en 1980, el icono literario Gabriel García Márquez publicó un artículo titulado “Estas Navidades siniestras”, donde cuestiona la tergiversación y la transformación que ha sufrido el significado de la Navidad a través de los últimos 30 años. Para ese entonces, haciendo mención al sentido vano que se esconde detrás de los árboles, luces y regalos ostentosos de esas fechas, que en teoría conmemoran el nacimiento del niño Jesús, García Márquez recalca que el protagonista de las mistificadas navidades nació en miseria, sin embargo, las celebraciones que se realizan para recordar este nacimiento, son cada vez más vanidosas.

La Navidad es bastante cuestionada y acusada por haberse vuelto para muchos un acto vano y consumista oculto detrás de una supuesta época de paz y de amor, donde los mismos que la cuestionan, a la hora de la verdad son los primeros en quedar encandilados por las luces de colores y los envoltorios de regalos, entre otras cosas, que la industria cultural aprovecha de sacar al mercado, olvidando que hace un corto tiempo cuestionaban eso mismo de lo cual se vuelven partícipes y de igual manera olvidan que el sentido no está en el consumismo, si no, en un hecho más profundo y un acto de fe.

Si bien esa cuestionante ya ha sido bastante tocada, discutida y manipulada durante muchos años hay que pensar también que la injusticia y las navidades tristes no son solo para los humanos, también lo son para los animales,  peor incluso para ellos, porque son vulnerados.

Pues hay una innumerable cantidad de animalitos abandonados, que duermen y mendigan alimento por las calles, en época de lluvia sin un techo donde mantenerse secos y en época de frío sin nada que los caliente, tratando además de disimular el hambre de días que acumulan sus pequeñas pancitas.

Al parecer esto no es suficiente sufrimiento para ellos durante el transcurso del año, ya que en Navidad emperora. No sé en qué rato los cohetillos y juegos artificiales se han vuelto parte de la celebración al nacimiento de Jesús hace 2.000 años atrás, donde ni siquiera la electricidad se había inventado, pero de repente los cohetillos estruendosos y estridentes son parte de la celebración de la llegada del mesías y para los animales con o sin hogar llegan a ser una tortura, ya que el sonido retumbante que emiten tiene serias repercusiones para sus oídos, mucho más sensibles que los oídos humanos.

Es de conocimiento general que las mascotas presentan una fobia a los fuegos artificiales, que en varias ocasiones por huir en pánico de los cohetes se hacen atropellar o algunos mueren de taquicardia y aunque para esto existan pocas o ninguna ordenanza municipal, debería haber una que regule este juego que termina siendo siniestro. De  igual manera las personas siguen vendiendo y comprando egoistamente este tipo de atractivos, a costa del sufrimiento de los más indefensos y sin ni siquiera pensar hasta en el daño al medio ambiente que causa, pero en cuanto se acaban los fuegos artificiales que reventaron, vuelven a ser amantes de los animales y ecologistas de puro corazón.

Tal vez crean que este articulo está un poco adelantado a la época, pero está pensado en, ojala,  concientizar a las personas que puedan leerlo, que esta Navidad sea una época de paz y amor también para las mascotas y que a la hora de comprar cohetillos piensen también en los demás y no solo en lo lindo que se verá el cielo, aunque eso cause sufrimiento a otros.

Espero que las autoridades emitan la normativa correspondiente y esta Navidad tengan un control serio sobre la venta de petardos, porque el cuidar de los más vulnerables es tarea de todos.

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