RAÚL PINO-ICHAZO TERRAZAS ¿QUIÉN PENSÓ EN EL PUEBLO CATALÁN?
Domingo, 29 octubre 2017 - 07:00 AM - La Voz de Tarija
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La declaración errática de independencia de Cataluña asume matices explícitamente inequívocos de diversidad que acercan la complejidad del ser humano a actitudes emocionales y triunfalistas, naturalmente con próxima conclusión pírrica, generada en este caso cuando la autosuficiencia no meditada en su generalidad e intereses comunes sobrepujan a la realidad.

Fundamentalmente se generó con este proceso de autodestrucción, una flagrante vulneración al Estado de Derecho y no se pueden presumir circunstancias o argumentaciones falaces para violar la Constitución de España, que es la ley de leyes, de cumplimiento y comprensión adecuada en otros países, y que constituye la vigencia de los necesarios ordenamientos jurídicos.

Ahora, el ciudadano español que es también catalán, se pregunta cómo la inexperiencia de un líder y su entorno pueden conducir a un pueblo, solo por impulsos emocionales, a un precipicio de incertidumbres, a soluciones mágicas y peor, a la ilegitimidad, más aun, frente a la negativa monolítica de la Comunidad Europea de reconocimiento, que debe apoyar la preeminencia de las constituciones de sus miembros, para, precisamente, evitar cualquier atisbo independentista en la intimidad de sus pueblos.

La declaración de independencia de Cataluña no ha considerado la propia progresión de anhelos de conquistas laborales, superación del conocimiento, desarrollo humano y seguridad inderogable para su cumplimiento efectivo cuando cumplan los requisitos pactados previamente, cuyos actores son mujeres y hombres catalanes y, que ahora pueden, por la ilicitud de acto de la independencia, ser cuestionados.

El harto laborioso pueblo catalán no ha sido considerado ni consultado para, antes de cualquier declaración, se evite la conculcación y desintegración de sus conquistas sociales. La incertidumbre, no solo emocional e integradora que puede significar no ser reconocidos por la Comunidad Europea, como, al momento de escribir esta columna ya lo expresan potencias como Alemania, Inglaterra y Francia, que es su medio geográfico, estructura una meditación seria e imperativa , que no fue prevista en esta declaración de independencia, superlativamente emocional y de efímera duración.

Las turbulencias naturales que se suscitan entre la endémica y conflictiva relación entre   propietarios y trabajadores por la siempre inequidad del salario, que tiende justamente por el fortalecimiento y el mantenimiento del valor de sus rentas en la fase de la edad de adulto mayor, son las típicas interpelaciones del poder dominante y el dominado, empero, es un ejercicio que asume el marco de la preservación de la seguridad jurídica, pues los acuerdos refrendados tienen la garantía del Estado o Nación. No se pensó que, ante la precipitada independencia de Cataluña, sin consultar a la majestad del pueblo, que es la voz de Dios, quedaran sin respaldo jurídico, en vista de la ilicitud de la declaración de independencia sin respaldo jurídico, pues el Gobierno Central es el garante de todos los avances en desarrollo humano y conquistas sociales, consolidadas dentro de la Comunidad Autónoma.

Se desprecia la unidad del pueblo catalán, sumiéndola intencionalmente en la emoción de una fata morgana de la independencia, que no es pertinente en un mundo actual donde la unidad étnica, la inclusión y la ponderación de la diversidad estructuran a las naciones sin discriminación ni prejuicios raciales, exacerbando sus valores. Actitud consciente que inclina a los pueblos a la unión por la preservación de los intereses comunes, antes que la soledad de un gobierno de un pueblo al cual le confiscan la posibilidad de consenso con todos los países de su área geográfica próxima y extra geográfica.

No se pensó en el destrozo de la convivencia entre españoles que es un valor excelso, intangible, de solida unidad y garantía de solvencia ante otras comunidades de Europa. El pueblo español en su integridad es apreciado ecuménicamente   por la riqueza de su idioma, sus costumbres, su intelectualidad y su invaluable aporte a la historia universal; se estima, por racionalidad consecuente, que casi inmediatamente se enmendaran estos errores de índole emocional y triunfalista que sobrepujan lo jurídico que es abstracto y debe cumplirse, empero, la propia peculiaridad de todas la las constituciones prevé solucionar este desaguisado independentista dentro de la misma constitución.

Lo más deplorable como acción subestimativa es que las decisiones de un parlamento como el catalán no correspondan ni representen la voluntad del pueblo catalán.

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

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