MAX MURILLO MENDOZA EL PAPEL DE LAS CLASES MEDIAS
septiembre 13, 2017 - Gabriela Flores
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El régimen actual proclamó a los cuatro vientos que la pobreza disminuyó en Bolivia, y que un millón de personas más son ahora de clases medias. No existen investigaciones al respecto; pero pues damos el beneficio a que sea cierto y que tantos miles de millones de dólares no sean en vano. Es decir las clases medias son definitivamente las que más crecen en nuestro país, por distintos factores sociales y económicos. Eso sí confirman las cifras del INE, a pesar de la falta de credibilidad de esta institución, que nuestras ciudades significan ahora más del 75% del voto nacional. Desde el 52 y sobre todo en las últimas décadas del anterior siglo, las áreas rurales literalmente se han vaciado para trasladarse a las áreas citadinas. En muchos casos por necesidad económica, empujados por la pobreza, marginalidad y hambrunas rurales; en pocos casos por determinación de progreso y desarrollo de los sectores más pudientes. Así las clases medias están en constante crecimiento a lo largo de todo el país.

No todo lo que brilla es oro. Bolivia no es un país industrial ni medianamente,  lo que ofrecen las ciudades a los cientos de miles de migrantes rurales es casi nada, sino también pobreza, discriminación, racismo, desprecio y algo de oportunidades en sectores gremiales, de construcción, transporte y quizás alguito más en comercio y otros negocios. La historia de la migración en nuestro país es muy parecida a las historias de las grandes migraciones, de los países pobres a los ricos. Quechuas, aymaras, guaraníes y de otras naciones, debemos migrar en nuestro propio territorio a las ciudades que son extrañas y racistas, con procesos de sometimiento económico, esclavitud y en varios de los casos con tratos inhumanos. A pesar de los inconvenientes estructurales, la migración es inevitable ante la miseria y pobreza de los sectores rurales, que en esos procesos complejos después muchos de los indios y campesinos serán parte de las clases medias.

Las clases medias tradicionales son pigmentocráticas y discriminadoras desde siempre, sin identidad cultural con este país, más imitadoras de culturas extrañas y extranjeras. Políticamente débiles; aunque desde siempre jugando un papel determinante con todos los gobiernos de turno, por su papel de oficinistas y técnicos especializados, como en el actual régimen. Pero realmente sin personalidad concreta, sino como segundones ante las modas políticas. Comodonas, oportunistas y buscando el mejor beneficio económico más allá de las ideologías y políticas. En estos años han sido relegadas y arrinconadas en sus expectativas y sueños económicos, por la efervescencia indigenista que los dejó casi en coma respecto de su participación política. Se les redujo los espacios clásicos como las ONGs, mediante políticas anti ONGs, se les redujo espacios de ese tipo por la enfermedad ideológica de ver fantasmas del imperio por todos lados. De esa manera las clases medias fueron cercadas y obligadas a ser parte del proceso de cambio, como técnicos y soldados del proceso a como de lugar, por supuesto sin convicción alguna.

Hoy empiezan a reaccionar lentamente. Se dan cuenta que son numéricamente importantes, que pueden decidir y definir cursos políticos. Y las tareas que tienen en frente son enormes como colosales, desde el encontrarse con el país profundo al que siempre le discriminaron y le trataron muy mal. Construir derroteros de clase media, con identidad propia y genuina desde las raíces culturales nuestras para su propia fortaleza política e ideológica. Tienen que construir caminos convergentes históricamente, para la reconstrucción del Estado en la perspectiva de subsanar los terribles errores de percepción actual, en los que no se respeta las mínimas conquistas sociales y políticas de los últimos 50 años de historia.

Bolivia sigue siendo el país periférico de siempre: pobre, sin políticas educativas competitivas, sin soberanía económica y social, sin futuro ni siquiera a veinte años delante, con las mismas enfermedades coyunturales ideológicas, con las mismas visiones de corto metraje de sobrevivencia pobre, con enormes diferencias sociales y clasistas que han profundizado el capitalismo salvaje en todas las ciudades y sectores rurales. En estos años hemos visto con claridad suficiente los límites del Estado, que definitivamente no puede resolverlo todo ni siquiera con las ingentes cantidades de dinero en sus bolsillos. La iniciativa privada, como las energías económicas diversas son importantes para resolver la inmensa pobreza y miseria del país, que no quiere reconocerse por razones ideológicas. El Estado ha fracasado. Las clases medias tienen un papel protagónico en esta reconstrucción que se viene.

En estos años se consideró una inclusión social política e ideológica; pero en ningún caso hubo inclusión económica. A pesar de las mejoras sociales estructuralmente no cambió en país, y hoy se nota ese desfase cuando ya no existe el dinero suficiente en el Estado. La pobreza y  la miseria se acentúan por todos los sectores sociales, la migración hacia los países ricos es cada vez más fuerte, como el crecimiento del narcotráfico y la corrupción. Los resultados son evidentes del experimento social y político, demasiado poco hemos avanzado. Las clases medias pueden jugar hoy un papel determinante, para reconducir un nuevo derrotero social y económico si es que se reencuentran con ese país profundo, desde su papel profesional, intelectual y técnico necesario para la sobrevivencia del conjunto social y cultural.

La reserva moral ha sido destruida por simples y vulgares visiones terrenales, de gente que no estuvo a la altura de los desafíos. Gente también vulgar y baja desde lo ético; aunque con poder sindical coyuntural. Las clases medias deben reivindicar su papel histórico, arrinconadas y subyugadas en estos años, tienen la oportunidad después del actual experimento que está en decadencia y funciona por control remoto en pactos parecidos al pacto militar campesino.

Por: Max Murillo Mendoza

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