ARTURO YÁÑEZ CORTES MISILES, JUSTICIA Y VENTAS ROTAS
Martes, 12 septiembre 2017 - 06:00 AM - La Voz de Tarija
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El Tribunal Supremo de Justicia acaba de emitir sentencia mixta (condena y absolutoria) por el caso Misiles Chinos. Su resultado no ha sido del agrado de nadie y vaya paradoja, sus magistrados están recibiendo una serie de misiles, de todos los flancos: de las partes interesadas (aunque la acusación, quedó con el rabo entre las piernas), la opinión pública (algo huele raro: no están todos los que son y de oficio le añadieron un misil contra la temida competencia del régimen) y, sin la menor vergüenza, desde el mismísimo régimen, que ya “instruyo” el respectivo proceso, pues lo resuelto no fue del agrado de su jefazo.

No estoy en condiciones de analizar el fallo a profundidad, pero a la vista del estado del sistema de justicia, especulo, que la acusación representada por la Fiscalía General ha debido ser muy pero muy ineficaz para probar su propia tesis acusatoria (le metió no más por la grande: sometimiento total o parcial a potencia extranjera y revelación de secretos) y hoy no le queda más remedio que contentarse con una condena de mucho menor calado. No obstante, bien conocida la falta de independencia del poder político del Tribunal Supremo de Justicia (incluso tenía un hincha públicamente declarado de su jefazo entre los suscribientes de la sentencia), si los acusados terminaron absueltos, la acusación fracasó de forma muy evidente. Eso del principio de objetividad, pamplinas en casos como este.

Es más, los misilazos contra la sentencia también vienen desde el que terminó de tercer perjudicado (en vez de tercer interesado), el ex Presidente Mesa, que, de taquito, fue objeto de remisión al Ministerio Público para investigación, acto por lo menos ocioso desde el punto de vista jurídico, ya que sí es que alguna participación en el tema hubiera tenido el ex mandatario, esos hechos estarían irremediablemente prescritos. Ese fue un Misil chusu, al extremo que hasta el jefazo, instruyó (entiendo) que por lo menos con ese tema, no se metan. Naturalmente la Fiscalía dirá amén, aunque alguito tendrá que disimular, para la platea no más.

Resultado de lo anterior, se tiene ya una proposición acusatoria solícitamente presentada por el ejecutivo y una denuncia del ex Presidente Mesa, contra los comedidos magistrados, que así las cosas, no contentaron absolutamente a nadie. No es que, ingenuamente pretenda que así lo sea tratándose de materia penal, en el que salvo muy rara vez, no existen sentencias de empate: alguien pierde y otro gana. Empero, las respuestas de unos y otros contra la sentencia, me ha hecho venir a la cabeza la teoría de las ventas rotas.

Esa teoría del ámbito de la criminología y la sociología fue formulada el año 1966 por los investigadores Kelling y Wilson y sostiene –resumiendo y simplificando al extremo- que si vamos por la calle y vemos una casa con su ventana rota, es probable que el resto de ventanas acaben también rotas en poco tiempo, por el vandalismo. Sin embargo, si la casa tuviera las ventanas impecables, probablemente ninguna de ellas acabaría dañada; lo que les permite concluir que si algo está en un estado impecable, es fácil que se conserve de esta forma, pero si algo muestra signos de deterioro, es fácil que las personas se ceben contra eso: “Nadie está cuidando de esto, por lo tanto está abandonado”.

Pues bien, con base a esa teoría, pienso que los misilazos de todos los flancos contra la sentencia, el Tribunal Supremo de Justicia y en suma contra el sistema de justicia,  nos muestran que como le ocurrió a quien hizo la prueba de la generó esa teoría (Zimbardo dejó abandonado un vehículo con sus ventanas rotas en el Bronx y quedo inmediatamente desmantelado; hizo lo mismo en otro barrio menos conflictivo pero con el auto en estado impecable y no le pasó nada; pero luego le rompió las ventanas y al poco tiempo, también quedó desmantelado), el estado del sistema de justicia plurinacional es tan pero tan calamitoso (salvando excepciones que sobreviven) y, por tanto, todos nos cebamos contra ella, pues tenemos una profunda desconfianza de lo que produce. “No se puede exigir confianza, cuando no se la otorga.” Lo dijo Dolores REDONDO.

Por: Arturo Yáñez Cortes

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