MAX MURILLO MENDOZA LA DIGNIDAD DE FELIPE QUISPE CONTRA LA COLONIZACIÓN MODERNA
Viernes, 1 septiembre 2017 - 06:00 AM - La Voz de Tarija
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Felipe Quispe, el hermano Mallku, que pagó con muchos años en la cárcel su compromiso y militancia por la Bolivia profunda, que perdió hace poco a un hijo intelectual en circunstancias típicas de este país sin claridad legal, que en enormes esfuerzos personales terminó la universidad en su mayoría de edad, titulándose como Lic en historia por la UMSA, y hoy es con todas las de la ley un docente universitario en la UPEA, enseñando su larga experiencia y su intelectualidad a las nuevas generaciones de la ciudad de El Alto, pues probablemente sea un aymara y boliviano que debería ser condecorado hace muchos años por su ejemplo de amor a la Bolivia profunda. Pero las paradojas de este país siguen siendo las mismas, un país que desde siempre ha maltratado a personas claras, sin manchas de corrupción en su historial y sin enfermedades mentales de poder a cualquier costo.

El Estado republicano no ha cambiado en nada, ni sus lógicas coloniales y racistas, ni sus lógicas políticas tradicionales que toman al Estado para sus beneficios y negocios grupales, siempre en desmedro de todo el país. Los discursos ya devaluados y revolucionarios de moda, no tienen ningún efecto en la sociedad, todo lo contrario son la muestra del desprecio que eso es ahora al país que sigue exigiendo lo que exigía el año 2.005. Las declaraciones de los ministros, y las burlas sobre el papel del hermano Felipe, son a todas luces las mismas que se hacían en las épocas neoliberales y dictatoriales: racistas, pigmentocráticas y totalmente coloniales. Pero ya no tienen los efectos “revolucionarios” deseados.

La Ley se ha convertido como nunca antes, en el instrumento brutal y cínico para eliminar al otro, al distinto, a la crítica, a la reflexión intelectual y política. Todavía peor: la amenaza en las dictaduras venía del poder de los militares a todos los ciudadanos; hoy esa amenaza se ha transformado en brutalidad legal, y son entonces los aboganster quiénes se prestan a este ejercicio de brutalidad tercermundista. Precisamente la excusa de la ley protege a los más corruptos, y las autoridades negligentes como corruptas son premiadas de todos modos con altos cargos en la manga del Estado. Los burócratas del Estado siguen insistiendo en la Ley, cuando saben muy bien que no funciona.

Felipe Quispe lanza imágenes desde el mundo aymara, como reflexiones sobre lo que está aconteciendo en la sociedad actual. Su crítica es contundente como nítida. Por ahora han respondido a ese llamado pocos sectores, porque el miedo a la cárcel ha cundido como en las épocas dictatoriales y todos tienen miedo. Las clases medias siempre cobardes y calculadoras, aún nada han dicho. Cierto que fueron arrinconadas en estos años, sin beneficio a nada y prefirieron entonces dedicarse a lo suyo sin hacer política alguna. Como en todas las épocas de crisis, son los más pobres los que empiezan a hacer carne con los llamados a protestar y corregir lo que está mal en la conducción del Estado, los que desde siempre derraman sangre y sacrificios personales como familiares. Esa Bolivia profunda que poco ha cambiado a pesar de sus sueños de estos años. Desilusionados y decepcionados por los resultados de estos años, que han sido más cambios en el cemento, las piedras y la modernidad a cómo de lugar, salen ahora a reclamar como siempre que en lo profundo de las lógicas institucionales nada ha cambiado. Las continuidades son evidentes, más allá de lo normal como el cemento, las carreteras o los edificios que son asuntos pues normales, sobre todo en estos años que el Estado ha recibido como nunca antes ingentes sumas de dinero.

Personas preclaras como Felipe Quispe, se convierten indudablemente en la consciencia del espíritu ético y moral de la Bolivia profunda. Aquellas que no han capitulado todavía al cinismo y al pragmatismo político, que es sinónimo de corrupción generalizada. Son llamadas a detener el tiempo y la historia, para verificar si realmente hay cambios en las instituciones donde están nuestros dineros y nuestros patrimonios estatales. Porque el Estado somos todos, y no deberíamos aceptar patrones de ninguna índole.

Felipe Quispe es además una persona noble, que entregó junto a varios otros su sacrificio del año 2003 sin pedir nada a cambio, pues ya había demasiados expertos en política quiénes se adueñaron del llamado proceso de cambio. A pesar de sus marginales críticas de estos años, no hizo mayores movimientos políticos sino hasta hoy que ya las cosas se ponen terribles, por las contradicciones internas e incoherencias absolutas en el manejo de los dineros de todos los bolivianos, de todas las naciones y de todas las clases sociales de este país.

por: Max Murillo Mendoza

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