Tarijeños en el mundo

María Fernanda Peñarrieta, terapeuta emocional tarijeña que convive en una comunidad en Uruguay

María Fernanda Peñarrieta, terapeuta emocional tarijeña que convive en una comunidad en Uruguay
agosto 20, 2017 - Jessica Hoyos Flores
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María Fernanda Peñarrieta tiene 37 años, nació en la ciudad argentina de Tucumán pero su corazón es chapaco ya que se crió en la ciudad de Tarija, incluso formó parte de la promoción 96 del colegio La Salle.

Actualmente vive en la ciudad Piriápolis en Uruguay aunque la primera vez que María Fernanda dejó Tarija fue a los 17 años, esto debido a lo que ella llama un espíritu nómada por naturaleza. Vivió en Cochabamba y Santa Cruz por casi una década y fue hasta sus 35 años de edad que el amor por un chico de Bélgica la hizo emprender un viaje para poder conocer su cultura y terminó quedándose en este país europeo por casi dos años.

“Cuando me fui a Amberes, Bélgica, me di cuenta que vivir fuera de Bolivia era muy sano para mí y que podría ser más creativa sin preocuparme de la situación social o política y sin entender mucho de lo que pasaba en este nuevo país”.

Asegura que no es fácil vivir fuera y que por cuestiones de la vida ahora vive en Uruguay en una comunidad o tribu junto a amigos y amigas con los que comparte un estilo de vida similar en colaboración constante. 

Fernanda es terapeuta, trabaja con personas que buscan encontrar su luz, esencia, terapias emocionales para que la gente pueda encontrar y renovar sus memorias emocionales y puedan encontrar oportunidades para ser en el mundo.

“Ayudo a la gente a encontrar su luz, también produzco conocimiento y técnicas de sanación y toma de consciencia. Actualmente estoy trabajando en proyectos de educación y la construcción de un Barrio sustentable con principios de permacultura y escuelas libres”. También desarrolló un proyecto en internet que le permite vivir viajando y trabajar desde cualquier lugar del mundo.

Es parte de una red de cientos de mujeres del mundo entero que comparte conocimientos y sanación. “Eso no hubiera sido posible si yo me quedaba en Bolivia, en Uruguay estoy en mi salsa, en mi tribu todas las personas trabajan con arte, sanación, ecología, bioconstrucción, nacimiento respetado, así que tengo mucho para aportar”.

En Tarija dijo que siempre hubo receptividad para ella, ya sea antes mediante el trabajo en cine y gestión cultural y luego mediante la sanación. “Estoy agradecida por lo que Tarija me dio”.

Vida en Uruguay

“A Bélgica me fui por amor a un Belga, a Uruguay llegué por amor a mí misma”. Fernanda vive en el Balneario Las Flores en Uruguay, eso es a 80 kilómetros de Montevideo. Lo que más le encanta es la tranquilidad con la que se vive, a una cuadra del mar y cerca del bosque enfatiza en que la gente es muy hermosa, tranquila y colaboradora.

Compara y cree que el uruguayo es muy parecido al chapaco pero más conectado con sus tiempos internos y realmente no se van a comprometer con algo si no lo sienten. Acota que vive en el país con más derechos y libertades de Sudamérica y en el mundo entero. “Aquí todo o casi todo es legal. La gente valora mucho su libertad y la naturaleza. Tienen algunas taras parecidas a las nuestras en que se quejan de todo, pero hay mucha gente con propuesta haciendo cosas hermosas”.

Agrega que en Uruguay no hay la presión social por pertenecer, ni los cánones de belleza que exigen que las mujeres sean iguales. Aquí la gente es de confianza también y le gusta divertirse, pero hay mucha más libertad de pensar y de ser, hay también muchos cantores, todos tocan la guitarra y los tambores. Apunta que se valora positivamente lo indígena, ya que están rescatando lo que queda ese legado ancestral.

De Tarija extraña diferentes lugares como el lago San Jacinto, La Victoria, los mercados y la casa de sus padres. “Me gusta pasar por la casa de mi abuela que aunque ya no está habitada cada vez que paso por ahí me trae hermosos recuerdos”.

En cuanto a la gastronomía ella disfruta de las típicas humintas, sopa de maní, empanadas y sopaipillas para esta época fría. Vuelve por lo menos cada dos años a su ciudad pero está trabajando en hacer raíces en Uruguay.

Para ella el andar en bici es una gran pasión que ahora puede hacer a sus anchas ya que en Tarija es algo casi imposible porque señala que hay mucha violencia por parte de los autos y los conductores. “En Bélgica y Uruguay soy una feliz ciclista”.

“A la gente aquí les hablo sobre la chispa y la alegría de la gente, sobre cómo nos gusta bailar, reír y pasarla lindo. Les hago escuchar cuecas y la comida que es lo que más les gusta porque en Uruguay no hay una cultura de gastronomía propia”.

Admite que en Uruguay se conoce muy poco de Bolivia y que conoció a mucha gente que idealiza Bolivia y el proceso de cambio. “Quienes han estado por allá sienten que es el país más excéntrico y especial en el que han estado, concuerdo con ellos, Bolivia es muy especial”.

“Cuando vivía en Bélgica compartía con una tarijeña y siempre cocinábamos boliviano, hablando en español y en holandés que es el idioma que se habla en Amberes donde yo vivía. En Uruguay aún no encontré ningún boliviano o boliviana, así que por el momento soy la cuota boliviana que faltaba entre mis amistades”.

Fernanda insta a la gente a que pueda salir de Tarija ya que el mundo es grande y las posibilidades también. “Las opciones son limitadas en Tarija y la mente se achica, la gente se tiene que acomodar a vivir una vida falsa si no se ha conocido a sí mismo”.

Como anécdota graciosa recuerda que durante el primer cumpleaños suyo que pasó en Amberes se enojó mucho con su ex pareja porque no la sorprendió con una torta de cumpleaños, ella esperaba eso hasta que se enteró que en Bélgica cada persona debe comprar o preparar su propia torta y que es de mala educación regalar tortas.

A la fecha ha logrado perfeccionar el idioma inglés, aprendió un poco de holandés y lo más importante es conocer la cultura de cada lugar.  “Lo que yo le haría a Tarija es una apertura de mentalidad, mostrar a la juventud nuevos modelos de vida. La gente ya está muy contaminada de la cultura consumista y hay que poner esfuerzo en las nuevas generaciones”.

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