Las mujeres que se mutilaban el seno derecho para lanzar mejor sus flechas

El fascinante viaje desde el mito de las amazonas a la Mujer Maravilla

El fascinante viaje desde el mito de las amazonas a la Mujer Maravilla
junio 24, 2017 - Agencias
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No de súper héroes: esta vez se viene una de súper heroínas. El sello Warner Bros. se atrevió, con “Wonder Woman“, a una libre interpretación –¡otra más!– del fascinante mito de las amazonas: aquellas feroces guerreras que se hacían mutilar el seno derecho para apoyar mejor el arco y disparar sus flechas…

El “¡una más!” de arriba no exagera: tiene sentido.

Porque, como suele suceder con los mitos, la historia de las amazonas es tan excitante como vaga.

Para algunos historiadores modernos, “es un disparate”. Pero Heródoto, Homero, Plinio el Viejo, Plutarco, Apolonio de Rodas…, y siguen las firmas, juran que fueron tan reales como el aire, el agua… y sus pares varones de ayer y de hoy: el soldado que combatió en Troya o en Maratón, o el marine que desembarcó en Normandía en junio de 1944.

Veamos los comunes denominadores del mito…

Eran mujeres guerreras. Usaban otras armas (hachas, espadas, escudos), pero eran imbatibles con arco y flecha. Cabalgaban como el mejor jinete del sexo opuesto. Eran célibes: sólo se apareaban con hombres para procrear, y los elegían en una comarca vecina (en su tierra sólo vivían mujeres).

Si el recién nacido era varón, lo devolvían al padre. Si era mujer, la criaban como guerrera desde sus primeros pasos.

La mutilación del seno derecho era temprana y se hacía de tres brutales maneras: quemando el incipiente pecho, cortándolo, o atándolo con cuero para impedir que creciera.

Ahora veamos las imprecisiones…

Según qué historiador se ocupara de ellas, vivieron en lo que hoy es Rusia, Turquía, Ucrania, África, Brasil, Paraguay… o el Triángulo de las Bermudas cuando fue tierra en lugar de mar. Los tres últimos hogares, señalados por los cronistas de Indias: los historiadores que navegaron con los conquistadores españoles de América.

Su presunto tiempo en la Tierra habría sucedido en la noche de los tiempos: las referencias históricas datan del siglo V Antes de Cristo.

También hay divergencias acerca de su reina y/o reinas. Muchos son los nombres barajados, pero las de mayor rating son Pentesilea e Hipólita, su hermana. Y con razón… Pentesilea, según Homero, combatió y murió en Troya luchando contra Aquiles, que al quitarle la máscara protectora se enamoró de ella por su belleza. En cuanto a Hipólita, dueña del cinturón de oro que acreditaba su poder, fue derrotada por el invencible Hércules en el noveno de sus doce arduos trabajos…

Por cierto, nadie en tiempos modernos creyó en la existencia de las amazonas (del prefijo “am”, falta de, y “mastos”, senos) salvo como una encantadora fantasía épica: bellísimas mujeres ataviadas con breves polleras (preludio de la minifalda), cabalgando al viento y disparando certeras flechas contra el enemigo. Riquísimo material para el comic, la novela y el cine. Para la imaginación…

Pero sus fantasmas volverían, materiales y concretos, al empezar el siglo XX. Una expedición mixta –Rusia y Estados Unidos– descubrió varios túmulos (elevaciones de tierra y piedras) cerca de Prokovka, frontera rusa con Kazajstán. Al excavar, los arqueólogos encontraron decenas de restos de mujeres… enterradas con sus armas: arcos, flechas y dagas. La altura media de los esqueletos rondaba 1,65 –más que la estatura de las mujeres en los remotos siglos de la leyenda– y algunos tenían las piernas muy curvadas, claro signo de jinetes. Junto a una de las mujeres había un carcaj con cuarenta flechas con punta de bronce, y otra tenía una flecha clavada en el abdomen.

Y no fue todo: hubo descubrimientos similares en Mongolia, Ucrania y Turquía.

Huesos que patearon el tablero: ¿hubo guerreras reales, no sólo mitológicas, y en días más cercanos?

Pero el mito le sigue ganando a la realidad. Mientras nada más se sabe sobre las guerreras del hallazgo moderno, las amazonas están rodeadas de gloriosos pergaminos. Se las cree descendientes de Ares, dios de la guerra, y de la ninfa Harmonia. Se las narra luchando contra Belerofonte, el héroe griego que mató a la Quimera, mitad león y mitad dragón con cabeza de cabra, y jinete de Pegaso, caballo alado. Y atacando Atenas –sin éxito– para rescatar a Antíope, hermana de Hipólita, raptada por Teseo. Y adorando a Artemisa (Diana para los romanos), diosa de la caza, hija de Zeus, hermana de Apolo, que simbolizaba la castidad, la vida salvaje, la libertad de pensamiento, y la guerra: una diosa exactamente a la medida del mito…

Un mito con herederas reales y no menos feroces. Según los cronistas viajeros de los conquistadores Francisco de Orellana, de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y de Fernando de Magallanes, la soldadesca se enfrentó en distintas tierras de América del Sur con mujeres guerreras no menos intrépidas que los hombres.

Eso, más allá de la febril imaginación de otros, que las describieron como iluminadas de noche por pájaros de alas fosforescentes, o habitantes de moradas de metales blancos y amarillos (oro y plata, nada menos), y hasta en una isla al sur de Java, y jamás fecundadas por hombres: sólo por el viento…

Saltemos siglos: hablemos del film.

Patty Jenkins, su directora, a partir del guión escrito por Allan Heinberg y Geoff Johns, instala “Wonder Woman” en la imaginaria isla de Themyscira, que el mito de las amazonas señala como la capital de su reino según los historiadores griegos. Allí se estrella un piloto norteamericano al servicio del Reino Unido, le cuenta a Diana, la líder de las amazonas (la actriz Gal Gadot), los horrores de la Primera Guerra Mundial… y punto. Las películas no se cuentan.

Algunos mitos son simétricos con la vida real y a través de los siglos. Pero la leyenda de las amazonas es absolutamente asimétrica. Aquellas se cortaban un seno para combatir mejor. Las de hoy, en cambio, se agrandan ambos con siliconas.

Distintos modos de combatir y de vencer…

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