Cultura y arte

Los artistas latinoamericanos "chamanes" en la Bienal de Arte de Venecia

Los artistas latinoamericanos
Sábado, 13 mayo 2017 - 21:19 PM - Agencias
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Un círculo de fuego formado con vídeos, una enorme red que te ampara, máscaras, diablos y un caballo gigante son algunas de las obras de los artistas latinoamericanos que participan en la 57ª edición de la Bienal de Venecia que se ha inaugurado este sábado.

Como “chamanes”, los artistas de América Latina representan la vitalidad del arte contemporáneo en todo el continente, que exploran en sus raíces, leyendas e injusticias.

Artistas, veteranos y debutantes, provenientes de Argentina, Chile, Brasil, México pasando por Colombia, Guatemala, Cuba, Bolivia y Venezuela participan en el gran certamen internacional con esculturas, videos o instalaciones.

A pedido de la directora artística, la francesa Christine Macel, el recorrido por los sugestivos espacios del Arsenal comienza con la obra “El círculo de fuego” del artista chileno Juan Downey, fallecido en 1993, quien incursionó en el campo de la etnografía.

El pionero del video-arte en Chile permite al espectador descubrir el mundo de los Yanomami, a los que dona una telecámara para entrar en su cosmogonía y cuestionar la mirada eurocéntrica del mundo.

Lo colectivo es también el tema central del célebre artista brasileño Ernesto Neto, quien invita al visitante de la Bienal con “Un lugar sagrado” a recuperar la espiritualidad a través de un espacio de meditación, una zona de encuentro, que envuelve gracias a una enorme malla tejida en croché y que se inspira en el lugar en donde el pueblo Huni Kuin se reúne para hablar y pensar.

Meditar y pensar es también la propuesta del chileno Enrique Ramírez con su vídeo “Un hombre que camina” en el que un hombre con una máscara de diablo marcha y marcha por un salar para llegar a aceptar la muerte.

– Pueblos sin voz –

Y las máscaras, más de mil, realizadas en madera y utilizadas por los mapuches para sus ceremonias así como para los momentos de diversión y juego forman parte del homenaje que el pabellón de Chile rinde a ese pueblo que resistió a la colonización española y que sigue luchando por sus tierras y por sus nombres.

“Aquí está todo el linaje mapuche. Me siento portador de un mensaje, de un sentimiento, de una posición incluso política”, reconoce en una charla con la AFP el artista Bernardo Oyarzún.

Con el título de “Werken”, intermediario, chamán, la instalación de Oyarzún en la sobrecogedora sala oscura del Arsenal, transmite la espiritualidad y a la vez la rabia de ese pueblo que está perdiendo hasta su lengua.

Por ello 7.000 apellidos mapuches son proyectados en las paredes del pabellón con luces de led rojas.

“Son nombres abandonados, no usados, o por presión del Estado o por autocensura”, explica el curador, el paraguayo Ticio Escobar, ex ministro de cultura en su país y experto en la cuestión de los pueblos originarios.

El lenguaje es también el tema central del reconocido artista mexicano Carlos Amorales, quien usa todas las formas del arte, desde vídeos hasta la música, partiendo de figuras con papel recortado para contar la historia del linchamiento de una familia de migrantes. 

“Me inventé un lenguaje a partir de formas muy simples que son recortes de papel con los que logré un lenguaje cifrado y abordar temas que de otra forma serían silenciados”, cuenta a la AFP Amorales en la luminosa sala del Arsenal del pabellón de México que tituló “La vida en los pliegues”.

Para denunciar ese fenómeno mundial que representa la intolerancia y el rechazo al emigrante, Amorales crea partituras, poemas visuales, alfabetos cifrados, letras desconocidas, juega con marionetas y sombras, escribe un diario y usa el sonido de las ocarinas tocadas por 5 músicos del Ensemble Liminar.

Representan “la metáfora de lo que vivimos, ese conflicto entre la consecuencia de la globalización y el nuevo nacionalismo”, dice.


Y es justamente el nacionalismo lo que cuestiona la artista argentina Claudia Fontes con su gigantesca escultura de un caballo blanco, de cinco metros de alto, realizada en resina y polvo blanco para el pabellón de su país en el Arsenal.

“El problema del caballo” es una alusión a los explotados durante la conquista de América y habla de la conquista argentina del desierto de la Patagonia.

“Lo que para la historia fue una conquista en verdad fue un genocidio”, asegura a la AFP la artista argentina, quien suele aludir en sus creaciones a la violencia y a los años de la dictadura como en la obra instalada en el Parque de la Memoria en Buenos Aires. (AFP)

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