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Los trabajadores y el proceso de cambio

Viernes, 12 mayo 2017 - 12:01 PM - Sergio Gallardo
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Los trabajadores bolivianos organizados en su matriz sindical, la COB, son parte del bloque social revolucionario, formado por el movimiento indígena campesino y obrero, el movimiento social urbano vecinal, sectores medios, pequeños productores, que tienen la enorme responsabilidad de liderar y sustentar el actual PROCESO DE CAMBIO que, a partir de 2006, avanza en la supresión de las estructuras de aquel viejo Estado excluyente, colonialista y racista, al servicio de un pequeño segmento de privilegiados; al mismo tiempo que construye participativamente uno nuevo, denominado ESTADO PLURINACIONAL COMUNITARIO, al servicio de todas y todos.

Recordando la historia

Los de la derecha, siempre han concebido que la política era un derecho exclusivo de ellos, de modo que las organizaciones sindicales de los trabajadores y las organizaciones sociales en general, incluidas las mujeres y jóvenes, no tenían que meterse en política. Pero contrariamente a esa concepción, fueron las organizaciones sindicales, encabezadas por los obreros, indígenas, campesinos y algunos sectores de las clases medias, que hicieron la revolución del 9 de abril de 1952, aunque no asumieron la totalidad del poder, porque éste fue delegado al MNR que luego traicionó los intereses populares y nacionales.

Derrotada la llamada rosca minero feudal, inmediatamente los insurrectos fundaron la Central Obrera Boliviana (17/04/52), organización que asumió el cogobierno con el MNR, de modo que el gabinete de entonces estaba compuesto por ministros nombrados por el MNR y ministros nombrados por la COB. Y es gracias a la presencia de los trabajadores en el gobierno, que se pudo obligar a Víctor Paz Estenssoro para que se concreten importantes medidas, como la nacionalización de las minas, el voto universal, la reforma educativa, la reforma agraria, entre otras.

Estos logros de la revolución de abril, no fueron un regalo del MNR y menos de su jefe, Víctor Paz Estenssoro, como nos lo recuerda Fausto Reinaga, quién afirma: “El MNR, por convicción, trayectoria y conciencia política era anti-indio. (…) El MNR no regaló la reforma agraria al indio. Es al revés: las masas indias de fabriles y mineros le regalaron el poder al MNR; por tanto, las masas le impusieron firmar el Decreto de Reforma Agraria. Los fusiles eran el poder. Y detrás del MNR estaban los fusiles. Esto es indiscutible”. (Fausto Reinaga. LA REVOLUCIÓN INDIA, Pág. 281). Y lo mismo ocurrió con el resto de logros de esa revolución.

Pero el cogobierno de la COB nunca fue del agrado del MNR, por lo que con el apoyo del imperio y muchos recursos, optaron por la estrategia de promover el llamado sindicalismo libre, orientado a defender los intereses del imperio y de los patrones, para lo que buscaba convencernos de que los trabajadores, el pueblo en general y nuestras organizaciones tienen que ser apolíticas, independientes y neutras.  Y luego que avanzaron en este propósito, no sólo que echaron a la COB del cogobierno, sino que inmediatamente iniciaron la restauración del poder oligárquico.

Por su parte, los sectores de trabajadores más lúcidos, con el respaldo de la izquierda tradicional, hacían una separación mecánica entre sindicato y partido, estableciendo que, en apego a lo que llamaban independencia política, los sindicatos sólo debían dedicarse a los aspectos reivindicativos y los partidos a la actividad política. Si bien esta corriente combatía al sindicalismo libre, no posibilitaba que las organizaciones sindicales asuman compromiso en la lucha política; mientras los empresarios y sus organizaciones, con el apoyo del imperio gobernaban Bolivia a su exclusivo servicio.

También debemos recordar que los trabajadores fuimos parte de la lucha que logró el triunfo de la UDP en 1980, gobierno que por el golpe de Estado de García Mezza, recién pudo instalarse en 1982 en condiciones tremendamente adversas. Sin embargo se tuvo como logros la cogestión obrera en las minas y empresas estatales y la creación de la Corporación Agraria Campesina (CORACA) en el área rural. Pero la derecha utilizó a la ultraizquierda para conspirar contra ese gobierno y nosotros no tuvimos la capacidad y claridad para evitarlo, hasta que ese gobierno cayó, y no fue para bien del país y el pueblo, sino para beneficio de los neoliberales vende patrias que se dedicaron a vender Bolivia en beneficio propio y de las transnacionales. Y la COB perdió poder.

A mediados de la década de los noventa, algunas organizaciones sociales comienzan a cuestionarse diciendo: si los empresarios y sus organizaciones participan abiertamente en política ¿por qué no lo podemos hacer los campesinos, los indígenas, los trabajadores, el pueblo en general y nuestras organizaciones? Al mismo tiempo que identifican al apoliticismo, la independencia, que, sumado a la falta de unidad, como cómplices de la lamentable situación de Bolivia y la mayoría de las bolivianas y bolivianos. Y no tardó mucho tiempo para que los movimientos sociales, encabezados por indígenas y campesinos, asumieran el objetivo de tomar el poder político y la construcción de un nuevo Estado.

Es en el marco de esos propósitos que, organizaciones sociales, fundaron el MAS – IPSP, definido como su brazo político, proyecto al que se suman otras organizaciones de trabajadores y sectores populares, con el que se ganó las elecciones de diciembre de 2005 con el 53,7% de la votación. En las elecciones y referendos posteriores, se repitieron los triunfos incrementados en cuanto a apoyo electoral, excepto el referendo para habilitar la re-postulación del presidente y vicepresidente de febrero de 2016.

Logros

Los logros en estos 11 años de gobierno de los movimientos sociales son más que elocuentes, y sólo como ejemplos resaltamos los siguientes: inclusión de todos los sectores históricamente excluidos; estabilidad social, política y económica gracias a las nacionalizaciones de nuestros recursos naturales; importante crecimiento económico, habiendo ocupado el primer puesto en la región en 2009, 2014, 2015 y 2016; redistribución de los ingresos a partir de la otorgación de bonos y rentas a favor de los sectores más necesitados; mejora sustancial de salarios, reducción de la pobreza y disminución de diferencias en los ingresos de ricos y pobres; por primera vez Bolivia es un país soberano que se orienta al desarrollo técnico y científico, así como ha iniciado la industrialización de sus recursos naturales, etc.

A ello se suma la constatación de madurez política de la mayoría de los trabajadores  que a la cabeza de la COB, el 27 de abril de 2017, contrariamente a lo que buscaba la derecha y el troskismo, firmaron acuerdo con el gobierno nacional, respecto al incremento salarial del 7% y un Salario Mínimo Nacional de Bs.2.000,00. Es más, se ratificó la defensa del proceso de cambio, en apego a lo decidido en el congreso de Tupiza, en cuya tesis política se afirma: “Vivimos una coyuntura en la que los trabajadores estamos ante la disyuntiva de tomar partido: o por el imperio, expresado en los sectores conservadores del país, o por la profundización del proceso de cambio. Por eso se justifica hoy la unidad con el Estado porque el enemigo es uno: el imperialismo estadounidense. Este proceso no es de un grupo de personas; es de los trabajadores”.

Dificultades

Las dificultades y contradicciones en nuestro proceso de cambio son inevitables, las que no deben asustar a los revolucionarios. Así son las revoluciones, y si alguien cree que éstas son una taza de leche, de unanimidad absoluta, están equivocados. Las revoluciones son flujos caóticos de iniciativas colectivas, impulsos fragmentados que se enfrentan, se suman y articulan para volver a dividirse y cruzarse, caerse y volver a levantarse (Vicepresidente Álvaro García Linera). Cada revolución es única e irrepetible. Las revoluciones no tienen un curso predeterminado, y no hay manuales de procesos de cambio, por lo que estamos obligados a avanzar y aprender al mismo tiempo.

Otra dificultad es que, el cambio de visión y de acción política de nuestras organizaciones sindicales y de algunos movimientos sociales, no acaba de consolidarse, lo que genera dificultades a la hora de asumir la defensa del proceso de cambio. Especialmente a las organizaciones sindicales, que habiendo sido toda la vida de la oposición, les cuesta mucho más defender a nuestro gobierno; a lo que se suma el que también se tienen oportunistas que han olvidado la crítica al neoliberalismo del que fueron víctimas y sólo se empeñan en sacarle el mayor provecho posible al proceso de cambio. Éstos y los troskistas, son aliados de la derecha.

El papel de los trabajadores

  • Los trabajadores debemos tener presente que la continuidad de este proceso depende de nosotros mismos, razón por la que la lucha no debe reducirse a sólo las reivindicaciones salariales, sino que, y con igual fuerza, debemos asumir iniciativas orientadas a la construcción del nuestro Estado Plurinacional.
  • Por encima de las diferencias que deben respetarse, los trabajadores estamos en la obligación de mantener la unidad, como condición para mantener y mejorar el importante rol a jugar en la sociedad.
  • Ratificar nuestra inquebrantable decisión de lucha por la defensa y profundización del proceso de cambio, conscientes de que nada de lo logrado es regalo de nadie, sino obra de nosotros mismos
  • Asimilar las experiencias de la revolución de 1952 y del gobierno de la UDP, asumiendo la lucha política como un derecho de los trabajadores y nuestras organizaciones. Tenemos que evitar que los vende patrias vuelvan al poder. Que se dediquen a vender cualquier cosa, pero no la patria.
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