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La cosa pública

Endeudarnos sí, pero, ¿para qué?

Domingo, 23 abril 2017 - 16:53 PM - Mauricio Lea Plaza
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Hoy la Gobernación del departamento tiene que cubrir un “agujero” financiero generado por los compromisos sin respaldo asumidos por la gestión de Lino Condori, de un tamaño de alrededor de 2.000 millones de bolivianos.

Esa cartera de obras comprometidas tiene que ver con proyectos de inversión contratados por la Gobernación, proyectos cofinanciados con el Gobierno nacional para ejecutar programas nacionales y proyectos concurrentes con los Gobiernos municipales.

La única alternativa que encontró la Gobernación para cubrir al “agujero” fue gestionar financiamiento y quedaron dos opciones en firme basadas en su capacidad de endeudamiento de 320 millones de dólares: los fideicomisos del Gobierno nacional y un crédito de la banca privada.

Los fideicomisos del gobierno nacional son un financiamiento que le otorga el Banco Central al FNDR para que éste lo administre y lo utilice en financiar créditos a los Gobiernos autónomos para cubrir las contrapartes comprometidas con el Gobierno nacional. En consecuencia, no se trata de un regalo o de una donación, es un crédito a largo plazo con una tasa de interés anual que hay que pagar. No son recursos de libre disponibilidad ya que solo se pueden usar para cubrir las contrapartes del Gobierno departamental con Programas del Gobierno Nacional (Bolivia Cambia Evo Cumple, MIRIEGO, MIAGUA, etc), o sea, vienen con un destino ya definido, en el marco de las prioridades y decisiones del presidente.

Los programas nacionales los ejecutan entidades del Gobierno nacional (UPRE, FPS, EMAGUA) quienes contratan y entregan las obras que son cofinanciadas, como si fueran suyas. En otras palabras,El gran beneficiado de los fideicomisos es el Gobierno nacional.

En ese orden, ya se asumió un primer fideicomiso para cubrir 35 proyectos de riego y agua potable y el Proyecto Guadalquivir, por un monto de 156,6 millones de bolivianos.

Está en trámite un segundo fideicomiso destinado a financiar 7 obras: 2 presas, los hospitales de Yacuiba y el Oncológico y 3 stadiums, por un monto de  265,5 millones de bolivianos. Si bien estos fideicomisos tienen como objeto garantizar la contraparte del Gobierno departamental, creo que uno debiera elegir qué proyectos son prioritarios para garantizarles el financiamiento, por lo que surge la pregunta: ¿conviene endeudarnos para garantizar la construcción de 3 stadiums que le cuestan a la Gobernación 74,4 millones de bolivianos?

Ya el monto del endeudamiento vía fideicomisos estaría en el orden de los 421 millones de bolivianos, o 60,5 millones de dólares, sin contar de los que habló el vicepresidente en ocasión del aniversario del 15 de abril.

Asimismo, como es de conocimiento público, se está tramitando la autorización del Gobierno nacional para asumir un crédito de 700 millones de bolivianos ante la banca privada, por lo que el endeudamiento total llegaría a los $us 161 millones de dólares, que deben sumarse a la actual deuda interna y externa que tiene el Gobierno departamental de alrededor de 35 millones.

La pregunta del millón es, ¿cuál será el destino de estos recursos frescos y de libre disponibilidad en términos de los proyectos que irá a financiar? Está claro que están en juego múltiples intereses políticos y económicos, por lo que las presiones de todo tipo son el telón de fondo a la hora de asumir esta definición.

Si nos tenemos que endeudar vía fideicomisos o créditos, lo primero que debiéramos hacer es definir en qué utilizaremos estos recursos caros y reembolsables. Creo que es deseable que estos recursos vayan a garantizar el financiamiento para completar el camino al Chaco, la refacción integral del Hospital San Juan de Dios, la conclusión del Materno Infantil, el fideicomiso para que el FOPEDT otorgue microcrédito (Fondo de Promoción Económica Departamental de Tarija), arrancar al menos con la planta de tratamiento de aguas residuales, garantizar las conexiones de luz y gas domiciliario y así podemos seguir enumerando varias obras o proyectos que hoy son urgentes encarar, frente a stadiums, hipódromos y otras obras de cemento sin retorno social ni económico.

Entonces la disyuntiva es, ¿vamos a utilizar ese financiamiento en pagar las trampas de Lino Condori y algunos subgobernadores o vamos a usarlos para resolver los problemas de la gente y superar las limitaciones estructurales de nuestro desarrollo? He ahí la cuestión.

 

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