MAX MURILLO MENDOZA ¿ES EL FIN DE CORREA EN ECUADOR?
Martes, 28 febrero 2017 - 07:00 AM - La Voz de Tarija
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Sin duda alguna, las llamadas “revoluciones en democracia” empiezan a pasar de moda con luces y sombras; en muchos casos con más sombras que luces. Es también justo reconocer que tuvieron avances en materia social, como inclusión social y algo de económica. No faltaba más, pues estamos en países pobres y marginados y algo tenían que hacer los funcionarios de los Estados, que para eso les pagamos con nuestros dineros fiscales. Y aunque creen que hacen maravillas en realidad es sentido común, para eso se les paga y no deberían hacer propagandas por ello, es tonto y gastan inútilmente en algo que es sentido común. En el caso de Ecuador se vislumbra ya el final de ese proceso, que fue probablemente el más ordenado como Estado, con políticas de Estado abiertamente favorable a la educación y a las inversiones fuertes en potenciamiento del mercado interno. Miles de ecuatorianos regresaron de otros países, para favorecerse del proceso económico, como muchos migrantes extranjeros que también aprovecharon su intelecto para aportar a dicho proceso.

Ecuador como todos nuestros países son esclavos de los procesos extractivos de materias primas. Cuando bajaron los precios mundiales, en manos de los poderes centrales del capitalismo, bajaron las expectativas en las políticas de Estado sociales. Por tanto las realidades volvieron nomas a ser lo que son: informales, pobres, sin sostenibilidad económica y sin planificación posible ni siquiera a mediano plazo. Como el bolsillo manda en cualquier sistema político, los revolucionarios ecuatorianos empezaron a devaluarse. Los discursos no tienen sustentación cuando no tienen los recursos económicos, son vacíos y no convencen a nadie. A pesar de que Ecuador realizó las mayores inversiones en educación, en comparación de los otros revolucionarios del ALBA, no le alcanzó para la sostenibilidad de su economía, que siempre está en déficit frente a las nuevas revoluciones industriales y económicas actuales: cada vez más exigentes y competitivas.

Por otro lado, Ecuador se contaminó como los demás países del ALBA con los procesos de corrupción profunda, paralelos a la velocidad de sus procesos “de revolución en democracia”. La danza de miles de millones de dólares, en contratos oscuros, en entrega de dineros a cuates de los ministros o presidentes, en ausencia de licitaciones, etc. Era previsible porque no se cambiaron las lógicas de los Estados patrimonialistas, herederas de las lógicas coloniales, porque siguieron las mismas estructuras de esos Estados republicanos. Las pruebas son contundentes, son las mismas familias y los mismos apellidos los que gobiernan con las pintas y los discursos de revolucionarios en democracia. Son los primos, hijos, parientes y ayudantes del neoliberalismo, por tanto con las mismas estructuras republicanas. Pues la corrupción estaba garantizada. Como siempre son los más pobres los que pagarán estas aventuras, las clases medias pobres y los ciudadanos de a pie. Historias muy conocidas por estos lados del mundo.

Es cierto que Correa fue uno de los presidentes más interesantes de los últimos tiempos, con sentido social y visión inclusiva como funcionario público. Eso no le disculpa de sus terribles errores frente a los movimientos indígenas, que sólo defendían sus territorios ancestrales frente a la voracidad del capitalismo salvaje, mimetizado en estos procesos “revolucionarios democráticos” con discursitos de generación de riqueza a como dé lugar, como diagnóstico de fracaso para generar alternativas al espíritu extractivo colonial. La destrucción de la naturaleza y el hábitat de la biodiversidad, siguió siendo la constante normal para la continuación de los mitos del desarrollo y progreso. Ahí no hubo ninguna diferencia con los anteriores gobiernos, a pesar de haber generado una constitución de avanzada; que quedó sólo para los discursos de exportación turística.

Fue también cierto que la derecha y las oligarquías racistas siguieron con sus libretos, arrinconados por un tiempo, clásicos y cavernarios. Defendiendo sus postulados economicistas y de negocios, sin ideas de país y de nación. Derecha que sólo se aferra a las cantaletas de liberalismo sin contenido, sin proyectos de ningún tipo. Derecha que sólo es la recreación de los descendientes de la colonia, o los hijitos de papi acostumbrados a las malas costumbres de vivir bien como si de sus haciendas de propiedad privada se tratara.

En definitiva no hubo ninguna revolución. La prueba contundente es que en estas elecciones, como segunda vuelta, probablemente gane esa derecha. No hubo tal revolución porque no cambiaron las clases sociales, no se destruyó a las oligarquías, no se destruyó a la burocracia republicana, no se cambiaron las reglas de juego y las lógicas de las repúblicas. Es decir no se trastocaron lo que siempre estaba nomás: ejércitos, burocracia brutal, oligarquías y derechas. Nada ha cambiado sino algo de inclusión social, algo de justicia social y algo de convivencia con las clases altas. Si las experiencias sirven para seguir avanzando, serán las nuevas generaciones de ecuatorianos los que por fin hagan su revolución, su verdadera revolución social y económica en contra del capitalismo salvaje que sigue vigente, y sobrevivió pegado a los discursitos de “revolución en democracia”. Y demás perfumes pequeñoburgueses de ch´uspas y ponchos y sombreritos, para el deleite de los blanquitos en sus cafés, o recitales de música protesta.

por: Max Murillo Mendoza

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