MAX MURILLO MENDOZA El troskismo boliviano y su aventura antinacional
febrero 21, 2017 - La Voz de Tarija
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Jaime Iturri, un troskista de mis tiempos de universitario, que caminaba con sus libritos de su dios, metido en una ch´uspa andina y supongo pensando en la revolución permanente. De clase alta, característica típica de los troskos citadinos, con permiso de clase para las aventuras revolucionarias. Pues los hijitos de papi se hacen rebeldes para demostrar sus propias hombrías y opiniones propias, frente a papi. Al final regresarán un día a las filas burguesas de donde salieron. Este trosko hizo el papelón de su vida, aprovechando su canal ATB para intentar hacer “una revolución de la comunicación” con una “entrevista” burda, estúpida y realmente poco revolucionaria.

El troskismo boliviano probablemente sea el grupo político más nefasto de la historia política de Bolivia. Los dirigentes obreros mineros, hoy investigados por corrupción con terrenos del exfonvis, involucrados con las mafias de FINSA en Cochabamba, investigados porque probablemente incluso sean agentes de la CIA. Es decir, la cola de paja enorme en sus espaldas confirma nomás su absoluta desorientación de los acontecimientos de Bolivia. En lo que respecta a los burguesitos como Iturri, no vieron otra oportunidad para mimetizarse en el MAS y realizar sus típicos entrismos políticos, no sólo para conseguir pegas fijas sino para hacer negocios burgueses, porque en definitiva eso es lo que saben hacer, y no la revolución que fue más bien la excusa perfecta para desahogar sus frustraciones burguesas.

Esa es la izquierda tradicional y clasista, que ha jodido a los movimientos obreros, a maestros e incluso procesos sociales como en la época de Torres antes del golpe del alemán Banzer. Y otros tantos procesos sociales bañados en sangre por la traición de este grupo, son ellos los que provocan e incendian para después dejar a las bases a su suerte y muerte. Estos señoritos de café, revolucionarios y exegetas de las revoluciones nunca se plantearon al menos como documentos teóricos, sobre los movimientos campesinos e indígenas; pero hoy son los supuestos engranajes de esos movimientos. Sus sindicatos mineros fueron los más racistas por el norte de Potosí, los más pigmentocráticos que discriminaban con soberbia militante a las organizaciones indígenas. Paradojas de las historias de izquierda en Bolivia: hoy son los defensores de indígenas. En fin.

Las clases altas radicalizadas nunca fueron eslabones de esperanza o ayuda, para las clases bajas o marginadas. Precisamente por su situación y origen de clase. Más bien desde siempre traicionaron, traficaron y negociaron los sentimientos de las demás clases o sectores. No pueden con su carácter de clase. Los señoriales son nomás señoriales. Utilizarán al Estado desde esas miradas oligárquicas, y cuando las papas queman o se terminen los procesos estos radicalizados regresan al seno de sus clases. Tienen exilios dorados en Europa o Estados Unidos, tienen vacaciones intelectuales para escribir sus experiencias. Por sus características sociológicas nunca harán revoluciones en Bolivia. En las universidades bolivianas son parte del folklor político, del show de los discursos radicalizados y las chupas por la revolución.

El troskismo boliviano no tiene diferencias conceptuales o profundas con las sectas religiosas, son exactamente lo mismo. Miran a Bolivia como a las llanuras de Rusia a principios del siglo XX, con millones de obreros dispuestos a sacrificarse en aras de la revolución. Para ellos no hay campesinos o indígenas, por eso extraña su apego al Estado en estos años. Su religiosa manera de leer y confundir las realidades, les ha llevado siempre a ser considerados por ortodoxos. Es demasiado complicado reflexionar o pensar con un trosko. Pero en Bolivia al parecer se han convertido nomás por arte de magia, quizás clase social y negocios, en defensores de movimientos indígenas.

El troskismo boliviano sabedor de sus limitaciones estructurales, hace mucho que se rindió para hacer la revolución. Prefirieron la reforma en democracia. Resolvieron su dilema entre la revolución y reforma, pues son partidarios de la reforma democrática. Lo que constata también su profunda manera de ser, su particular visión de los procesos sociales: en el café son rojos y revolucionarios; pero en la vida real prefieren la reforma y la democracia formal. Y es compatible con su clase: negocios y triunfo.

No sé si hay excepciones a la regla. Quizás un poco Filemón Escobar. Pero los troskistas bolivianos están cortados por la misma tijera ideológica, aun hayan dejado de militar con carnet y firma de acta. Hoy han asaltado al Estado, ya no les importa su revolución permanente sino el hacer negocios y emblema estatal. Cansados de vivir contra el Estado, mejor ser prácticos para sus negocios. Al final la revolución sólo es un cuento juvenil.

por: Max Murillo Mendoza

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