MAX MURILLO MENDOZA Desequilibrados mentales en el poder
febrero 19, 2017 - La Voz de Tarija
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Hitler era un fracasado estudiante de arquitectura y artes; pero un vivillo politiquero con habilidades discursivas que le sirvieron al final para ser el mandamás, del país más culto, educado, civilizado e industrial de occidente: Alemania. En Bolivia hemos tenido a Melgarejos y García Meza, ignorantes y matones de uniforme que a patadas y gritos de mando fueron también presidentes de este país. Que hoy sospechen los científicos de la siquiatría gringa, que su presidente Trump es en realidad un desequilibrado mental, pues no es ninguna novedad. Los poderes ocultos utilizan en su momento a quienes quieran, para que sean los caballos de Troya de sus intereses, sobre todo económicos. Y si estos son tontos, mucho mejor, las cosas saldrán como estaba planificado.

Sin embargo, es cierto también que en Bolivia hemos tenido a los capos de Harvard o Lovaina, doctorados que en su momento fueron tan estúpidos como los desequilibrados mentales: no supieron leer las realidades de este país, e igual nomás robaron, saquearon y se corrompieron en competencia. Los títulos y la titulitis tampoco al parecer son la última solución, existen otros parámetros para intentar valoraciones, en el ejercicio de la burocracia o los estamentos institucionales privados.

En todas partes del mundo se cuecen habas. Las complejas realidades sociales, van por caminos desconocidos y varias de las veces nos presentan sorpresas agradables o desagradables. Pero no debería importarnos tanto si un desequilibrado mental asume la presidencia, porque la llamada democracia y gracias a ella eso puede ser posible. Lo que debería importarnos son las instituciones, las estructuras institucionales y los valores de las estructuras institucionales. Eso garantizaría la solidez de las sociedades, la continuidad de los desafíos institucionales. Y cualquier desequilibrado no tendría luz verde para sus locuras, los discursos al final pasan y son palabras que el viento se lo lleva.

En Estados Unidos se discute precisamente si sus instituciones tienen la suficiente solidez, para soportar ocurrencias como Trump. Al parecer por lo menos en estos primeros días, dichas instituciones han frenado algunas locuras del magnate. En general, los occidentales poco aprenden de su propia historia a pesar de siglos de experiencia, de siglos de poder de su sistema económico y social que impusieron por todo el mundo. El ex presidente Obama, intentó algunas variantes más populares en aquel sistema: no pudo. Prueba de que sí funciona para cuidar los intereses de los más poderosos. Esos intereses oscuros y muy poderosos tienen la capacidad de desencadenar guerras, hambres y desequilibrios mundiales en función de sus intereses. Basta mirar el medio oriente, América Latina y África sobre todo. Continentes desestructurados por estos poderes, con instituciones débiles, sin historias y sin contenidos nacionales. Los Estados Unidos inventaron dictadores, matones, mercenarios, asesinos y todo tipo de desequilibrados mentales que gobernaron países, para resguardar sus intereses económicos y geopolíticos. Les interesó un comino generar y construir instituciones. Prefirieron desequilibrados mentales.

Ahora tienen el problema en casa, en su propio patio. Esperemos que pasen su examen, de que sus instituciones son realmente sostenibles, con capacidad de aguantar a desequilibrados mentales como Trump. A los otros gringos les toca lo mismo en esta oleada de enfermos por el poder, a los europeos. El ascenso de las ultraderechas, les tendrán preocupados un buen tiempo, afinando sus punterías democráticas para que ya no tengan otro Hitler.

Por estos lados del mundo nuestros desafíos siguen siendo los mismos: construir instituciones y formar cuadros a la altura de las exigencias sociales y económicas. También tenemos experiencia en desequilibrados mentales, en matones y rayados que han destruido demasiadas cosas como vidas, países y economías. Las llamadas clases altas han sido inútiles en construir instituciones, en construir costumbres institucionales. En definitiva no tenemos procesos institucionales. Seguimos dependiendo de personas, de capos o iluminados por los dioses para conducir nuestras instituciones. Y esa enfermedad de dependencia por los iluminados, también es muy peligrosa. Actitudes masivas enfermizas, que esperan a los mesías de la política, y normalmente son enfermos mentales.

El poder por el tercer mundo es muy atractivo para los enfermos mentales. Porque está ligado a la corrupción y al manejo discrecional de las instituciones. Imaginarios que se tienen que cambiar, quizás por leyes, quizás por normas; pero sobre todo por procesos educativos de largo aliento. Aspectos que por ahora no se tocan en ningún currículum educativo de Bolivia; y la urgencia como la necesidad social de estos tiempos, exige que debería obligarse para que los niños y jóvenes se acostumbren a respetar ciertos estamentos institucionales, como sostenibilidad y sobrevivencia de nuestro propio país. Sería algo de nacionalismo: amor a las instituciones nuestras.

por: Max Murillo Mendoza

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